HistoriasJuly 2, 2009 10:52 am

TRES ROSAS AMARILLAS

Un relato de Raymond Carver

Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Ale­xei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un self-made man cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en co­mún: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.

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HistoriasDecember 14, 2008 12:04 am

Me regalaron Kafka para principiantes, un librito así de pequeño con lo más adorable que puede haber en el mundo, y los dibujitos de Robert Crumb.

Me lo regaló el librero sin querer. Sin querer y sin saber que me lo estaba regalando porque se dispuso a cerrar la tienda mientras yo observaba a Kafka de niño leyendo horrorizado un panfleto, y me hizo salir cuando aún llevaba el librito en la mano. Quise pararme a dejarlo sobre el mostrador, pero él me fue empujando con su sonrisa amable y su estómago vacío y esos toques suaves de su mano sobre mi hombro. Vamos, vamos, decía, es la hora de comer. Y sin quererlo él y sin quererlo yo, el dueño de la librería me regaló a Kafka para gente que comienza, que es exactamente lo que yo hago todo el tiempo: comenzar.

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HistoriasNovember 28, 2008 10:12 pm

Nací parapléjica, o eso me dijeron mis padres. Desde siempre, desde que tengo uso de razón, me recuerdo desplazándome con ortesis y muletas, o bien en silla de ruedas. No conozco otra forma de moverme.

En la escuela no lo pasé mal. Hubo temporadas que asistí muy poco porque perdíamos a la tata de turno, que era la encargada de llevarme y de traerme, y entonces no tenía más remedio que quedarme en casa repasando lecciones o haciendo tareas. Mis padres pasaban la mayor parte del tiempo viajando, pues los dos eran científicos de renombre, por lo que casi se podría decir que la que me crió y educó fue mi tía Ursula, que era soltera y vivía con nosotros.

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HistoriasNovember 18, 2008 9:48 pm

En el colegio yo ya era así como soy ahora: abría la boca y perdía amistades.

Era una habilidad que tenía y que aún mantengo sin mucho esfuerzo. A veces lo hago a propósito y a veces no, pero por lo general acabo jugando sola en el patio.

No es algo que me importe mucho porque me gusta estar sola. Como no soporto la imbecilidad ni el borreguismo, en el fondo es un alivio caer mal allá adonde voy.

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HistoriasNovember 10, 2008 7:38 pm

¡Estoy súper contenta porque acabo de resultar noGanadora del V noConcurso Gráfico de Abotepronto.net, y es la primera vez que me sucede algo así!

Porque un concurso-concurso ya lo gané una vez, y una rifa también (a los cinco años, en la clase de párvulos, la hermana Raquel sorteó un álbum de cromos de animales salvajes y me tocó a mí. ¡Éramos tres los que optábamos al premio pero me tocó a mí, qué suertuda! El resto de la clase ya tenía cada uno su álbum porque los acababan de repartir niño por niño, pero se ve que los que hicieron la donación no contaron del todo bien, y cuando la sor se quiso dar cuenta, vio que para que le cuadraran los números le sobraban dos criaturas. Ella, por supuesto, no perdió la calma. Guardó en el cajón de su mesa el último álbum que todavía quedaba sin dueño y aprovechando que ya era la hora de salir, abrió la puerta para que los compañeritos abandonaran la clase. A nosotros tres, los que aún aguardábamos a que nos entregaran nuestro regalo, nos hizo quedarnos un momento más. La verdad es que nos sentimos importantes cuando la monja, tras vaciarse el aula, muy sonriente y con ojitos de secreto, abrió el cajón, sacó de nuevo el libro de cromos y anunció que iba a celebrarse un sorteo allí mismo, en ese preciso instante, sólo para nosotros. Los tres hicimos un ohhhhhh lleno de entusiasmo y la hermana, muy satisfecha, caminó hasta el encerado. En él escribió una cifra que nosotros no vimos porque la tapó rápidamente con la palma de su mano izquierda, y nos dijo que cada uno eligiéramos un número del uno al tres. Yo elegí el tres. Y el tres era el número ganador. ¡No me lo podía creer!)

Pues hoy me ha pasado algo similar a eso. He vuelto a alcanzar un nivel de suerte estratosférico en mi historia, algo que todo el mundo debería experimentar alguna vez: he noGanado un noConcurso. ¡F-a-n-t-á-s-t-i-c-o!

HistoriasOctober 15, 2008 6:37 pm

Desde hace aproximadamente tres años sigo la vida de una ciudadana española cuyo nombre de pila y primer apellido son iguales a los míos. Tengo acceso a su intimidad através de su (mi) cuenta de gmail. Es decir, tenemos la misma cuenta de correo electrónico: la suya, con nuestro nombre y apellido escrito todo junto; y la mía, con las dos mismas palabras pero separadas por un puntito de nada.

Esa cuenta la saqué en los albores de gmail y debía de faltarle algún hervido aún al invento porque el sistema —según cuenta él mismo cuando le pides explicaciones por el error— entiende que fulanitoperez@gmail.com y fulanito.perez@gmail.com es una sola cosa y por eso manda los correos indistintamente a las dos cuentas. Lo curioso del caso es que tanto a mi melliza de nombre como a mí se nos permitió registrarnos sin que nadie avisara a la segunda de que ese usuario ya estaba inventado.

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HistoriasJuly 17, 2008 10:38 pm

En uno de mis tantos trabajos como furgonetera para empresas de reparto conocí a Edgar. A Edgar le pasaba lo siguiente: era pelirrojo y estaba enamorado. Tenía veintidos años y quería irse a vivir a la montaña, a una isla o a un barco. También tenía la cara más bonita que había visto en mi vida y como me recordaba vagamente a la de un Cabbage Patch Kids, yo lo llamaba Cabish.

Cabish vivía con sus padres y una hermana dos años mayor que él en un tercer piso de la Travessera de Dalt. Cuando le preguntabas por qué se quería ir de su casa y por qué estaba trabajando en aquél asco de empresa siendo que su familia se dedicaba al negocio inmobiliario y estaban hartos de dinero, él ponía cara de cansancio infinito y no respondía nada.

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