Hace poco, más o menos a mediados del mes de Marzo, comenzó a operarse en mí una terrible crisis de comunicación con el mundo exterior. Más concretamente, con el mundo exterior en general. Todavía no sé a qué fue debida esa fiebre súbita —que de alguna forma aun continúa— pero el caso es que un día me levanté de la cama y me di de cara con una insólita certeza. La certeza de que nada más me interesaba lo que tuvieran que decir tres personas en el mundo:
a) Nina Casciari
b) Enrique Vila-Matas
c) Mis Muñecas (nótese que a éstas últimas las considero en su conjunto una sola y poderosa entidad)
Bien, como es fácil de imaginar, la conversación con las muñecas representaba y todavía representa, pues no he avanzado tanto en ese sentido, una cuestión de fe y un monólogo empalagoso por mi parte que se podría calificar de excéntrico si yo fuera una mujer rica. En cambio con Enrique Vila-Matas, una voz mucho más asequible de escuchar que la de ellas, hubiese pasado todo lo contrario de haberme atrevido a leerlo en aquellos días de fuerte crisis: él o sus personajes hubiesen hablado largo y tendido en los libros y yo habría sonreído, callada y feliz. Sin embargo, ni siquiera eso podía hacer en aquél momento, ya que como tal vez algunos de ustedes sabrán si son visitantes asiduos de este blog, me sentía aterrada ante la posibilidad de terminarme del todo a uno de mis escritores favoritos. Y en cualquier caso, para qué vamos a engañarnos, ni con Enrique Vila-Matas ni con nadie que solo haga acto de presencia en forma de libro es fácil entablar diálogo.
Así pues, me encontré de pronto frente una verdad como un castillo. Me di cuenta de que el único ser con quien podía conversar de entre los tres únicos seres en el mundo a quienes estaba dispuesta a escuchar lo que tuvieran que decir, era Nina Casciari. Me di cuenta de que ella, de tres años de edad y coleccionista activa de Lunnis («los quiero todos» manifestó un día en un catalán muy cerrado), hacía observaciones bastante más agudas y desde luego mucho más sinceras y atrayentes que por ejemplo Soraya Carmona, de nueve. Me percaté, de repente, que la única persona con quien podía sostener una conversación de mi total interés era con ella, pues el resto de la humanidad a excepción de quienes ya he mencionado más arriba, me parecían máquinas parlantes completamente ajenas a mis necesidades y aspiraciones intelectuales.
Y para que quede constancia de este singular hecho que ha marcado todo un semestre de mi existencia, transcribo aquí uno de los varios pequeños diálogos que mantuvimos durante mi triste periodo de crisis:
Ella, sentada encima de su padre, muy seria, me dice —o más bien, oigo que me dice—:
—Tengo las tetas muy pequeñas.
—Sí, es verdad —le respondo yo, ligera y alegre como una brisa de Junio—. Pero no te preocupes, cuando te hagas mayor ya te van a crecer.
De pronto, el papá interviene.
—No, Barbarita. No dice que ELLA tiene las tetas muy pequeñas. Dice que TÚ tienes las tetas muy pequeñas.
—Ah, vaya… —miro a Nina, que en realidad no sé si esperaba alguna explicación por mi parte, y sólo acierto a decir—: Sí, eso también es verdad.
La charla truncada, sospecho, por mi falta de recursos, parecía que acababa ahí; pero no, una semana más tarde, tan sólo habiendo puesto los pies otra vez (o para ser más exacta, las ruedas) en casa de Nina, ésta me hace la siguiente nueva observación:
—Eres muy bajita…
—Sí —le digo, en esta ocasión asegurándome de haber oído bien—. ¡Y además tengo las tetas muy pequeñas!
—Sí —me dice ladeando un poco la cabeza, muy comprensiva—. Pero no te preocupes, cuando te hagas mayor ya te van a crecer.

«los quiero todos» manifestó un día en un catalán muy cerrado
Dios es justo.
Comment by Bernardo — August 1, 2007 @ 2:16 pm
:)
Comment by Barbarita — August 1, 2007 @ 2:28 pm
Se lo leí a Adrián. Cuando llegó lo de que TU las tienes chicas, me interrumpió enseguida para decirme “pero no le van a crecer más”. En fin, así es la cosa, con 9 se acaban las esperanzas. Haces bien en escuchar a Nina, ya no le queda mucho tiempo de cordura.
Comment by pal — August 1, 2007 @ 2:44 pm
Sí, así es, Pal ;-)
Comment by Barbarita — August 1, 2007 @ 2:57 pm
¡Te conseguiste tu propia sobri!
Un beso grande.
Comment by La Romu — August 1, 2007 @ 6:05 pm
¡Sí, Romu! ¿No es una suerte?
Besos!!
Comment by Barbarita — August 1, 2007 @ 9:12 pm
Barbie, mejor compañía no podrías haber conseguido en una crisis de comunicación que la de Nina. Los niños a esa edad son dadores por naturaleza; y a veces dan más de lo que esperamos recibir ¿verdad?. Beso ;)
Comment by Adriana — August 1, 2007 @ 9:34 pm
PEPERINA ES UNA MUÑECA VERDE QUE ANTES DE IR A LA CAMA(A SOÑAR)TOMA CLOROFILA CALIENTE CON ALGUNAS GOTICAS DE LLUVIA PRIMAVERAL
Comment by Alfonsina — September 27, 2007 @ 3:52 am