Me molestan mucho los idiotas. Esto es algo que, me imagino, le debe pasar a todo el mundo. Pero como la gente por regla general tiene familia y entre la familia suele haber siempre algún idiota al que le tienen cariño, disimulan. O aguantan.

Yo soy una privilegiada. Con el paso del tiempo fui perdiendo a toda mi parentela, que ya desde la línea de salida prometía ser bastante escasa, pues mi padre se volatilizó en cuanto yo empecé a ocupar espacio en la panza de mi madre, y con él todo el catálogo de tíos, abuelos y primos a los que se suele denominar «paternos».

[Leer más]