Sin remedioMarch 6, 2009 4:25 pm

Hace más de dos meses que se me estropeó la antena de la tele. Durante un par de semanas estuve pensando en llamar a un técnico para que me la arreglase. Más que nada porque solía hacer coincidir el horario de comidas con los noticiarios, y así, entre la ensalada y la sopa, me enteraba un poco de cómo iba el mundo.

Sin embargo, a los pocos días perder el contacto con la realidad (televisiva), comencé a notar cierta mejoría en mi estado de ánimo general. Menos mujeres muertas, menos guerras lejanas, menos niños defenestrados, menos asesinos en serie, menos jueces, menos alcaldes, menos chicas desaparecidas, menos madres llorando, menos enfermos incurables, menos parados, menos violadores, menos atracadores de joyerías… toda esa gente que ya no estaba obró en mí algo que hacía años no lograba experimentar: la sensación de no vivir bajo amenaza. La sensación de flotar en una especie de limbo donde todo lo que pasa es tan cotidiano, tan mío, tan simple, que de pronto una mañana me fui a peinar y me descubrí frente al espejo sonriendo por nada. Algo muy parecido a lo que me sucedía antes, cuando mi vida transcurría en orden y la gente al verme feliz sin un motivo concreto me preguntaba si estaba drogada o qué.

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Sin remedioDecember 13, 2008 12:13 am

Últimamente el sentido común lo he regalado. A este paso sé que en cuatro días me convertiré en una vieja gruñona (las canas, el dolor en las caderas y el entrecejo arrugado ya los tengo hace años), y no me importa. Me hace feliz ser una vieja, tanto que en cualquier momento me agarra un viento loco y comienzo a peinarme con moño.

Bueno, todo este preámbulo en realidad es para decir que sí, que en los últimos tiempos el sentido común lo he regalado pero que hoy, justamente hoy, aún me quedaba un poco y lo he invertido completo en intentar entenderme (pacíficamente) con un vendedor de ebay.

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Sin remedioNovember 18, 2008 1:46 pm

Últimamente pienso en esto: ¿cómo hace la gente para tener… pongamos 50 años, y estar contenta? ¿Cómo puede uno pasarse cinco décadas observando el mundo, la gente, la vida, y sentirse complacido? Es algo que hoy por hoy no me explico, y cada día me explico menos.

A veces me da por pensar que fingen. Me da por imaginar que una abuela simula felicidad para sus nietos porque los quiere. Que no puede actuar con naturalidad por conmiseración hacia ellos, por respeto a su inocencia, por salvaguardarlos de la realidad —del mecanismo interno de las cosas— unos años más.

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Sin remedioNovember 1, 2008 8:19 pm

La gente me cae mal. Yo sé que debería poner un remedio a ésto, pero no lo hago. ¿Por qué? Pues porque en cuanto trato de que alguien que me resulta antipático me caiga un poco mejor, me encuentro a mí misma recurriendo a los refranes, sonriendo sin ganas, contando anécdotas desestructuradas que no tienen la menor gracia, y me pongo de un humor tan pésimo que me dan ganas de sulfatarlos a todos.

Incomprensiblemente, desde que estoy en la casa nueva la gente me sigue cayendo igual de mal. Yo creía que residir en una población de 483 habitantes iba a hacer que viera a la poca humanidad que se me cruza en el camino con ojos más optimistas. Pero no, las personas me resultan igual de insoportables en una ciudad de 2 millones de seres que en esta especie de Bolsón Cerrado en el que vivo.

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Sin remedioOctober 23, 2008 11:02 pm

Si hay algo en este mundo que me pone frenética de veras, es que me enciendan la luz grande del cuarto cuando estoy dormida. Porque se le puede dar a la luz del pasillo y dejar entrar su resplandor por la puerta. O se puede encender la lámpara de la mesita de noche. O se puede abrir el cajón y buscar los calzoncillos a tientas, incluso. Pero no: cada día de Dios en mi casa, a las nueve de la mañana, se produce un estallido lumínico sobre mi cabeza.

—¡Por lo que más quieras, apaga eso! —grito— ¡O al menos avisa para que me tape la cara!

—Anda, cállate y duerme.

—¡No puedo! ¡Apaga esa luz acuchillante, asesino!

—No me grites.

—¡Y tú no emplees ese tono de mierda para dirigirte a mí mientras agonizo!

