Cuantas veces pensé, recordé y hablé de éste libro, no lo sé. Cientos, miles quizá. Mi libro favorito, mi libro de lectura de ¿segundo, tercer curso? No podría precisarlo, pasé esos dos años en la misma clase y se me hace imposible distinguir uno de otro.

Si me hubiesen preguntado alguna vez qué dos cosas querría recuperar de mi infancia por encima de cualquier otras, habría dicho mi muñeca Nancy y un libro titulado Bajo el sol entero, el más maravilloso libro que jamás vi.

Lo recordaba y lo recuerdo muy bien. El dibujo de la tapa, la forma, las dimensiones, las ilustraciones interiores, el contenido. Poemas. Cuentos. Antonio Machado. Eolo, el dios de los vientos. Canciones populares. Arroyo claro, fuente serena, quien te lava el pañuelo saber quisiera…

El título, la editorial.

Pero un día, de pronto, una vez terminado el curso, ya no estuvo más y nunca volví a saber de él. ¿Adónde fue a parar el dichoso libro? ¿Cómo se me pudo perder algo así? «Mi libro favorito de pequeña era uno del colegio. Se llamaba Bajo el sol entero y era cuadrado, con muchos colores, precioso, ¿nadie lo tuvo?» solía preguntar yo.

Y no, al parecer nadie lo tuvo, y además ¿a quién le importaba un libro del colegio de hacía mil años? A nadie.

Pero a mí me importaba, y me importa. Y desde que descubrí que gracias a internet y a la perseverancia se pueden recuperar las cosas más difíciles que a uno se le pasen por la cabeza, no dejé de buscarlo.

Hace unos días di con él y casi me da un ataque. No podía creer que lo hubiera guardado en mi mente de forma tan y tan fidedigna a como lo mostraba la foto del vendedor (la que he puesto arriba). Así que lo compré hecha un manojo de nervios por la emoción y la impaciencia, y hace un momento acaba de llegarme. Está aún dentro del sobre, no me atrevo a abrirlo porque sé que en cuanto lo haga la memoria se va a desprender de toda esa zona de maravilla. Se liberará de cada ilustración, de cada verso, de cada párrafo que durante años he mantenido ahí dentro, oculto y cuidado como un tesoro.

He recuperado muchos libros de mi infancia en estos últimos meses. Libros que son recopilaciones de cuentos, sobre todo. De casi ninguno recordaba el título pero sí el nombre del ilustrador o ilustradora y en cuanto hacía una búsqueda y aparecía uno, por el dibujo de la tapa sabía si lo había tenido o no. De modo que por lo general no ha sido una tarea dificil.

Pero con éste era distinto. Siendo un libro de texto me parecía más complicado que a alguien se le ocurriera ofrecerlo, no tenía demasiada fe en dar con él, esa es la verdad. Y sin embargo, terminó por aparecer. Así que ésto es lo que se suele llamar un sueño cumplido.

Ahora, en cuanto acabe de escribir estas líneas, abriré el sobre y sacaré mi tesoro. Espero que durante todos estos años en que ha estado aguardando a ser disfrutado de nuevo haya sido bien tratado, y que el nombre de la niña o niño al que perteneció en su momento esté escrito con buena letra en la primera página, como solía hacer yo.