Te parí, te amamanté y luego jugamos.
Te canté, te bañé, te di biberón y papilla de seis cereales y frutas. Elegí muñecos blandos para ti. Te busqué guardería. Te disfracé de demonio, de chino, de payaso, de conejo, de león, de margarita y de Axl Rose. Decidí que un cursillo de natación te gustaría. Nos fuimos de vacaciones. Supe encontrarte un cole donde enseñaran inglés desde párvulos y la comida fuera de mercado. Te compré una cartera. Te acompañé cada mañana y accedí a cuidar el hamster de la clase cada vez que fue necesario. Te enseñé a patinar, te llevé a que practicaras taekwondo y te puse el kimono blanco reglamentario. Dibujamos y completamos álbumes de cromos de Son Goku y de las Tortugas Ninja. Disfrutamos en el parque cada tarde que tuvimos libre y, si te acuerdas, éramos los últimos en irnos.
Cada año, cuando llegaba el buen tiempo, pasábamos un día entero en el Tibidabo y nos subíamos a todas las atracciones.
Algún que otro domingo merendamos en el cementerio, junto a las lápidas más viejas, e hicimos justicia robando flores a los muertos recientes y repartiéndolas por las tumbas que ya nadie cuidaba.
También fuimos al cine y vimos a Batman, a Eduardo Manostijeras, a la Familia Adams, a los Rescatadores, al Rey León y a tantos más que ya no recuerdo. Comimos cucuruchos de helado en verano y castañas asadas en invierno.
Hicimos guerras de cosquillas. Te enseñé a nadar en diferentes playas (porque el cursillo en la piscina no fue suficiente). Organicé tus fiestas de cumpleaños. Miramos micromachines juntos durante horas, días y semanas hasta que juntamos el dinero para comprar uno. Hicimos deberes, pintamos el ciclo del agua, viajamos en tren, te conté las historias de Tutankamon Cuando era Pequeño y de La Familia de la Casa Plegable (historias que ningún otro niño ha oído todavía). Te regalé un plumier en forma de sarcófago y traté de responder a todas las preguntas que formulabas.
Te di un beso de buenas noches y te arropé cada vez que te fuiste a dormir hasta que cumpliste doce años.

Después que vengan y me digan que la vida y las flores y los pajaritos. Que vengan y me lo digan.
Un beso grande, grande.
Comment by La Romu — September 26, 2006 @ 1:29 am
Gracias, Romu. Otro beso para ti.
Comment by Barbarita — September 26, 2006 @ 1:35 am
gracias, Barbie, justo enanete me dijo hoy por la manhana que si escribías algo de ninhos, no se me olvidara leérselo, y esto me da pa´recordarle lo mucho que lo quiero…
Otrosí: a partir de los 12 ya no se dejan besuquear o matarlos a cosquillas siquiera?
Comment by pal — September 26, 2006 @ 9:15 am
Sí, sí que se dejan, Pal. Incluso quieren que lo sigas haciendo, pero no a la vista de los demás porque les da vergüenza :)
Supongo que también dependerá del carácter particular de cada niño.
Igual te digo que la experiencia con mi hijo a partir de esa edad no se puede considerar una estadística fiable, porque el curso de los acontecimientos fue cualquier cosa menos habitual, lógico o natural.
Comment by Barbarita — September 26, 2006 @ 10:47 am
La otra parte es, Barbie, que los chicos tampoco olvidan esas cosas. Aunque no estén y aunque lo quieran negar, siempre sabrán que durante 12 años su mamá fue su compinche.
Comment by Ginger — September 26, 2006 @ 11:15 am
Ojalá tu hijo leyera esto…
Abrazos !!
Comment by Anaik Frita — September 26, 2006 @ 11:16 am
A mí estas cosas me desarman y me conmueven de manera profunda.
Yo de mayor quiero ser madre
(cuando lo digo se rien o me miran raro)
porque de mayor sólo puedo ser padre.
Y no es lo mismo.
