Impacientes, desesperados, valientes
Hay cosas del mundo del coleccionismo que me dan risa. Me dan risa y me dan alegría al mismo tiempo… y por eso muchas veces caigo mal.
A mí, aunque parezca extraño, me alegra que una muñeca Nancy que sale a subasta en 9,99 euros alcance a las 24 horas los 600. Me da alegría porque reparo en la economía del pujador que va en cabeza y así veo que no todo en la vida son miserias.
Me da alegría también porque pienso en el vendedor y me imagno la cara de felicidad que le estará proporcionando ese trozo de plástico con ojos que para él no significa nada y que de pronto se le convierte en un buen negocio. Y me alegra porque esto seguramente le animará a buscar más y mejor, y así saldrán más muñecas de las buhardillas.
Y me da risa todo ese sector de coleccionistas, señoras rancias, que se tiran de los pelos y dicen «¡Dios mío de mi vida, adónde vamos a llegar!» o «¡Esto es de locos!» o «¡Voy a tener que pedir una segunda hipoteca sobre mi casa para poder seguir coleccionando!». Y me da risa porque no estamos hablando de garbanzos ni de ningún artículo de primera necesidad, y justamente las personas que gritan de esa manera desaforada son las que tienen en las estaterías de sus casas 100 ó 200 muñecas, mínimo. Las mismas personas que cuando se desprenden de uno de esos ejemplares lo hacen por cinco, diez o veinte veces el precio que pagaron en su día, y si no es así es porque experimentaron con la muñequita, la desgraciaron y quieren perderla de vista lo más rápido posible endosándosela a la primera incauta con el corazón hecho trizas por conseguir una.
Me hace gracia que estas dictadoras del vinilo no se den cuenta de que hay gente para la que 600 euros no son nada y la muñeca de su infancia, en un momento dado, lo signifique todo. Me hace gracia que no sean capaces de imaginar que hay mundos ajenos. Que no se les ocurra que una presentadora de televisión caprichosa, una actriz famosa deprimida, o una cajera de supermercado desahuciada por leucemia pueden querer recuperar a su muñeca por encima de cualquier otra consideración, incluída la económica.
A mí también se me quedaba la cara a cuadros al principio, cuando veía que si quería volver a tener conmigo una Nancy igual a aquella con la que jugué en 1975 tenía que pagar un rescate que no mantenía una relación lógica con el valor real de lo que anhelaba. Pero claro, ese estado de estupefacción me duró poco. No hay que ser muy listo para entender que cuando compras una muñeca que tanta gente quiere no estás pagando la muñeca en lo que el sentido común dice que vale, estás pagando por recuperar tus recuerdos, tus sensaciones, tus huellas… que son exactas a las de otras miles de personas que hablaron y peinaron y durmieron a la misma muñeca que tú; estás pagando por hacer tangible una parte de tu infancia, la alegría que sentías, la despreocupación, la inocencia. Y cada persona le adjudica a eso el valor que su economía y sus prioridades le marcan.
Es evidente que cuando alguien está dispuesto a desembolsar una suma grande por algo que si se lo trabajara un poco podría conseguir por una cuarta parte, es —además de por lo que he expuesto antes— por impaciencia. Sin embargo, también existen personas que no disponen de tiempo para buscar, ni tienen experiencia en ello ni ganas de ahorrarse unos euros. Pero sea cual sea la razón, ¿qué problema ha de representar ésto para esas otras coleccionistas que llevan años atesorando plástico? ¿Acaso están obligadas a participar en esas subastas o a pagar esos precios? No, no están obligadas a ninguna de las dos cosas, lo que ocurre es que ellas en su egoísmo querrían que nadie osara pagarlos tampoco, que nadie se atreviera a ofrecer más de lo que ellas darían. Les gustaría poder elegir siempre, que los que viniesen detrás sólo tuvieran acceso a lo que ellas previamente hubieran desechado.
Por suerte, las cosas no funcionan así y estas arpías acumuladoras tienen que vérselas con su propia bilis. Entendería quejas en ese sentido si provinieran de alguien que no tuviera una sola muñeca, pero es de vergüenza ajena ver a estas momias que en su momento arrasaron en rastros y mercadillos y poseen colecciones que cortan la respiración —muchas veces logradas a precios de risa— decir que a este paso va a ser imposible seguir coleccionando.
