Dieciocho años leyendo en la ignorancia
En el verano de 1988 compré un libro de poemas. Era un libro pequeño, como casi todos esos libros de poesía que ganan premios y son lindos. Llevaba por título Descenso a un aguafuerte atribuido a Piranesi. No recuerdo exactamente qué idea fue la que me invitó a escoger ese y no otro, pero el caso es que lo compré a razón de 495 pesetas y durante 18 años he ido releyéndolo una y otra vez, sin que me cansara nunca.
Cualquiera podría suponer que tratándose de una obra a la que me unió fidelidad desde el principio, alguna vez me hubiera sentido inclinada a disfrutar de otro título del mismo autor o, como mínimo, a interesarme por su vida, su trayectoria literaria o cualquiera de esas cosas que suelen llamar la atención de la gente. Pero no, jamás se me ocurrió buscar nada relacionado con el nombre que figuraba en la tapa. Y eso estuvo siendo así hasta hace un semana. Una semana escasa en la que volví a hojear el poemario y leí:
Escribe tus días,
la belleza que contienen.
Aunque el estilo no sea el más adecuado,
das fe de tu agobiada existencia.
Y pensé: «Esto es lo que hace la gente ahora en los blogs. Antes uno se dedicaba a lo mismo pero nadie se enteraba. Y esos textos la mayor parte de las veces acababan, tras años de amarillear en un cajón, en el cubo de la basura». Y todavía pensé más: «Y el que escribió este librito, ¿quién te dice que no tenga un blog ahora también? —y comencé a morderme la uña del dedo anular de la mano derecha—: ¿Sabes lo que vas a hacer, Barbarita? Vas a consultar en Google. Después de casi dos decenios yendo a caer a una misma obra de un mismo autor una media de tres veces por año, algo de curiosidad por tu parte me parece una actitud bastante sana».
Así que, sin pérdida de tiempo, tecleé «GONZALO SANTELICES» en el buscador y ahí supe que el responsable del ejemplar más manoseado de mi raquítica biblioteca había nacido en Santiago de Chile en 1961 y había fallecido en Madrid en 1997. Y que a pesar de no haber llegado a viejo consiguió publicar ocho obras (¡ocho!), incluso una de ellas después de muerto, igual que le pasó a Freddie Mercury.
Me quedé bastante perpleja, a qué negarlo. Una, cuando después de tanto tiempo se decide a salir por fin de la ignorancia, se imagina cualquier cosa menos que la gente lleve nueve años fallecida. Y es raro porque, pensándolo bien, eso de que uno u otro de pronto ya no viva más, todos los días pasa un montón de veces.

Todos debemos tener un librito así, talismán. Yo tenía un policial de Fredric Brown, “Night of the Jabberwack” (la busqué y la podés bajar de acá).
Comment by Bernardo — October 9, 2006 @ 3:29 am
“A veces uno no está para nadie,
ni siquiera para su propia vida”.
Otro verso del mismo Santelices. (versión libre, no sé, si lo recuerdo bién)
A mi me gusta mucho Mauricio Redolés.
Y mi libro eterno es Alicia en el país de las maravillas…
Comment by pal — October 9, 2006 @ 7:51 am
Gracias, Ber. Ya la he bajado :)
Si no era exactamente así lo de Gonzalo Santelices, seguro que se le parece bastante, Pal :)
Yo también adoro Alicia en el país de las maravillas. Puedes abrirlo por cualquiera de sus páginas, que siempre te vas a quedar leyendo un rato.
Comment by Barbarita — October 9, 2006 @ 12:22 pm
Todavía me acuerdo del día que descubrí el chiste de los “conejillos de indias sofocados” en la sala de la corte… a propósito, eso de abrir en cualquier parte: te recomiendo a Natalia Ginzburg y su libro: Lessico Famigliare… seguro hay traducción hasta en catalán. Si lo lees avisa que opinas…la idea es tan buena… pero dale una vuelta y comentamos (si quieres).
Comment by pal — October 10, 2006 @ 7:34 am
Por eso, como dijo (o debió decir) Benjamín Franklin: “Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse o haz cosas dignas de escribirse.”
Besos y palabras.
Comment by DudaDesnuda — October 10, 2006 @ 3:27 pm
El cuento al que siempre vuelvo para ver si algún día logro sacarle la magia es La mujer del boticario.
Duda: siento diferir un poco con don Benjamín, porque hay vidas sencillas y monótonas que han quedado escritas genialmente y que gracias a eso sobreviven.
Comment by José Joaquín — October 11, 2006 @ 2:58 am
José Joaquín: sospecho que no diferís, casi te diría que decís lo mismo con otras palabras, quizá mejores.
Besos y pensamientos.
Comment by DudaDesnuda — October 11, 2006 @ 1:25 pm
Jajaja, el final me hizo reir!
Comment by Alex — October 13, 2006 @ 12:59 am
Yo creo que no tengo un libro… mas bien un poema que mi padre siempre empezo a recitar y nunca termino… y me da vueltas en la mente. “Desde el fondo de mi, arrodillado, un niño triste como yo, nos mira, por esa sangre que ardera en sus venas, tendrian que amarrarse nuestras vidas, por esas manos hijas de tus manos, vere en tus ojos lágrimas un dia…” (estoy parafraseando, perdonen si me equivoco). Creo que es de Pablo Neruda.
Comment by Nicté — October 18, 2006 @ 3:30 am