(no)
12 abrazos
Comment by emejota — September 26, 2006 @ 11:48 am
Coincido con Ginger.
El amor tiene memoria. Aunque cierres los ojos, aunque te vayas lejos, aunque no lo nombres, aunque lo niegues. No se reemplaza ni se puede borrar con láser como los piercings.
Le enseñaste todo. Falta que él aprenda el camino de regreso y se anime.
Comment by Sonia — September 26, 2006 @ 11:59 am
El camino de regreso. No sé si alguna vez lo encuentre, pero si tuviera una mínima chance de ver quien sos, lo que valés, y lo que lo amás, volvería sin dudarlo.
Y estoy seguro, que él también te quiere, pero es inmaduro quizás. Dale tiempo. O un buen bife (no pude evitarlo).
Te quiero Barbi. Abrazo fuerte!
Comment by Toro — September 26, 2006 @ 1:51 pm
Si, yo tengo edad pa´tener una de 19, de hecho una amiga la tiene… no sabes lo que pelearon, lo mucho que se conocían les jugó en contra, sabían donde darse… una vez, mi amiga pensó en mandarla a un internado… los demás la frenamos… y un día cualquiera voló, no es que se fuera, ella voló, poco después cumplió 19 y terminó el cole, tiene 19 y se fué de viaje… me gusta tanto saber que llama y manda mail. Verlas a las dos, porfín de vuelta. Había mucho que discutir nomás, antes del vuelo… todos volvemos Barbi, es cuestión de tiempo. Aunque a uno le pongan obstáculos, uno necesita volver al lugar de la infancia, sobre todo si fué como debe ser el lugar donde a uno lo quisieron por el solo hecho de existir.
Comment by pal — September 26, 2006 @ 2:32 pm
Tú sí eres una mamá de verdad, Barbie, summa cum laude. ¿Me darías clases particulares antes de empezar a gestar? Me da pavor no ser del todo buena…
PD: Creo que el amor se queda grabado como huella indeleble, y todos regresamos, aunque a ratos reneguemos.
PPD: En tus posts siempre me quedo con ganas de saber más.
Comment by Malenita — September 26, 2006 @ 4:07 pm
Ginger, Anaik, Emejota, Sonia, Toro, Pal y Malenita: gracias a todos por los comentarios.
Ojalá un día pueda escribir en este blog cualquier anécdota sobre mi hijo en presente.
Abrazos.
Comment by Barbarita — September 26, 2006 @ 7:22 pm
Quisiera poder llenar este espacio con palabras que te ayuden, que te curen esa pena, que limpien el pasado y lo modifiquen. No puedo, solo puedo llegar y decir que si hay alguien que pierde ése es él. No se borra el amor que le diste por más lejos que se vaya. No se borra a una madre aunque, a veces, lo mejor sería borrar a algunos hijos.
Te quiero, nena, no te caigas. Vos valés muchísimo y el tarúpido éste ya se va a dar cuenta.
Besos y dignidad.
Comment by DudaDesnuda — September 26, 2006 @ 7:44 pm
Gracias por tus palabras, Dudi. No sólo me han consolado un poquito, sino que particularmente el término “tarúpido” me ha hecho reir.
A todos gracias otra vez por los comentarios y los ánimos de ayer. Ahora me voy a la montaña (a una montaña lejos. Quiero ver si ya tiene colores de otoño o qué pasa). A la tarde vuelvo.
Besos.
