Ya tengo el nuevo libro de Vila-Matas. Lo compré ayer, junto a mi entrada para el concierto de Tesla.
Extraña combinación de estímulos. Extraña por poco habitual, más que nada.
Pero esto no es lo que quiero contar, lo que quiero contar son las otras cosas. Las cosas que ocurrieron entre el ticket y el libro, dentro de la FNAC.
Es curioso, pero a mi en la FNAC siempre me ocurren cosas. Cosas de todo tipo. Unas veces divertidas, otras veces emocionantes; otras veces feas. Lo de ayer no sabría como calificarlo.
(¿Poco habitual, tambien? ¿Interesante? ¿Entretenido?)
El asunto es que ayer, después de salir del trabajo, nos dirigimos Xavi y yo a buscar las entradas para el concierto (no podía esperar más a tenerlas), y cuando llegamos nos encontramos con una cola larguísima frente al mostrador de los tickets. Sin problema nos colocamos dentro del espacio marcado por la cinta esa que ponen para que uno sea ordenado en la espera, detrás de un viejo no demasiado viejo que, para matar el teimpo, leía una revista de viajes. A cabo de un ratito de estar ahí, y viendo que no avanzábamos mucho, el hombre parece que se decide a comprar la revista y nos pregunta si le podemos guardar el sitio, que va a pagarla. Nosotros le decimos que sí, y el buen señor se ausenta por unos minutos. Cuando regresa nos da las gracias y hasta aquí todo normal.
Como veinte minutos después, por fin le toca el turno a él y se dispone a pedir sus entradas que debían de ser para algún espectáculo serio porque empezó a elegir sitio en el teatrillo virtual que las dependientas le mostraban por la pantalla del ordenador, deteniéndose en cada localidad como si estuviera descifrando el plano de la basílica de San Pedro. Pero el tipo no compraba una entrada para él y otra para su señora esposa, sino que parecía estar adquiriendo veinte, treinta o cuarenta tickets en una especie de transacción eterna que ya estaba poniendo los nervios de punta a la gente que quedaba por detrás de nosotros y que no veía la maniobra de compra al por mayor del vejete. Para colmo, las entradas no se podían pagar con tarjeta y el tipo empieza a sacar un puñado de billetes de su bolsillo y a contarlos una y otra vez antes de entregárselos a las chicas.
Cuando por fin termina con su adquisición, nos toca a nosotros y pedimos nuestras dos modestas (pero sobre todo breves) entradas para Tesla, mientras el viejo todavía se encuentra guardando el cambio, los treintaitantos tickets, la revistilla del tour por África y todo lo demás.
De repente una de las vendedoras comienza a decir «siguiente», y otra vez «siguiente» y una vez más «siguiente» y así hasta que alza la voz, pero el chico que venía detrás de nosotros no podía acercarse a ella porque estábamos —justamente— nosotros, que no éramos capaces de salir de la cola a causa del viejo que aún no había terminado de juntar todas sus pertenencias. Entonces Xavi, muy educadamente, le pide que se aparte un poco para que podamos pasar y el tipo, no se sabe de dónde, saca una energía extra de hombre completamente enfadado y le grita a Xavi «si es que no podemos esperar un segundo o qué».
Xavi le dice que sí, pero que a él tampoco le costaría nada echarse a un lado y así la gente podría llegar al mostrador y hacer sus trámites. Es entonces cuando el hombre de las mil localidades se digna mirarnos y se da cuenta de que somos los de antes, los simpáticos melenudos que tan amablemente le hemos guardado el sitio cuando él ha ido a pagar su revistilla de trotamundos tardío.
Asi que, sin pensárselo mucho, da un giro al tono y pregunta intentando parecer conciliador:
—Hombre, ¿es que ahora nos vamos a pelear por ésto?
Y Xavi le responde:
—No, por esto no nos peleamos. Nos peleamos porque eres un maleducado.
Por supuesto, el tipo no se queda ahí, dice algo más. Pero yo no alcanzo a entenderlo porque Xavi ya me está apartando de él a toda prisa y nos dirigimos al ascensor en captura de los cuentos de Vila-Matas.
