Y sin embargo no hay un Axl Rose
El 8 de Enero de 1991 murió Steve Clark, guitarrista de Def Leppard, casi a la misma hora en que Joaquín Sánchez cumplía dieciséis años.
Un par de semanas después del suceso, Joaquín bajaba del autobús, paraba en el kiosco que había de camino a la escuela, compraba su publicación musical favorita y se enteraba de la noticia.
En la crónica contaban que el músico había sido hallado sin vida en su apartamento de Londres, víctima de la adicción al alcohol que padecía desde hacía tiempo. Que lo había encontrado su novia tirado en el salón, que el resto de integrantes de la banda había intentado en repetidas ocasiones y por diferentes medios que Steve accediera a rehabilitarse, aunque —como quedaba demostrado— sin éxito alguno. Que el metal había perdido a uno de sus representantes más carismáticos y sensibles. Que sólo tenía 30 años.
Cuando terminó de leer, Joaquín enrolló la revista, la metió dentro de su mochila y no pasó a la clase.
A Joaquín, en realidad, no le gustaba la música de Def Leppard. Pero era guitarrista igual que el muerto y se encontró, de pronto, con una cosa de difícil naturaleza en la boca del estómago. Una sensación de pérdida o de urgencia que le obligó a dirigirse a la plaza, a sentarse en un banco y a esperar a que no cruzara nadie para volver a sacar la publicación y leer de nuevo el artículo.
Se sorprendió, minutos más tarde, haciendo uso de un bloc y de un número atrasado de la misma revista. Se encontró buscando en las páginas centrales y deteniéndose en la carta de un lector, con toda probabilidad adolescente igual que él. Llevaba semanas queriendo responder a esa carta, pero por alguna razón siempre que se ponía manos a la obra se le hacía complicado. Muy al contrario, esta vez se vio quitándole el capuchón a un pilot negro y empezando a escribir como si fuera otro.
A Joaquín le revoloteaban mariposas salvajes en el vientre. Era raro. En el fondo, deseaba encontrarse en otro lugar y a ser posible haciendo ruido. Quizá en su cuarto con la radio a todo volumen, tal vez en el local de ensayo improvisando un solo de párvulos. Pero no, allí estaba, en la plaza; en el centro de una plaza desierta y con los columpios quietos, escribiendo.
¿Qué tal, colegas? —había comenzado en la parte de arriba de la hoja—. Me llamo Joaquín y es la primera vez que escribo a una revista para exponer mi opinión, pues esto de las cartas no se me da muy bien que digamos.
Escribo en respuesta a Juan Navarro de Santander, que habla de las comparaciones entre grupos de aquí y de afuera. En algunas cosas tiene razón, como por ejemplo en lo que dice de la tradición rockera, que en España no existe; pero en otras ha metido mucho la pata y eso es lo que quiero rebatir.
Mira, Juan —continuó—: no tienes ni idea de lo que hablas cuando pones el caso de Axl Rose. Vale que en parte la fama que ha conseguido ha sido a base de escándalos y de dar la imagen de super macarra, pero ¿tú de verdad crees que se tiene que haber sido delincuente juvenil para estar en un grupo y que éste grupo tenga éxito? A mí me parece que eso es una aberración sin sentido porque el panorama sónico internacional está lleno de grandes músicos que nunca han cometido un delito ni han pasado por el talego. —Dudó unos instantes entre poner «talego» o poner «cárcel», pero finalmente lo dejó como lo había escrito en un principio y siguió—: Luego dices que fue un ser traumatizado (aunque esa es tu opinión, habría que preguntarle a él) por la falta de su padre y tal. Vale, yo toco la guitarra y no he visto nunca a mi padre, ni siquiera sé quién es, mi madre estuvo media vida prostituyéndose y palmó el año pasado de un cóctel de rohipnoles y priva y ahora vivo con mis abuelos que no entienden nada y para ellos sólo soy el maldito bastardo que cualquier día voy a acabar como mi vieja porque una vez me pillaron liándome un canuto. OK, pues no por eso soy yo mejor que otro colega que haya tenido una infancia normal, ni quedo mejor que él para estar en una banda. Cosas de éstas no te curten, como dices tú, ni hacen que seas mejor músico, ni te dan la personalidad del rockstar. Yo soy igual que el tío ese que dices que trabaja en la fábrica agobiado. Voy al instituto y me agobio también, luego me junto con mi peña y pasamos el rato tomando unas birras y versioneando temas, probando cosas. Pero para tocar no me sirve de nada haber vivido malas experiencias. Ni siquiera para escribir buenas letras, porque cuando de verdad estás jodido con algo no puedes ponerte ahí a recrearte en ello. Así que, como puedes ver, en España también hay gente con historias de este tipo y sin embargo no hay un Axl Rose. Tener una infancia desgraciada no te convierte en buen músico ni te ayuda a hacerte un nombre. Es sólo una anécdota más, algo que añadir cuando el mito ya está consagrado y escriben su biografía en las revistas.
Bueno, gente, eso es todo lo que tenía que decir. Eso, y que es una puta mierda que Steve Clark se haya muerto de borracho.
Saludos,
Joaquín E. Sánchez

¡Guau!
¡Qué buen texto, y qué gran final!
Esto está para leerlo mientras se escucha a Dr. Hook cantando“The cover of the Rolling Stone”
Comment by Bernardo — December 2, 2006 @ 8:59 pm
Gracias, Ber. Lo estaba corrigiendo todavía :)
Comment by Barbarita — December 2, 2006 @ 9:04 pm
volviste con tutti. eh!?
Comment by pal — December 3, 2006 @ 9:09 am
A qué hora se cumple años?
Yo, el 27 de noviembre, lo festejo todo el día!
Comment by sonia — December 4, 2006 @ 7:15 pm
¡¡Se cumple a la hora que uno nace, Diablitaaaa!!
:) :) :)
Comment by Barbarita — December 4, 2006 @ 7:31 pm
Me gusta. Volveré.
Comment by El_Trasher — December 6, 2006 @ 3:00 pm
Buenisimo!… escribis muy bien, me gusta el ritmo q le metes al texto.
Comment by Sebastian — April 28, 2007 @ 1:48 pm
Axl es lo mas lindo q hay.
Comment by Anonymous — December 16, 2007 @ 7:47 pm