—Serás extraterrestre del diablo…

—¡No me digas extraterrestre, gordo infame!

—Cállate, loca.

—¡Loco tú!

—¡Loca, pestaña, hierro!

—¡Ayyyyyyyyyy, no me insultes! ¡Encima me insultas! ¡Encima de que me estas acribillando con los 100 watios, me insultas!

Y así. Hasta que por fin aparecen los calzoncillos o los calcetines o lo que sea. Y entonces Xavi abandona el cuarto como si nada y yo ya no puedo volver a dormirme.

Sin remedioJuly 17, 2008 1:09 pm

Recuerdo haber escrito sólo una vez por obligación, y ni siquiera fue en castellano. Tenía que redactar algo para sacarme el Graduado Escolar y decidí hablar sobre la sequía que azotaba Barcelona aquél mes de junio. Conociéndome, todavía no sé cómo fui capaz de ir tirando del hilo hasta llenar un folio con un tema que no me interesaba lo más mínimo.

Dije muchas cosas sobre la sequía. Supongo que como en la tele no hacían más que tratar el asunto y lo tenía bastante oído, me fingí locutora de un noticiario TV3 y empecé a largar como una condenada. Imagino, también, que ser consciente de que no sabía nada de geometría, de que no había logrado aprender cómo se resuelve una ecuación, y de que para situar montes y ríos tampoco me sobraba el talento, me llevó a concentrar todas mis dotes de charlatana en aquél texto bobo.

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Sin remedioJune 9, 2008 3:17 pm

Una noche duermes mal y cuando despiertas tu cuerpo opera al cincuenta por ciento del cincuenta por ciento de lo que sería el funcionamiento normal de una persona. Para más sorpresa, el lado derecho de ese cuerpo (que sigue siendo el tuyo, claro) se está moviendo sólo a una décima parte de ese porcentaje residual antes mencionado. Y de ese lado derecho que ya en su conjunto es de una inmovilidad que da risa o, dependiendo de la anterior profesión de uno, asco, el brazo en concreto está a menos de la mitad. Por lo tanto ahora mismo me hallo escribiendo esto con una sola mano, esa que ni aun en la cúspide de su esplendor cinético supo ser un poco hábil.

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Sin remedioMay 22, 2008 5:48 pm

No sé cuando se me pasaron las ganas de drogarme más. Imagino que fue en alguna de esas ocasiones en las que Xavi me ponía un cogollo entero dentro de una tortilla y me dejaba en coma. O quizá cuando la psicóloga del Juzgado de Familia dijo que mi hijo no veía nada positivo en mí y que había que respetar su deseo de no tratarme. Supongo que fue en alguna de esas tremebundas situaciones cuando quedé divorciada de las drogas para siempre.

El problema de perder la costumbre de drogarte es que llega un momento en el que ya no te acuerdas de lo bien que lo pasabas, de lo feliz que eras, de las pocas ganas de suicidarte que tenías. ¡Qué ligero era todo cuando venía mi amigo Tibu a casa, comíamos pizza con marihuana y mirábamos una peli de terror de serie B! Braindead en el aparato de VHS, y mi hijo, que entonces era un niño al que todavía no se le notaban los efectos de la reeducación insidiosa que venía soportando, disfrutaba de lo lindo con el descuartizamiento masivo de zombies. ¡Lo escuchaba reír y estremecerse de asco y susto al mismo tiempo, y lo amaba hasta el infinito!

No sé exactamente cuando fue que decidí que debía portarme bien para el resto de mis días porque a lo mejor así me sería devuelto aquello que me arrebataron. Pero ahora mismo, en este mismo instante, pienso que eso es una estupidez. Debería volver a tener ganas de bailar, y bailar como fuera capaz de hacerlo. Stevie Wonder, por ejemplo. Y vivir más. Ahora que ya no hay remedio para nada debería retomar mis viejas costumbres y dejarme de buenos comportamientos. Ahora que ya he conocido el mundo y la mentira, y veo tan claro que nada merece la pena, y que todos estamos tan y tan condenados al fracaso y a la realidad y al dolor y al despropósito éste de existir, debería volver a drogarme un poco, como antes. Sin culpa, muy tranquila. Y sentir las cosas, esas que son todo el tiempo las mismas y se repiten hasta la degeneración y el asesinato y el vómito y el aburrimiento, como si fueran otras. Hay consejos que, creo, es bueno poner en práctica cuanto antes.

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