Cuando llegamos a la planta de arriba comienzo a buscar el libro, pero no lo veo. Lo que sí veo es a una chica leyendo las primeras hojas de España, perdiste. Está absorta en la lectura y a mi me dan ganas de susurrarle desde abajo: «Llévatelo. Llévatelo, que es bonito. Llévatelo que lo ha escrito un amigo mío. Llévatelo, que en la dedicatoria estoy yo». Pero no le digo nada, porque de repente pienso que no me iba a creer y además, estoy segura, quedaría convencida de que me falta un tornillo. Así que prefiero mantenerme un rato ahí en silencio, espiándola a ver qué hace, si finalmente se lleva el libro de Hernán o qué. Pero la tipa no se decide a nada, sigue leyendo tranquila como si tuviera previsto llegar a la última página ahí mismo, de pie y del tirón, y después de unos minutos de observarla sin que hayan novedades opto por abandonar mi trabajo de campo.
Reemprendo mi búsqueda de Exploradores del abismo por mesas y estanterías y no hay forma, no doy con él, por lo que resuelvo preguntarle a la vendedora. Voy hasta el mostrador y la encuentro atendiendo a un chico alto (bueno, desde mi posición todo el mundo es alto), de cabello rubio, largo y rizado. El tipo quiere un libro que no tienen pero que puede encargar y que tardará —eso es lo malo, le dicen— por lo menos diez días en llegar. La dependienta le informa sonriente y solícita, pero el larguilucho dice que no, que diez días es mucho tiempo, que él está de paso por Barcelona y que en una semana se va. Cuando me fijo en sus pies, en los pies del chico, veo un bastón blanco de ciego al lado de sus zapatos. Y empiezo a pensar extrañada ¿qué hace un ciego comprando libros? Será para regalar, me respondo. O a lo mejor ve un poco. O tal vez se divierte preguntando a las dependientas de las librerías por libros que sabe que no van a tener, para que ellas a su vez se pregunten qué hace uno que no ve comprando libros que no puede leer. Pienso también que quizá lo compra y luego alguien se lo lee. Un amigo. Un amigo lector. O un lector profesional, contratado. En fin, pienso de todo, porque pensar es una de las pocas cosas que todavía no me producen cansancio. Al final, el tipo le dice a la dependienta que no, que definitivamente no lo pida. Y entonces pregunta:
—¿Para salir de aquí…?
Es en ese momento cuando la vendedora, tres personas que se encontraban a mi lado esperando también para ser atendidas y yo, nos lo quedamos mirando bastante mudos, aprovechando la ventaja que da suponer que muy probablemente él no nos está viendo a nosotros (aunque sospecho que un silencio tan prolongado ofrece muchas pistas). Entonces descubro que el tipo no tiene ojos. Que tiene las cuencas vacías. E inmediatamente pienso ¿qué hace un tipo sin ojos en una ciudad que no es la suya? ¿Qué hace un tipo que no ve NADA DE NADA, solo, en un lugar como Plaza Cataluña que es el mismísimo infierno del peatón común y corriente, ya no digamos del peatón con un sentido de menos?
Son segundos en los que parece que todo el mundo se está haciendo esa misma pregunta y nadie habla y nadie le da una solución al hombre sin ojos. Hasta que oigo la voz de Xavi por detrás de mí:
—¿Te acompaño al ascensor? —pregunta, y resuena en toda el área.
Y el ciego se vuelve, lo encara y le dice:
—Ah, sí, gracias.
Y los veo que se agarran del brazo como si fueran dos novios recientes y se van, charlando.
Yo me quedo frente al mostrador, ahora es mi turno y le pregunto a la chica por el libro nuevo de Vila-Matas. Le digo que no lo encuentro. Me dice, señalando a unos pocos metros:
—Tiene que estar ahí.
Y sale de su sitio y me acompaña hasta un apartado donde hay apilados miles de títulos a todo color. Empieza a levantar displays de metacrilato con carteles promocionales que están situados sobre el océano de volúmenes. Y de repente, por debajo de uno de esos cacharros que anuncia un libro de aventuras épicas donde los personajes no hacen más que mirar de soslayo, encogerse de hombros y asentir con la cabeza, emerge —discreto, formal y susurrante— Exploradores del abismo.
