Dice Vila-Matas en la página 75 de su Dietario voluble:
«Es peligrosísimo regalar a tus amigos el libro que acabas de publicar. Les escribes dedicatorias afectuosas y crees que se apiadarán de ti o te admirarán. Pero muchos no piensan para nada leerlo, aunque algunos simularán haberlo hecho, te citarán de memoria frases de la página 127 del libro. Y, sin embargo, en alguna parte ―eso es lo más impresionante de este oficio― un desconocido nos leerá con increíble atención y esperará años antes de dirigirse a nosotros.»
Vila-Matas dice en esa última frase algo fantástico. Lo leo y siento un reconocimiento sincero, sereno y total hacia el admirador de perfil bajo. Hacia gente como yo que jamás vamos a hacer nada, absolutamente nada, por crear interacción con nuestros ídolos. Gente que no necesitamos conocer a nuestros músicos ni a nuestros escritores favoritos. Gente que tenemos en nuestras casas sus obras, las estudiamos, las disfrutamos y no pretendemos nada más. No queremos tomar café con ellos, ni tener una charla distendida después de una firma, ni encontrárnoslos por casualidad en la sala de espera del dentista. No queremos nada porque no nos parece relevante poder contar anécdotas de ellos, ni tenemos la necesidad de explicar en reuniones de amigos que somos amigos de ninguna celebridad (porque no lo somos ni lo seremos ni se nos pasa por la cabeza que un día pueda ocurrir algo así… a no ser que nos lleve a ello el destino, cosa que a veces sucede).
Nos gustan nuestros ídolos porque nos gustan sus obras y de ellos queremos precisamente eso: que toquen, que escriban, que nos mejoren la vida con sus talentos. Eso es lo que nos hace realmente felices, y la cercanía física o social con ellos no tiene ningún valor para nosotros. Para los admiradores de perfil bajo lo importante no está en conocer las intimidades de nuestros maestros y poder hablar con otros del músico o del escritor y dar la sensación de que en algún punto difícil de concretar formamos parte de su ámbito, sino en conocer su trabajo con solidez y disfrutar de sus canciones o de sus personajes de la manera más amplia que podamos. Aprender y ser capaces de opinar sobre ello con exactitud, compartirlo con terceros, hacer proselitismo de lo que nos enamora.
Nunca he entendido al fan que necesita revelarse a su ídolo. Menos entiendo al que pretende ser su amigo forzando una serie de maniobras que a lo único que le conducen es a la ilusión de que lo es… y un poquito también, por qué no decirlo, al ridículo. Pero está claro que hay gente a la que le cuesta ver que la mayor forma de admiración es la que se cultiva en silencio, sin prisa, con total discreción y en respetuosa distancia.

Sí, es mejor así que… decepcionarse…
Un abrazo de admiradora ;-)
Comment by suigeneris — February 6, 2009 @ 11:58 pm
Bueno, la decepción es una cosa que les ocurre más bien a los admiradores ruidosos, que siempre esperan algo más de sus ídolos. De hecho por eso intentan el acercamiento, porque ponen el ojo en un punto que está más allá del disfrute de la obra, que es a lo que puede acceder cualquiera. Quizá desean irrumpir tres minutos en sus vidas y que ALGO suceda, lo que sea, pero que sea bueno y exclusivo, y luego lo puedan contar.
Beso grande ;-)
Comment by Barbarita — February 7, 2009 @ 12:38 am
No podría estar mas de acuerdo. Disfruto de la admiración silente, casi secreta, como si fuera una confidencia entre ese autor y yo. O mejor dicho entre sus palabras, sus personajes, sus pasajes que me sacan una sonrisa de tan bellos, y yo. Con la misma fuerza que admiro en la distancia, me produce rechazo la exuberancia de los fans y su desesperacion por colgarse un poquito de la fama ajena sin llevarse nada más. No se preguntan siquiera si no sera molestia para esa persona que dicen admirar que se les cuelguen por la calle a toda hora, por una foto o una firmita detras del boleto del colectivo.
