En el foro de coleccionistas de muñecas en el que participo algunos consideran que mis fotos son de las mejores que se le han hecho a Nancy. Esto me halaga y me siento orgullosa de ello.
Sobre todo porque esa gente no sabe (ni nadie lo sabe, porque nadie está cuando trabajo) el esfuerzo que representa para mí coger una muñeca, vestirla, peinarla, colgar los fondos, montar el trípode, hacerla posar, disparar doce o trece fotos con sus consiguientes cambios de ángulo y posturas, y mantenerme de pie todo el tiempo que requiere esa tarea.
El trabajo, por supuesto, lo reparto en varios días. Y mientras hago las fotos, una sesión que no puede ir más allá de hora y media, pues ese es el tiempo que dura la visita del rayo de sol que me sirve de foco, descanso como seis o siete veces.
Paciencia.
Esas personas no lo saben y yo lo prefiero así, porque me gusta tener claro que los elogios vienen por el resultado final de las imágenes y no por la dificultad en realizarlas (los humanos, como es sabido, manifestamos una alegre inclinación hacia la condescendencia. Somos malos).
Me gusta fotografiar muñecas. Moverlas hasta conseguir que digan lo que quiero contar de ellas, encontrarles su mejor expresión, que la gente que las mira caiga enamorada y deseen tenerlas en sus casas, en sus vitrinas. Trabajo con vocación de catálogo.
Me gusta fotografiar muñecas y sospecho que no sólo las mías. Creo que me encantaría poder retratar también a las de otras personas, muñecas que hayan sido arregladas, vestidas y peinadas de una manera distinta a como lo haría yo. Estoy convencida de que eso me llenaría de placer y no sé si algún día llegaré a hacerlo.
Estoy condenada a cambiar de actividad tan frecuentemente, a probar cosas tan dispares, todas tan lentas en su preparación, en su consecución, todas con un plazo tan efímero para su desarrollo, que nunca sé qué voy a tener que aprender mañana en sustitución de lo que he dejado de hacer hoy.

los humanos, como es sabido, manifestamos una alegre inclinación hacia la condescendencia. Somos malos
Sí. Es así.
Comment by Bernardo — March 4, 2008 @ 3:16 pm
A mi me gusta fotografiar a mi gato, que como está durmiendo todo el día, es tan manejable como una muñeca.
Comment by Ginger — March 4, 2008 @ 8:05 pm
“los humanos, como es sabido, manifestamos una alegre inclinación hacia la condescendencia. Somos malos.”
No,yo no lo creo así, no somos malos con esto de manera automática, no siempre al menos, sino simplemente desagradables e incluso dañinos.
Mi padre vivió su enfermedad como tú dices, en el proceso de ir siempre cambiando de la actividad que ya no podía hacer a la que iba quedando(?) llegando(?)… no sé como llamarlo. Y perdona que te lo diga, pero él y la gente como él (o sea tú) son un ejemplo para cualquiera que pretende estar vivo.