En fin. Yo lo que creo es que, para no caer en el ridículo ni en la mezquindad, se necesita un poco más de comprensión con los recién llegados, con los impacientes, con los desesperados y con los valientes… aunque sean más ricos que nosotros.

Yo, si tuviera plata de sobra, fundaría el periódico “Nancys” y te pediría este artículo para la sección de Economía y Finanzas.
Comment by Hernán — January 21, 2008 @ 2:38 am
Pero… ese periódico ya existe, Hernán: The Financyal times. (Reto a cualquiera a hacer un chiste peor a este)
Comment by Bart — January 21, 2008 @ 7:17 am
:) :)
Comment by Barbarita — January 21, 2008 @ 10:58 am
Yo no colecciono nada… por más que trato de entender, no lo logro… pero para mi una cosa es el negocio con las colecciones y otra la emoción de tener de vuelta ciertos recuerdos… supongo que en los coleccionistas o están las dos, o gana una de las dos… por mi que lo pasen bien.
A mi también me da alegría cuando alguien gana así como tú lo describes, un dinerillo…
de hecho uno de mis programas favoritos en la tele se llama “Krempel und Antiquitäten” o algo así (= Basuras o cachureos y Antigüedades)… y son unos expertos que van a una región determinada y a quienes las gentes del lugar les pueden presentar tus “tesoros familiares”. Pero también lo que encontraste en tu sótano o en el de tu abuela, o,lo que compraste en el mercado de las pulgas de la esquina… y me da una alegría cuando alguien llega con algo comprado en dos pesos por casualidad, sin querer dañar a nadie, y de pronto por lo que sea tiene un tremendo valor monetario!!! ay! cómo lo disfruto… porque con una historia vienen todos… también a veces pasa que alguien pagó mucho por nada,en esos casos me queda la esperanza de que haya sido algo que deseó mucho y que el precio no sea lo más importante… y pa’eso (muchas veces) está la plata!
Comment by pal — January 22, 2008 @ 7:00 pm
Lo que pasa, Pal, es que yo creo que lo de coleccionar es una cuestión genética. La gente que colecciona no suele coleccionar una sola cosa. Yo soy muy dada a coleccionar y no por el valor que pueda llegar a tener lo que colecciono (que aparte del caso de las muñecas es cero), sino porque para mí tiene gran interés el poder observar una serie de objetos que me gustan en muchas de sus variantes. De niña coleccionaba sellos usados y todavía guardo los seis álbumes que conseguí llenar entre los 6 y los 14 años, y de vez en cuando los miro y me acuerdo de mis manitas de nena sumergiéndo esas estampillas en agua para sacarles el pegamento de atrás y así poder separarlas de los sobres… ¡con qué cuidado lo hacía y qué emoción era ver después todos esos papelitos llenos de dibujos diminutos, uno al lado del otro! De niña era una enferma de las colecciones, desde cromos (lo normal) a servilletas de bares y restaurantes, posavasos, billetes de autobús y metro, monedas de paises lejanos, tarjetas de visita, fotos antiguas… en fin, una basurera total era yo, ¡me pasaba el día mendigando las cosas más inútiles a todo el mundo! :) Ya de grande me moderé un poco porque me dí cuenta de que no se puede montar un museo de cada cosa que te gusta en tu propia casa, aunque no te cueste un céntimo, porque al final no cabes.
Comment by Barbarita — January 22, 2008 @ 7:42 pm
si, debes tener razón… yo soy de las que botan y luego les queda un vacio en el alma mezclado con una pena… que me la merezco por haber botado ciertas cosas!!! pero te entiendo perfecto.
Ah! y lo otro es que si se puede hacer un museo en la casa!!! eso de que no se puede te lo debe haber inventado alguien con quien vivías y que se debe parecer a mi… sorry.