Comment by IML — February 7, 2009 @ 10:27 am
:)
Comment by Bernardo — February 7, 2009 @ 2:23 pm
IML: no se preguntan si no es molestia que le pidan un autógrafo porque se imaginan que no es molestia. Y lo más probable es que tengan razón y que el ídolo esté encantado de ponerles la firma y de recibir el halago. Bien por todos ellos, pero yo debo ser de la rama arisca porque esa es una actividad (la de solicitar autógrafos) que desde los 17 años no ha vuelto a entrar en mis planes.
Y bueno, me alegra saber que no soy la única con esta actitud :)
Comment by Barbarita — February 7, 2009 @ 4:28 pm
Siempre admire a Purita Campos (bien lo sabes), y solo el destino quiso que nos conocieramos del modo que lo hicimos. Vale que fui al Salon del Comic para verla, para hablar con ella por motivos del foro de Esther, pero nunca crei que se iba a convertir en mi amiga y que ibamos a llamarnos por telefono casi cada semana y volver a vernos tantas, tantas veces. Y estoy muy contenta de que sucediera, porque detras de cada idolo, a veces, hay una persona sensata. Y con los pies en el suelo.
Comment by Candela — February 7, 2009 @ 6:17 pm
Claro, esa es la manera, Cande: las cosas, si han de pasar, pasan sin más. Pero esto no lo saben los pesados porque a ellos, por pesados, nunca les ha ocurrido.
Comment by Barbarita — February 7, 2009 @ 7:21 pm
… pero yo a Forges lo tenía que conocer.
Comment by Bernardo — February 8, 2009 @ 4:04 pm
:) :)
Comment by Barbarita — February 8, 2009 @ 7:59 pm
Yo tengo un serio problema. En realidad no tengo ídolos. A ver, admiro mucho a Umberto Eco, por ejemplo, y me encantaría preguntarle un montón de cosas sobre sus libros si tuviese la oportunidad. Pedí 2 autógrafos en mi vida (bah, Bernardo, Hernán y vos me autografiaron los de ustedes, pero eran mis amigos antes de escribirlos): uno a Alejandro Dolina y otro a Fontanarrosa y el día que me cruce con Pierce Brosnan me le tiro encima y lo besuqueo todo porque es un bombón y estoy enamorada de él desde Remington Steel. ¿En mi caso calificaría como admiradora de perfil alto?
Comment by Ginger — February 9, 2009 @ 12:56 am
Particularmente, hay gente que me gustaría conocer porque creo que me daría placer poder charlar. Te doy un ejemplo, admiro mucho a Serrat y obviamente me da placer su música, sin embargo creo que también sería placentero escuchar sus ideas del mundo. Y aceptaría hacer esto en secreto y sin contarselo a nadie jamás.
Comment by javier — February 9, 2009 @ 2:05 am
Ginger, si piensas en tirarte encima de Pierce Brosnan, calificas directamente como groupie.
Javier: claro, una de las cosas por las que somos admiradores de alguien es porque suponemos que está lleno de ideas interesantes, y nos encantaría poder entablar conversación y escucharlas. Pero la verdad es que nada nos asegura que a esa persona le vayan a interesar las nuestras.
Comment by Barbarita — February 9, 2009 @ 12:04 pm
¡Y también me tiraría encima de Sean Connery!, pero tengo miedo de quebrarle la cadera porque está un poco mayor, pobre.
Comment by Ginger — February 9, 2009 @ 12:26 pm
No sé si ha salido mi comentario porque me ha aparecido un mensaje de error; en cualquier caso no estoy para repetirlo… perdona, mi cabeza me estalla; nos vemos en mi próxima entrada, admirada chica murciélago; ¿vale?.
Comment by Fauve, la petite sauvage — February 9, 2009 @ 10:53 pm
Barbarita, creo que ante el talento ajeno a los mediocres sólo nos queda escuchar, y con eso estaría muy conforme. Tal vez pueda aprender algo, o lo que es peor, tal vez pueda plagiar pensamientos.
Comment by javier — February 10, 2009 @ 12:23 am
La verdad es que a mi esto de hacer el ridículo y molestar a alguien es lo que más me impide tirarme encima de nadie… lo de romperle la cadera ya sería operable.
Mi hermano es uno de esos que tienen admiradores por cosas laborales, y fíjate que hay los que se acercan y dicen, me encantó tal cosa, y él sonríe y dice gracias y están los que me decían: pero tú eres la hermana de tal y NUNCA dijiste nada!!!!! esos son los que no dejan bailar con el hermano de una que no ha visto en 5 años en paz y los mataría… por eso yo muero piola.
