AfectosAugust 31, 2007 1:43 am

Llegará un día
en el que creeré que no has vivido.
Un día
en el que sabré
que te inventé como inventé
un hermano a los seis años
para procurar
parecerme a todos.

Llegará un día
(sé
que llegará)
en el que me será tan transparente tu recuerdo
que te confundiré con la nada o la ficción
y tal vez
para entonces quedes solo, latiendo
en estas líneas
y en otras anteriores y no en mí.
Y quedes frío,
y estés compuesto de palabras
nada más
y duelas menos.

El libroAugust 20, 2007 9:42 am

A Emejota le mandé un ejemplar de mi librito, del cual sospeché durante algunos meses que nunca le había llegado, pues lo envié por correo ordinario en un alarde de confianza en el funcionariado español, que más que confianza era —ahora lo veo claro— una estratagema del subconsciente para creerme una escritora infalible.

No suelo hacer estas cosas (mandar paquetes por correo sin certificar) pero supongo que elegí esa opción por si ocurría que Emejota no diera señales de vida respecto al libro, así siempre podría acusar de ladronzuelo al cartero y no tendría que admitir la posibilidad de que no le hubiese gustado.

Una idea brillante, ¿no?

Pues sí, pero no. Porque en realidad el pobre e inocente cartero de Emejota cumplió con su deber a la perfección y no se merecía las horas que me malentretuve mancillando su honor laboral en riguroso secreto. Las razones por las que Mariano no leyó el libro hasta ahora fueron otras muy distintas y, desde luego, bastante mejores que las elucubradas por mí.

No, si ya lo dicen los intelectuales: la realidad siempre supera a la ficción. ¡Qué gran verdad!

Por favor, disfruten de lo que dice Emejota sobre mi librito. Verán como de repente a todos les entran muchísimas ganas de escribir uno, aunque solo sea para que él lo lea y cuente sus impresiones después, que son un verdadero lujo.

(¡Infinitas gracias, Mariano!)

Sin remedioAugust 15, 2007 5:07 pm

Hace un rato le digo a Xavi, que estaba en la cocina fregando cacharros:
—¡Hoy estoy muy contenta, Bombón!
—¿Ah, sí? —me pregunta con una indiferencia rockera nada sutil.
—¡Sí —le digo—, porque hoy estoy buena!
De repente deja de frotar la cacerola y me mira enarcando la ceja izquierda, la de las observaciones con derribo. Justo ahí me doy cuenta de que me he expresado de la peor manera posible, pero antes de darle tiempo a especular, rectifico:
—Perdón. Quiero decir que hoy estoy contenta porque me siento bien físicamente, no me duele nada, no estoy cansada, etcétera.
—No, si ya te he entendido. Lo otro sería un milagro.

Sin remedioAugust 9, 2007 6:57 pm

Una vez, cuando tenía cinco años, estaba sentada en el tranco de la puerta de mi casa con un primo mío algo mayor que yo. Cerré los ojos y le pregunté:

—Cuando cierras los ojos, ¿qué ves?

Y él me dijo:

—Nada, está negro o casi negro.

Pasaron unos instantes y como yo continuaba con mi ceguera voluntaria y no parecía que fuese a cambiar de postura, él me preguntó a mí.

—Y tú, ¿qué ves?

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Sin remedioAugust 8, 2007 8:13 pm

De 1978 a 1983 no paré de escribir diarios.

Diarios que una mañana de 1998 destruí en un arranque de demencia, vergüenza y deslolación. De todo aquello sólo se salvó la primera hoja, que estaba suelta y guardada lejos en una caja. Se trata de un folio muy tupido, doblado en cuatro, lleno de palabras todo él. Sin un sólo espacio en blanco, sin un sólo punto y aparte donde tomar un respiro.

Después de escribir ese texto inicial a modo de experimentación, alguien me regaló (o yo misma me compré, no lo recuerdo) mi pimer diario con candado para poder anotar secretos con toda libertad, que era lo que nos gustaba hacer a las niñas de entonces.

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Sin remedioAugust 2, 2007 10:22 pm

Dos años sin pasear en soledad dan para la locura.

Para sensaciones raras. Para efectos que hacen dudar y perder la noción de las horas, que confunden y alteran el espacio. Alucinaciones moderadamente inocuas como por ejemplo ésta: te llevan a la calle y te parece que no estás en ella, o en lo que tú reconoces como ella, porque los árboles y las casas y las ofertas del supermercado pasan a una velocidad que no es la suya. Que no es la tuya.

Una experiencia en la que todo se agolpa y va deprisa. Te trasladas a merced de gente que camina al ritmo que piden sus cuerpos y no al ritmo al que tú te moverías, al ritmo que necesitas para apreciar que alguna vez estuviste en esos lugares. No sé si es claro lo que digo, pero lo sientes así.

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Sin remedioAugust 1, 2007 1:28 pm

Hace poco, más o menos a mediados del mes de Marzo, comenzó a operarse en mí una terrible crisis de comunicación con el mundo exterior. Más concretamente, con el mundo exterior en general. Todavía no sé a qué fue debida esa fiebre súbita —que de alguna forma aun continúa— pero el caso es que un día me levanté de la cama y me di de cara con una insólita certeza. La certeza de que nada más me interesaba lo que tuvieran que decir tres personas en el mundo:

a) Nina Casciari

b) Enrique Vila-Matas

c) Mis Muñecas (nótese que a éstas últimas las considero en su conjunto una sola y poderosa entidad)

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