(Hay una historia con un tipo/a que tenía un museo en la RDA así, de coleccionar “cachureos”… la voy a buscar porque es linda)
Comment by pal — January 24, 2008 @ 9:08 am
Hola,
En el año 2004 aproximadamente, una tarde de invierno en casa me acordé de mi querida muñeca Nancy, sólo había tenido una rubita de ojos marrones, y revolví todo el desván de mi madre por encontrarla. Y allí estaba, sí, estaba que daba pena… le faltaban un ojo y una pierna, y el resto que quedaba puesto en el cuerpo de la muñeca era ruinoso… Entonces busqué a Nancy en el google y di sorprendida con las páginas de subastas donde todavía como por arte de magia había un montón de ellas! Me parecían un poco caras por lo que eran, pero nada en comparación con lo de ahora. Con suerte en mayo, la época de las comuniones, me compré una preciosa Nancy rubia en una juguetería por 19 euros, nuevecita en su caja. Como el vestido de comunión no me llamaba demasiado la atención, finalmente me atreví a comprarle por internet y con todos los miedos de que si me estafan o no, un trajecito vaquero nuevo en caja que me costó 7 euros. Estaba tan contenta con mi Nancy que cuanto más la miraba más me gustaba, y más me ilusionaba ese mundo que había dejado olvidado en hacía una década.
Hoy tengo unas cuantas más Nancys en mi casa, hace un par o tres de años los precios en internet eran “más justos” y digamos que para envidia de algunas recién llegadas me hice con unas cuantas a precio bastante razonable sin que eso supusiera ninguna bancarrota en mi economía de estudiante. Arrasé en los mercadillos sí, cuando tenía tiempo, y cuando no, pues no iba, y me quedaba tan ancha durmiendo en casa. Ahora ya no compro porque los precios se han desorbitado. La culpa de los precios no es más que la misma ley de siempre, la alta demanda que hay de estas muñecas, alta y creciente. Todas fuimos recién llegadas pero no sé porque fenómeno cada vez han ido viniendo más y más.
Yo jamás me pediría una segunda hipoteca para comprar Nancys, y todo lo que tengo es para mi o para regalar a las contadísimas personas que aprecio de verdad en este mundo (deben ser unas dos) sin que por ello me atragante con mi propia bilis.
Soy coleccionista sí, feliz y orgullosa con mis muñecas. Todas me gustan igual y nunca me he obsesionado por ninguna de ellas… Las que he conseguido son preciosas y si algun día viene otra más de manera, pues bienvenida…
No soy ninguna momia ni señora rancia, empecé siendo estudiante, la más fiestera de mi clase, jajajaa… Y rompiendo moldes, arriba las Nancys de los 80 con sus pecas y sus rizos!!! mis queridas Nancys de la infancia
Comment by mayo — January 29, 2008 @ 4:07 pm
Me alegro enormemente de que no te atragantes con tu propia bilis, ni seas una señora rancia ni una momia… ¡porque me darías miedo! :)
A mí, todas las Nancys que tengo me han costado mi buen dinero y no me pesa ni me quejo (si no, no las habría comprado, evidentemente) ni tampoco envidio a las personas que como tú les costaron menos, porque cada uno tiene la suerte donde la tiene y no se trata de acumular sino de conseguir lo que uno desea dentro de sus propias posibilidades. Pero lo que tampoco hago es culpabilizar de subir los precios a los que se gastan una fortuna en ellas y gritar que ya no voy a poder seguir coleccionando. Es decir, que en ese sentido vivo y dejo vivir, y cuando hay una muñeca que me gusta, si puedo conseguirla, bien, y si no, otra vez será.
En algo coincidimos: yo también soy una coleccionista feliz y orgullosa de mis muñecas, porque aparte del dichoso dinero, tenerlas guapas me ha costado muchas horas de dedicación y de mimos, que es lo que realmente vale en todo esto. Y por otro lado, estoy de acuerdo contigo en que hay que elevar a las pecosillas ochenteras, en especial a la Solete que es un amor de muñeca!! ;-)
Gracias por pasar y dejar tu comentario.
Comment by Barbarita — January 29, 2008 @ 4:53 pm
Barbarita totalmente deacuerdo con tus comentarios acerca de las “pujas”.Yo tb en ese sentido vivo y dejo vivir, y me alegro por el/la que compra una negrita por 600 euros, si puede permitirselo y la va a disfrutar, mejor así k olvidada en un desván…Y coincido con tu última entrada, no sé por qué la gente se empeña en quitar con quitaesmalte las pekita y las cejas de las ochenteras con lo monas k son.Yo tengo “Soletes Trillizas”, la Solete es muy mona, lo peor el conjunto k lleva de origen.Saludets.
Comment by Núria (Fiesta) — April 11, 2008 @ 9:35 am