:: SOBRE LA AUTORA DE ESTE BLOG ::
Barbarita Rubio nació en enero de 1968 en una ciudad situada un poco al norte y un poco al este de España, donde bastantes años después se celebrarían unos Juegos Olímpicos a los que asistió como espectador Jack Nicholson, entre otros.
Pasó su primera infancia en un hogar lleno de gente y de pájaros, pues se daba la circunstancia de que su tío abuelo por parte de madre era criador de canarios además de carpintero. A los tres años la matricularon en el colegio religioso que quedaba más cerca de su casa, le pusieron el uniforme azul marino de rigor y la dejaron al cuidado de la hermana Raquel, la cual le enseñó a escribir su nombre completo sentándola sobre su falda sin importarle que se le arrugara el hábito, y llevándole la mano con el lápiz para agilizar el proceso.
A los seis años de edad cambió de domicilio y de escuela y ya no tuvo que vestir más como las otras niñas ni escuchar el himno nacional antes de entrar en el aula, ni rezar en la capilla los sábados a la mañana. Por el contrario, crió gallinas y conejos en un corral instalado en el patio de su nuevo centro de estudios, lugar donde se impartía una educación experimental muy avanzada para la época. A los profesores no se les decía «Hermana», ni siquiera «Señorita», sino que se les tenía que llamar por el nombre de pila. Pero como Barbarita Rubio venía de ser educada por la férrea mano de la iglesia, se resistía a cambiar. En poco tiempo recibió amonestaciones del director —un señor de poblada barba para más señas— y tuvo que asumir que se la considerase una niña cursi, intentado, a partir de ese momento, enmendarse en beneficio de la propia supervivencia. También fue arrojada a la charca llena de ranas que adornaba el jardín del colegio por una compañerita muy vivaracha que sí respondía adecuadamente al método educativo. No obstante, Barbarita vivió este episodio sin rencor ninguno, porque ya desde el primer momento y durante los veinte años posteriores creyó que había sido ella sola, sin ayuda de nadie, la que se había precipitado al agua.
Al terminar su escolarización, que fue pronto porque a Barbarita la putearon mucho los niños debido a que era fea, tenía vergüenza de leer en alto y lloraba por la menor tontería, se ganó la vida desarrollando diversos oficios. Por orden cronológico: dependienta de librería/papelería, dependienta de lencería, ayudante de patronista, dependienta de boutique de barrio, repartidora de muestras de detergente, repartidora de propaganda en buzones, vendedora ambulante de cualquier cosa, violonchelista callejera, y repasadora/planchadora para una firma de moda muy exclusiva (según la dueña). Una de sus últimas ocupaciones fue la de administrativa en una discográfica independiente, propiedad de una formación musical española de reconocida fama mundial (excluyendo Oceanía), puesto al que llegó por ser exbajista y amiga de uno de uno de los capos de la banda, no porque tuviera la menor idea de cómo se desglosa el IVA en una factura. Actualmente se dedica a la práctica no remunerada del dolce fare niente y a rescatar de la indigencia a tantas muñecas Nancy como la suerte y la economía le permiten.
Literariamente hablando, el único trabajo destacable de Barbarita Rubio fue el que realizó a mediados de los ochenta como negra de su propio exmarido (por aquél tiempo todavía no «ex»). Trabajo merecedor del primer premio en un concurso de cartas de amor organizado por la más exitosa revista femenina de la época. Antes de eso había escrito postales a personas desconocidas por participar activamente en el «Juego Internacional de las Postales» que estuvo de moda cuando contaba once o doce años. Además de textos dirigidos a gente imaginaria que después destruyó con buen criterio, y montones de diarios y poemas de temática adolescente que por fortuna nadie leyó. Pese a todo, Barbarita recuerda con especial cariño una obra de teatro con sus tres actos completos protagonizada por un detective muy sagaz, que redactó en octavo de EGB y que la maestra calificó con un flamante nueve y medio, lo que en ningún momento impidió que suspendiera el curso tal como estaba previsto.
En enero de 2007 publica su primer libro, Antes muerta que sin silla, del cual la autora dice: «Este librito de memorias no sigue un orden cronológico, ni un orden de temas ni un orden de nada. Podría decirse que está escrito a la buena de Dios y, para ser del todo sincera, he de confesar que sí, que así es. El método con el que he conseguido reunir estas páginas ha sido muy simple: de Abril de 2004 a Octubre de 2006, me levantaba un día cualquiera con ganas de hablar de algo y lo escribía. Nada más. En esta colección de notas, aparte de contar pequeños episodios de mi propia vida, hablo también de la vida de otros. De la vida de mi pareja o de mis vecinos, por ejemplo, que son los que tengo más a mano. Pero además escribo sobre gente a la que he conocido de forma ocasional, que he visto por la calle o de la que he tenido noticia y me ha parecido interesante relatar su historia.»
En la actualidad, prácticamente todo lo que escribe puede encontrarse y leerse en este sitio web, sin ningún tipo de pudor por su parte ni medida restrictiva de las autoridades, pues tanto Barbarita como los integrantes de su círculo de amigos más cercanos están seguros de que jamás va a sufrir plagio.