Comment by pal — March 5, 2008 @ 9:45 am
Pal, quizá tu padre fuera ejemplar, yo soy alguien que lo único que intenta es no estar cabreada permanentemente. Por lo demás, soy la misma persona que fui hasta los 29 años en que aún parecía sana, y entonces no sólo no era considerada un ejemplo para nadie sino que más bien se me veía, en general, como una mierda pinchada en un palo. Pero te juro que era igual que soy ahora, me gustaban las mismas cosas, me reía de los mismos chistes y lo único que no hacía era leer a Vila-Matas porque no tenía idea de que existiera. Entonces mi pregunta es, ¿cual es el mérito de estar jodido? ¿Qué ve la gente en eso? Puedo imaginarlo, porque yo antes estaba del otro lado y me quedaba pasmada también cuando veía a uno que estaba hecho papilla sobreponerse a su desgracia con una enorme sonrisa en la cara, pero luego aprendí que… ¡eso no tiene mérito, es lo que le sale de manera natural al ser humano que no quiere sufrir ni hacer sufrir! Nadie en su sano juicio desea morirse, la gente estamos programados para sobrevivir y la única forma de sobrevivir es acomodarse a lo que venga y eso CUALQUIERA PUEDE HACERLO, ni siquiera se necesita estudiar. Es como tener hambre, igual. Mira, mi primer pensamiento cuando me levanto por las mañanas es: Dios, ¿por qué no puedo estar en la cama más rato, si aún tengo sueño? (aclaración: no puedo estar porque me duele la espalda un horror y cambiando de postura mejora, con lo cual me sale más a cuenta levantarme), acto seguido, para no deprimirme, pienso: bueno, tampoco hay para tanto, un poco de sueño, qué más da, como empieces a quejarte ahora por esta tontería, vas a querer morirte cuando ni siquiera puedas cambiarte de postura tú sola. Ese es el mecanismo. De repente sientes que tienes una suerte brutal de poder levantarte de la cama si te duele la espalda, ¿no es lindo? Pero esos pensamientos son una estrategia que surge sola, a pesar de uno mismo, porque yo, si lo analizo aun poniendo sólo el 10% de mi inteligencia en ello, me doy cuenta de que lo que le pasa a mi cuerpo, más todo lo que se deriva de eso, es una injusticia y una porquería. Y el grito de auxilio vendría a ser: ¡por favor que alguien me saque el alien de adentro! ;-)
En fin. Gracias por escuchar, Pali :)
Comment by Barbarita — March 5, 2008 @ 12:03 pm
Ah, y sobre la condescendencia, Pal. Yo creo en lo que digo, porque soy la más condescendiente del mundo. Un día estaba en el concierto de un cantante y guitarrista español yonqui. El tipo, tocando un tema, se hizo el solo fuera de tono de principio a fin y ni se enteró (algo espantoso). Si esta persona no hubiera tenido un sinfín de problemas yo habría dicho que hizo el ridículo, pero como los tenía y el tipo además es buena gente, dije: pobrecillo, qué putada, qué mala suerte, tampoco ha estado tan mal. O sea que a condescendiente me llevo premio… pero no me gusta que me hagan lo mismo a mí (porque no está bien!!) :) :)
Comment by Barbarita — March 5, 2008 @ 1:25 pm
En algunos casos es como tu dices Barbie y ante la propia desgracia emerge el mecanismo que te hace sonreir, pero en otros casos ese mecanismo no funciona o, en todo caso, funciona al revés: apenas nos enteramos que la desgracia no es ajena -sino propia- y decidimos entregarnos a ella sin la menor resistencia y de paso, podemos ser capaces de hacerle la vida miserable a los que nos rodean. La condescendencia en esos casos, creo yo, funciona también de manera automática, lástima que no en todos. Coincido con Pal, lo admirable no está en la desgracia de cada uno; sino en la actitud con que ésta se asuma. Besote
Comment by Adriana — March 5, 2008 @ 6:51 pm
Hola Adriana, qué alegría verte!!!!!!!!!!!!!!!!
Quizá tengas razón y no para todo el mundo sea “fácil” o natural tener alta la guardia ante las adversidades, pero mi experiencia es que casi toda la gente que he conocido con tremendas enfermedades eran capaces de ir adaptándose a las nuevas y peores situaciones, qué horror y qué bien al mismo tiempo, ¿no? Por eso, como veo que a mí también me ocurre así sin tener que proponérmelo mucho (aunque también tengo días que quisiera asesinar a alguien) he llegado a la conclusión que le expliqué antes a Pal. Pero sí, puede ser que no a todo el mundo le suceda. ¿Y qué se puede hacer en ese caso? ¿Cómo le dices a alguien que hoy toca el saxofón y mañana ya no, que hay que tomárselo como el que oye llover? Supongo que estará en su derecho de amargarse la vida -la que le queda-, aunque si no se la amarga a sí mismo solamente, si se la amarga a los demás también, peor lo va a pasar. Pero en fin, son tan poco dirigibles las reacciones, los sentimientos…
Comment by Barbarita — March 5, 2008 @ 7:31 pm