Comment by Barbarita — September 27, 2006 @ 11:10 am
Yo me fui de casa a los 12 a pesar de las típicas advertencias maternas. La vida no fue fácil para ninguna de las 2 por algunos años. ¿Sabes? aún en los peores momentos que pasé sola, que incluyeron hambre y soledad en medio de la calle a media noche, me daba un poquitín de miedo regresar a ver a mi madre, porque ella, a pesar que en mi infancia la recuerdo cariñosa y abierta, no acostumbraba mostrarse vulnerable ante sus hijos y yo creí siempre (bueno, después de dejarla) que le daba lo mismo tenerme o no. Además, una también tiene su orgullo a los 12, 13, 16 o la edad que sea y entonces me daba un poco de cosa regresar a casa y contar que me pasó exactamente todo lo que mi madre había “adivinado” que me iba a pasar. No señor, yo tenía que regresar como los grandes y por la puerta de adelante!. Confieso que mientras más golpes me daba la vida (muy merecidos, por cierto) en mi epoca adolescente la culpaba a ella (a pesar de que no tuvo nada que ver con MI decisión eh?) y poco a poco y sin quererlo me fui llenando de resentimiento sin sentido. Y así las cosas por 5 o 6 años… hasta que fui madre (a los 17), justo ahí comprendí que no hay ofensa que un hijo le haga a su madre que ésta no le perdonaría… y entonces me animé a llevarle a su nieta. A mi madre casi le da un síncope de la impresión de verme con una bebé que le extendía los brazos, lloramos, nos abrazamos, reimos y luego, ya casi para la despedida, volvimos a mostrar nuestras diferencias a gritos y otras expresiones muy pasionales que hasta la fecha siguen ocasionando distanciamientos y reencuentros. Al día de hoy (cumplí 38) hemos aprendido a querernos tal y como somos, y eso es lo mejor de todo. Mejorar nuestra relación no ha sido fácil, y no depende del cariño que nos tengamos una a la otra, sino con la aceptación de la diversidad.
Ten paciencia Barbie, tu hijo, donde quiera que esté; te recuerda, te añora y te quiere (y te lo digo por experiencia eh?). Seguro que es cabeza dura como yo y eso complica las cosas, pero ¿sabes? así como yo le aparecí a mi madre un día cualquiera, no te creas que fue tan fácil eh?, los hijos sabemos lo que debemos hacer, lo difícil; está en reunir en valor para hacerlo…
Mis hijos ahora tienen 21 y 18 y a veces me preguntan por qué hice lo que hice cuando joven (porque aquí no acaba la historia eh?, pero te la contaré en otra ocasión) y lo único razonable y verdadero que atino a decirles es: ¡Por estúpida! y les explico que afortunadamente, con el tiempo, acabé por convercerme de que la estupidez es un estado pasajero, como la depresión o el estrés, y un buen día amanecemos con la cabeza clara para hacer lo que quisimos y debimos hacer siempre.
Besos y abrazos.
Comment by Adriana — September 27, 2006 @ 8:06 pm
Uhhh, Adriana, tremendo comentario. Tremenda historia. Gracias por compartirla. Una a veces se siente marciana… entre toda la gente que conozco no hay un solo padre o madre que haya dejado de ver a sus hijos; ni un solo hijo que haya decidido borrar a sus padres de su vida. Y por más que un psicólogo venga y me diga esto ha pasado por esta razón y por ésta otra, a mi no me consuela. Me consuela infinitamente más que alguien que alguna vez sintió respecto a su madre lo mismo que ha podido sentir mi hijo respecto a mi, me lo explique.
Eso que cuentas de que cada cosa fea que te ocurría en tu vida, la culpabas a tu madre, a mi hijo le pasaba igual. Era alucinante como le daba la vuelta a las situaciones hasta quedar convencido de que cualquier problema que se le presentaba era derivado del mero hecho de que yo existiera. Y no atendía a razones ni a nada. Cuando intentaba hablar con él, me insultaba, me decía las peores cosas que te puedas imaginar. Era un dolor horrible.
Y el entorno tampoco es que ayudara mucho, pero bueno, ahí entraríamos ya en otras cuestiones bastante complicadas de resumir en un comentario.
De veras, Adriana, muchas gracias. Me ha iluminado más tu historia que veintiséis informes de veintiseis psicólogos del departamento de justicia.
Besos agradecidos.
