Días atrás nos encontramos con que había que hacer una gestión urgente en el banco para evitar que nos cobraran unos recibos. Se lo comento a Xavi y me dice:

—Pues yo no voy a poder ir mañana. Podrías bajar tú y en un momento lo solucionas.

Y yo le digo, tan convencida:

—De acuerdo.

Aún tardamos varios segundos en darnos cuenta de lo absurdo de nuestra conversación, que para colmo iba completamente en serio por ambas partes. Luego nos reímos bastante de nuestra propia demencia.