El hombre que toca el triángulo (Un cuentito de Año Nuevo)
Durante cuarenta y cinco años fui «el hombre que toca el triángulo» en la Orquesta Sinfónica del Valle de la Pana, eso para empezar. Ejercí como percusionista y dandy reputado desde 1955 hasta hace apenas unos meses en que me llegó la hora de la jubilación.
Mi carrera musical la inicié de la mano de mi progenitora, que se empeñó en llevarme todos los lunes, miércoles y viernes de mi infancia al conservatorio. Y siguió, sin pausa alguna, a medida que aprobaba los exámenes. Lo cierto es la música me era bastante indiferente en aquellos primeros años. Incluso me resultaba un poco antipática por todo el esfuerzo intelectual que acarreaba, hasta que comprendí que para vivir aquella experiencia de un modo más relajado, el triángulo bien podría ser mi instrumento. En cuanto efectué tan ventajosa elección, a mi mecenas particular se le retiró el periodo y creyó estar embarazada de nuevo —cosa extraña porque su marido, o sea mi padre, hacía ya dos lustros que había caído en el frente y ella había jurado ante su tumba mantenerse alejada de cualquier nueva relación—, pero como a los nueve meses no ocurrió nada de nada, el doctor dictaminó que se trataba de un caso de menopausia precoz, seguramente originada por el disgusto. (Debo aclarar que mi madre, en su gran amor hacia mi persona, siempre me imaginó pianista).
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