Las reuniones familiares multitudinarias donde hay perros ladrando porque no están acostumbrados a que haya tanta gente fingiendo al mismo tiempo.
Las reuniones familiares de cualquier tamaño donde ya no existe una abuela a la que hacer feliz con la organización de las mismas.
Los regalos hechos por compromiso.
Los regalos que provienen de quienes no saben nada de ti.
Los regalos en general.
Los anuncios de colonias de la tele.
Los calendarios que te endosan en los restaurantes chinos y que no puedes despreciar de ninguna manera.
Las tarjetas con rótulo luminoso y villancico desafinado que mandan las suegras.
Los que dicen odiar la Navidad y lo que en realidad odian es no poder acceder al centro de la ciudad en coche y tener que dar conversación a sus hermanos alcohólicos en casa de sus tías solteronas.
La aglomeración de gente que se produce en el semáforo de Plaza Catalunya con calle Fontanella.
La escasez (actual) de panderetas y zambombas.