Últimamente el sentido común lo he regalado. A este paso sé que en cuatro días me convertiré en una vieja gruñona (las canas, el dolor en las caderas y el entrecejo arrugado ya los tengo hace años), y no me importa. Me hace feliz ser una vieja, tanto que en cualquier momento me agarra un viento loco y comienzo a peinarme con moño.

Bueno, todo este preámbulo en realidad es para decir que sí, que en los últimos tiempos el sentido común lo he regalado pero que hoy, justamente hoy, aún me quedaba un poco y lo he invertido completo en intentar entenderme (pacíficamente) con un vendedor de ebay.

Para empezar, deben saber que yo no soy guerrera en estas cosas. Es decir, me llegan muñecas en el estado más lamentable del mundo y todavía estoy por poner una valoración negativa a nadie o por armar un cristo en un foro hablando mal de ningún vendedor. Pero no por nada, no porque me las dé de muy buena o piense que he de aguantar cualquier cosa que me toque, no. Lo hago porque a mí misma no me compensa llevarme un berrinche por culpa de un pasatiempo. Asumo que las cosas son como son: que las muñecas son viejas, que los que las venden las encuentran tiradas en cualquier parte y que siempre, pero siempre, van a llegar en bastante peor estado de lo que el anunciante da a entender.

La cuestión es que hoy he recibido una Nancy que yo sabía que estaba mal ya de entrada. Y por descontado, al desempaquetarla no he hecho más que verificar que la pobre venía con mucha menos vida de lo que contaban. Todos los desperfectos que el vendedor había enumerado la muñeca los mostraba multiplicados por tres, y aún más cosas que el tipo no decía. Bueno, me lo he tomado con calma porque cachos peores he sacado de un paquete, y armada con toda la filosofía zen que he ido acumulando con la experiencia de coleccionar cosas caras y rotas, me he puesto a valorar al tipo y le he dado un voto verde, redondo y positivo. No con grandes expresiones de alegría porque evidentemente la muñeca dejaba mucho que desear, pero le he escrito un comentario cortés, mi agradecimiento por la parte buena de la transacción (rapidez en el envío, embalaje más que correcto y comunicación perfecta) y a la hora de hacer la evaluación particular sobre la descripción del anuncio, la puntuación se la he dado baja: dos sobre cinco.

Pues bien, al cabo de unos minutos, sin exagerar, MINUTOS, me llega un email del tipo:
«Imagino que no te ha gustado la muñeca porque la valoración que me has dado no ha sido nada favorable».

Caramba, qué cosa. No entendía qué no era lo favorable si en mi nota precisamente ponía de manifiesto todas sus virtudes como vendedor y omitía la parte indeseable de la transacción porque no tenía ganas de discutir, ni me parecía necesario hacerlo. Le escribo y con mis mejores palabras le explico lo sucedido, le digo que mi valoración a la descripción del anuncio ha sido baja porque no era correcta ni suficiente. Le cuento con suma delicadeza y extrema amabilidad los problemas graves que traía la muñeca y que a él se le habían escapado, incluso le digo que entiendo que a veces a los vendedores se les puedan pasar ciertos detalles, pero que mi voto y mi comentario ―lo que se va a ver en el perfil, en definitiva― ha sido positivo cuando podía haber sido de otra manera. Lo que también le digo es que lo que no voy a hacer es mentir en el cuestionario, pues no tengo por qué. Y acabo intentando apaciguar sus ánimos de vendedor ofendido asegurándole que para mí el negocio ha sido satisfactorio a pesar de todo, puesto que la muñeca me gusta, me ha llegado rápido y sin problemas, y que por mi parte si coincidimos en futuras transacciones, está todo bien.

Horror. Al cabo de un rato, su respuesta:
«Lo que has hecho es perjudicarme. Has ido con muy mala intención y no pienso volver a venderte nada. ¿Te queda claro? Nada.» Aparte de esta frase que lo resume todo, el tipo en su email se explayaba con muchas otras de parecido tenor. La verdad es que me he quedado de piedra. Cuando alguna vez he tenido un problema grande en una compra de éstas, mi primera reacción, antes de pensar en votar negativo, ha sido ponerme en contacto con el vendedor y tratar de arreglar el asunto. Sólo me ha ocurrido dos veces que la cosa fuera tan grave como para eso, y tras hablar, nunca he tenido que poner un voto negativo a nadie. Pero es que con este tipo de hoy no me parecía ni que mereciese la pena entrar a debatir: la muñeca, pobrecita, yo ya sabía que iba a llegar hecha una zombi, por lo tanto no me cabían quejas ni reclamaciones que para lo único que pueden servir al final es para que te ofrezcan devolver el artículo, y no era el caso. Sin embargo, yo creo que una cosa no quita la otra. Si el tipo se pasa no señalando fallos importantes, hay que hacerlo constar en acta, que para eso existen unos apartados específicos en el momento de votar.

En fin, la cosa es que volví a escribirle diciéndole que bueno, que no se enfadara tanto, que si continuaba llevándose esos disgustos, cuando un día alguien le encasquetara un NEGATIVO de verdad capaz que le agarraba una peritonitis o se desintegraba por combustión espontánea. Y que si no me quería vender más, pues bueno, que no me vendiera. Que en realidad lo que sobra en ebay son comerciantes con muñecas sucias y hechas jirones, y lo que falta es gente con presupuesto para pagar los precios que alcanzan.

Pero no sé, al final todo esto me hace pensar que al próximo bendito que me mande una Nancy con un sólo desperfecto más de los que indica en el anuncio, le planto directamente una amapola en el perfil y me ahorro tantas explicaciones.