El día 26 de este mes se cumplen cinco años de la existencia de este blog. La verdad es que lo he pasado muy bien llenándolo de letras, y muestra de ello es que aún no me he aburrido de él. De todo lo que he contado en este tiempo lo más placentero para mí han sido las historias inventadas. No sé si eso es lo que más les gusta a mis lectores (me temo que no), pero sí es lo que más me gusta a mí.

Por tal motivo he pensado que sería bonito hacer una pequeña lista con los cinco cuentos que más placer me causó escribir. De hecho, todos los relatos fueron momentos felices que me procuré a mí misma, pero estos que voy a poner fueron buenos en especial y supongo que por ello han acabado convirtiéndose en mis favoritos.

Los enumero con enlace y todo por si hay algún lector nuevo que no los conoce y desea leerlos, y por si hay algún viejo lector lo suficientemente aburrido como para repetir la hazaña.

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1. La tía del sur
Este cuento lo escribí todo seguido durante horas. Incluso cuando hacía pausas para beber o comer continuaba metida en el cuento, primero porque soy lenta para salir de cualquier sitio y segundo porque pensaba que si me iba del lugar y de la época no iba a poder continuar. Es uno de los pocos que leí a alguien antes de publicarlo para ver si lo que contaba se entendía mínimamente fuera de mi cabeza.

2. Como loco
El narrador de esta historia es el único personaje que aparece por partida doble en mis relatos. En éste es un adulto que baja al metro y ve músicos en el andén. En el otro, que fue escrito posteriormente, todavía es un niño y se llama Sergio Márquez.

3. El hombre que toca el triángulo (Un cuentito de Año Nuevo)
Este cuento es súper especial para mí porque lo escribí a pedido de un lector. Recuerdo que enseguida supe el nombre que le iba a poner al protagonista y narrador de la historia en honor a un personaje de Marco Denevi. Me encantó inventar a un hombre que, a su vez, se inventaba una vida de la forma más improvisada y loca, y me encantó hacer que existiera un alma cándida que deseara creérselo todo. Este es uno de los cuentos que más he disfrutado escribiendo. Casi tanto como La tía del sur.

4. Y sin embargo no hay un Axl Rose
Esta historia nació de una forma extrañísima y cuando la leo no sé muy bien qué clase de camino me llevó hasta Joaquín E. Sánchez y cómo logré que escribiera esa dichosa carta. Si ahora tuviera alguna intención de armar frases con la palabra «talego» por el medio, estoy segura de que no lo conseguiría.

5. Menos tinta en tu espalda
Quise escribir una historia de amor y me salió así. Naif, con juguetes, sin apenas muebles. Suele pasar que el amor no correspondido es el más terco.

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Y bueno, eso es todo. Espero continuar por aquí al menos cinco años más, y estaré encantada de que alguien quiera seguir viniendo.