GeneralFebruary 28, 2008 6:33 pm

«Para mí, Eliacim, se ha terminado lo de la vida en familia. Para tí, también. Se conoce que no estábamos destinados por la providencia a hacer vida en familia, a quedarnos en la sobremesa hablando y hablando del problema del petróleo, o jugando a las prendas, o tomando una copita de licor, o escribiendo a una tía lejana y circunspecta que va a estar de cumpleaños y toma muy a mal que no se le escriban unas líneas de felicitación.

Créeme, hijo mío, si te digo que no echo nada de menos la vida en familia. Sola no se está bien, es posible, pero haciendo vida en familia, tampoco. La vida en familia, Eliacim, disuelve las familias, es la droga que hace estúpidas a las familias.

Si temiese desmoralizarte, hijo mío, no hablaría contigo de este vidrioso tema de la vida en familia.»

Camilo José Cela - Mrs. Caldwell habla con su hijo

GeneralJanuary 25, 2008 2:01 pm

Pero a casi nadie le pasa nunca. Mi más sincero agradecimiento al figura que lo grabó y lo puso en youtube, a pesar del audio cavernícola.


GeneralJanuary 23, 2008 12:37 am

Pero a algunos nos pasa todos los días, y otros no saben ni que existe.


GeneralJanuary 21, 2008 1:35 am

Hay cosas del mundo del coleccionismo que me dan risa. Me dan risa y me dan alegría al mismo tiempo… y por eso muchas veces caigo mal.

A mí, aunque parezca extraño, me alegra que una muñeca Nancy que sale a subasta en 9,99 euros alcance a las 24 horas los 600. Me da alegría porque reparo en la economía del pujador que va en cabeza y así veo que no todo en la vida son miserias.

Me da alegría también porque pienso en el vendedor y me imagno la cara de felicidad que le estará proporcionando ese trozo de plástico con ojos que para él no significa nada y que de pronto se le convierte en un buen negocio. Y me alegra porque esto seguramente le animará a buscar más y mejor, y así saldrán más muñecas de las buhardillas.

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GeneralJanuary 5, 2008 2:25 pm

Hoy es mi cumple.

GeneralNovember 26, 2007 10:30 am

GeneralSeptember 23, 2007 11:49 am

En realidad escribir me parece un acto muy pedante. Hablar sin necesidad de que nadie te escuche. Hablar solo en mitad de la noche. Hablar sin sonido, con el mute accionado y no parar hasta que se te acabe el aliento o te trabes mal en un párrafo y entonces digas: a la mierda y te vayas a dormir. Hablar, hablar y hablar para nadie y para cualquiera. Porque se escribe con la esperanza de ser rescatado en algún momento o, dicho de otra forma, con la seguridad de que tus palabras van a servir de rescate a otros en un lugar o en un tiempo lejanos al instante de ser concebidas, y eso pone alas a tu monólogo y lo hace planear sobre tu cabeza y luego escapar de la habitación ventana afuera, y bajar a ras de los tejados hasta otras latitudes del barrio, atravesar la ciudad y llegar a la playa y después regresar y contarte cosas a ti mismo, que en el fondo es la única razón por la que emprendiste el viaje.

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