La vendedora me lo da, y con una sonrisa de triunfo me confirma:
—¡Estaba muy escondido!
Se lo agradezco y me guardo el ejemplar. Cuando miro al frente veo regresar a Xavi ya sin su efímera pareja de cabello panocha y me dice:
—El tipo no tenía ojos, cágate. Cuando le he ido a acompañar le he preguntado: ¿te toco yo o me tocas tú? Y me ha dicho: te toco yo, mejor. Y entonces se ha cogido de mi brazo y hemos ido así hasta el ascensor, de donde —mira tú qué casualidad— ha salido el imbécil de antes, que me ha soltado, muy irónico: adiós, simpático. Y entonces yo le he contestado, sin cortarme un pelo, faltaría más: adiós, guapo. ¡Lo que pasa es que no me ha dado tiempo a ver la cara que ponía el ciego!

Tu próximo libro debería llamarse “Cosas que me pasan en la FNAC”.
Cada día que pasa contás las cosas mejor.
Comment by Hernán — October 4, 2007 @ 12:33 am
:) :) Gracias!
(Pero no he podido saber si la chica al final compró tu libro!!!!!)
Comment by Barbarita — October 4, 2007 @ 12:40 am
Sí, muy bien contado. El Xavi es todo un personaje.
Comment by José Joaquín — October 4, 2007 @ 2:36 am
Esos tipos maleducados… grrrrrrrrr, cómo los detesto!! Una vez fui testigo que una pelea en una gasolinera con un vejete de estos, y casi acaba todo en la casa de socorro.
Esos tipos son peligrosos, más que un latin king!!
Desde luego, si abrimos los ojos un poco (y el ciego los oídos), la vida está llena de historietas.
Gracias por compartirlas.
Comment by suigeneris — October 4, 2007 @ 8:21 am
a mi últimamente no me pasa nada tan vital… sera que no voy a comprar entradas, no voy a comprar libros, no… ¿vivo?
Te sigo leyendo preciosa pero en silencio :);)
Comment by dvd — October 4, 2007 @ 9:37 am
A mi el que me gusta es el Xavi… me encanta como va por la vida… me encantaría ser como el Xavi…
Comment by pal — October 4, 2007 @ 11:46 am
Vos estás cometiendo un error. Estás logrando que nos enamoremos todas del Xavi. Si te llegás a separar, me lo mandas en el primer vuelo que salga para Buenos Aires que me caso con él. Y ojito que canté pri. (eso es para las otras de la cola).
Comment by Ginger — October 4, 2007 @ 2:11 pm
Perdón, quizá es que llevo poco tiempo pasando por aquí, pero… qué tiene el Xavi de particular en esta historia que no hiciera cualquiera?
¿Pregunta tonta?
Comment by suigeneris — October 4, 2007 @ 2:49 pm
El hombre de las treintaypico de entradas, tampoco tenía ojos. Acaso no se habían dado cuenta?
Comment by Sonia — October 4, 2007 @ 3:45 pm
me encanta saber que no sólo a mí me ocurren cosas paranormales… Cambiando de tema… los ciegos se desenvuelven increíblemente bien en las ciudades y en cualquier sitio, máxime si es conocido para ellos… mi prima y su marido son ciegos, y además de vivir de puta madre con el cuponcito de la ONCE tienen dos hijas videntes… y tan felices los cuatro en su casa!! Me gustó tu historia. Yo sí me compraré España perdió.
Comment by Niña trapezoidal — October 4, 2007 @ 4:36 pm
Asombroso relato sobre cosas que seguramente pasan a todas horas.
Comment by El_Trasher — October 4, 2007 @ 5:02 pm
Me dió mucha tristeza el chico sin ojos…
Besos y bastones.
Comment by DudaDesnuda — October 4, 2007 @ 9:56 pm
Ahh Suigeneris, efectivamente llevás poco tiempo aquí. Ya vas a ver como en unos meses más caes en las redes del Xavi que es un verdadero latin lover.