En todo caso, siempre pienso que me pierdo de un montón de cosas por no “hacerme amiga”.
En el fondo yo no soy admiradora silenciosa, yo soy groupie como la Gin pero con vergüenza.
Creo que admiro a la Gin.
ps claro que tu texto tiene razón. Que pena.
Comment by pal — February 10, 2009 @ 10:54 am
Fauve: no, no ha llegado ningún comentario… :(
Javier: tienes razón, pero creí que habías dicho “charlar”. Y charlar para mí son dos personas hablando alternativamente.
Pal: claro, ahí está el punto exacto. Te acercas al ídolo y le expresas tu admiración con una frase más o menos corta, y quedas como una persona.
Y no, no estoy de acuerdo en que te pierdas nada por no “hacerte amiga”, la amistad es una cosa que ha de surgir espontánea. Un fan pesado que visita al ídolo en su casa, le manda regalos por su cumpleaños, cada vez que éste va a su ciudad se presenta en cualquier sitio a donde vaya y bla, bla, bla, puede llegar en el mejor de los casos a ser alguien que “está ahí”. Alguien que por ser buena persona, amable y demás, el ídolo no tiene motivos para mandarlo a paseo, pero amigo suyo no es, aunque él lo crea. Como máximo se convertirá en una especie de presidente de club de fans, es decir, alguien a quien por deferencia a sus años de persecución sonriente, se le invita a los conciertos cuando la gira pasa por su pueblo, o a las presentaciones del nuevo disco en la capital. Pero al ídolo, si tu le preguntas sobre cualquier cosa de esa persona, no sabe nada porque no le interesa. Ni en qué trabaja, ni cuantos hijos tiene, nada. Y sin embargo el tipo se cree amigo y así lo cuenta. Y yo me pregunto, ¿tiene sentido empeñarse en “ser amigo” de alguien cuyo interés en ti y tus cosas es cero? Para mí no, para mí es la idiotez máxima. Pero parece que a la gente eso le da igual, con tal de poder abrir la boca y soltar que son amigos de tal o de cual. Y sé que también hay gente -mucha gente, de hecho- como propone Javier, que lo importante para ellos es la oportunidad de intercambiar una charla con el ídolo, disfrutar de eso, y contarlo o no es lo de menos. Pero esa clase de gente nunca se van a considerar “amigos”. Están más del lado de los reservados aunque sean capaces de pedir autógrafos o de presentarse un día delante de la persona admirada y contarles quienes son.
Uff, perdón, he hablado mucho. Pero es que este tema llevo años estudiándolo ;-)
Comment by Barbarita — February 10, 2009 @ 2:07 pm
Gente, vayan a leer esto al blog de Candela, que es muy gracioso y en consonancia total con el tema que nos ocupa:
http://candela123.blogspot.com/2009/02/candela-y-el-comediante.html
Qué genia, por dios!!!
Comment by Barbarita — February 10, 2009 @ 5:36 pm
No, si tienes más razón que razón.
Nonono, no se me ocurre pensar que la amistad ni con mi vecina - anónima total- sea una cosa que se consigue facilmente.
No. Yo lo del tema de la amistad y los afectos creo tomármelo con el realismo fatalista que caracteriza a mi gente y que aprendí desde chiquita. La amistad es una manera de amor, y como tal necesita tiempo, voluntad y paciencia.
Pero lo de Javier seduce… es una capacidad, eso de provocar una conversación sincera con alguien, ídolo o no… debe ser eso lo que me gustaría poder.
Por suerte mi ídolo, Gin, es fácil de meter en conversaciones sinceras.
Y como ella no me admira, mi cadera no corre riesgo. Jejejeje
Me voy a lo de Candela.
Comment by pal — February 12, 2009 @ 8:10 am
Tienes dos cositas para ti en mi blog
Comment by Fauve, la petite sauvage — February 23, 2009 @ 2:38 am
Barbarita, puedo decir que soy admiradora tuya de “perfil bajo”??? Bueno, tampoco mido más de 1,60, jajajaj, yo tb te he dejado un premio, pero sin compromiso…. Bs
Comment by Coilet — March 5, 2009 @ 6:17 pm