Comment by Ginger — October 4, 2007 @ 10:04 pm
Chicos y chicas: gracias a todos por los comentarios ;-)
(dvd: me alegra mucho verte de nuevo!)
Comment by Barbarita — October 4, 2007 @ 11:29 pm
Uy, Ginger, pues va a ser que soy lesbiana, así que mira que lo dudo.
Debe ser por eso que no le pillo yo el punto eróticofestivo a Xavi.
Comment by suigeneris — October 5, 2007 @ 7:41 am
nononono Sui, aunque no se lo encuentres nunca, lo eróticofestivo, en cuanto lleves un tiempo por aquí querrás llevártelo para casa, ya verás…
Comment by pal — October 5, 2007 @ 10:14 am
Entonces será porque cocina bien.
¿Se puede alquilar por horas?
Comment by suigeneris — October 5, 2007 @ 3:17 pm
Por cierto esta mañana he estado en el fnac (y un par de librerías más) dispuesto a comprar un par de libros y en el fnac del triangle esta agotado el España Perdiste :S:S:S Y en las otras tampoco estaba el otro libro que buscaba :(:(:(:(
Por cierto, en el fnac triangle la literatura erótica esta a continuación de la humorística. ¿Eso significa que se toman el sexo a cachondeo?
Comment by dvd — October 5, 2007 @ 3:43 pm
Pues seguro que encuentras a Casciari en el Carrefour. Yo lo vi el otro día. Ese defecto tengo, que voy a comprar huevos y salgo con algún libro y sin los huevos.
Así que dejé de ir a hacer la compra en los sitios donde hay de todo.
Comment by suigeneris — October 5, 2007 @ 6:43 pm
Me acuerdo que en el Carrefour, “Más respeto que soy tu madre” estaba en la sección de autoayuda…
Comment by Barbarita — October 5, 2007 @ 7:00 pm
Es que es el carrefour, no les pidas más.
Comment by suigeneris — October 5, 2007 @ 9:02 pm
Sui, vos sos lesbiana y yo estoy casada, que para el caso vendría a ser parecido. Pero el Xavi tiene un nosequé…
Comment by Ginger — October 8, 2007 @ 11:44 pm
Lindo relato; un texto muy festivo.
Celebro tu buen humor, ya lo sabés.
(El Xavi arma unos postres bárbaros, doy fe. “¡Que os quiero, coño!”).
Comment by Bernardo — October 9, 2007 @ 3:49 am
Ah! pero además cocina!?
Comment by pal — October 9, 2007 @ 9:17 am
Sí, cocina. Y bastante bien. Pero como es muy vago y nunca se dejaría alquilar por horas, me pareció mejor no precisarlo.
Comment by Barbarita — October 9, 2007 @ 10:51 am
Tesla sigue en la brecha? Todavia guardo un vinilo, el de la portada del propio inventor… con esa máquina de rayos… ahora no me acuerdo, la máquina maldita que intentaron sacar en los conciertos varios grupos heavys… Para mí los vinilos de mis grupos heavys son un tesoro..
Comment by Sony — June 16, 2008 @ 8:30 pm
¡Hola, Chica Murciélago! Menudo rato que me he pasado más bueno leyendo tu entrada; es magnífica. Respecto al contenido, especialmente a las cosas que pasan en la FNAC y/o con los libros de Vila-Matas, cuenta aquí con otra colega…
Me quedo con la intriga de los libros del chico ciego; aunque es raro que el personal de la fnac no esté más preparado; aquí en Coruña que la tienda es pequeña automáticamente acompañan al ascensor a la gente que usa silla de ruedas o lleva muletas o lo que sea…
Y menudo viejo cascarrabias, pero ya se sabe cómo es la gente mayor y… a saber cómo seremos nosotros, si llegamos. Debemos tener paciencia con ellos y reirnos con sus salidas, no queda otra.
Seguiré mirando tus cositas, que sólo me acabo de estrenar y ya me encanta…
Besos,
Fauviña.
Comment by Fauve — December 22, 2008 @ 3:52 pm
Ah, y qué buena suerte que el libro estuviera tan escondido esperando por ti ;-)
Comment by Fauve — December 22, 2008 @ 3:54 pm