Comment by Barbarita — September 27, 2006 @ 9:09 pm
barbie, te quise comentar algo, pero mejor me callo y te hago compañía un ratito, si querés hablar, aqui estoy, te escucho…
Comment by Tia clari — September 27, 2006 @ 10:17 pm
Gracias, Tia Clari, hoy ya estoy mejor, menos mal :)
A veces me pasa que me pongo triste durante un día o dos. Pero así muy fuerte: llora que te llora sin consuelo ninguno. Luego se me pasa. Miro dibujitos y se me pasa. Voy a la montaña, veo cosas que me gustan y se me pasa. Pero hasta que no se me va no puedo ni responder los comentarios (diría cosas feas). Es como un dolor de muelas pero a lo bruto.
Bueno, supongo que todo el mundo sabe lo que es estar triste.
Gracias por venir. Beso grande.
Comment by Barbarita — September 27, 2006 @ 10:38 pm
Verás Barbie, la que de verdad se merece un monumento, es mi mamá. Porque lo que no dije fue que tengo una hermana gemela y que también se largó de casa junto conmigo a los 12. La verdad, la rebeldía nos pegó con martillo desde muy temprano y las cosas llegaron a ponerse muy feas desde los 11. Hiciste que recordara aquéllas discusiones (ay!… y lo que le decíamos…) Sabes? Mi hermana tardó algunos años más en ponerse en contacto con nuestra madre, pero la verdad es que ambas lo deseábamos desde el día siguiente en que nos fuimos.
El entorno, como dices, tampoco ayudó mucho. Mi madre fue padre y madre y eso vino también a complicarlo todo. Las madres, cuando hacemos las dos cosas, tendemos a dejar clara cierta línea de “autoridad”, por más dulces y cariñosas que seamos. Creo que los hijos que crecemos así, no sabemos distinguir la mamá del papá cuando los 2 están en la misma persona. Si a eso le sumas que también debía trabajar y criar otro hijo (nosotros fuimos 3), es un milagro que a mi madre no se le zafara algún tornillo con todo lo que mi hermana y yo le hicimos pasar.
También sé de psicólogos y psiquiatras, te entiendo, la primera vez que estuve con uno mi hijo tenía 11 años y andaba por donde yo anduve a su edad y creí que un profesional ayudaría a que él (mi hijo) entendiera mis razones para ser como soy y que lo único que buscaba era su bienestar. Debo confesar que para que mi hijo no se fuera de casa a los 12, me sirvió más mi experiencia que las palabras del médico. Pero a lo que si ayudó mucho es a que yo entendiera a mi madre, y a partir de entonces hago un esfuerzo por ser más tolerante con ella a pesar de las diferencias (es que lo cabezona no se me ha quitado del todo).
La historia va para más Barbie, pero no quiero seguir aburriéndote con episodios que seguramente conoces, sólo sé con total certeza que siempre, aún después de los momentos angustiantes como madres y como hijos; podemos pensar y sentir diferente lo vivido…
Comment by Adriana — September 27, 2006 @ 10:52 pm
Barbi, como tía Clara, estamos todos aquí… seguro que no falta ni tu vecina…
Comment by pal — September 28, 2006 @ 9:09 am
y el que te falta, ya viene, ten paciencia.
Comment by pal — September 28, 2006 @ 9:09 am
No me aburre para nada leer tus comentarios, Adriana. Al contrario.
Eso espero, Pal, que vaya viniendo…
A las dos, besos y gracias de nuevo.
Comment by Barbarita — September 28, 2006 @ 1:36 pm
La internet te permite hacer amigos, pero no te permite tomarte un vino con quien querés cuando hace falta.
Hago lo mismo que Clarita.
Comment by El Angel Gris — September 30, 2006 @ 1:21 pm
Hola Barbie. Me llamo Iván, soy ingeniero en sistemas y vivo en la patagonia argentina, el “lejano sur” americano. Estoy terminando un trabajo en internet; tengo en mi escritorio unos bocados de salmón y una botella de buen vino; todavía no pienso cenar; no antes de terminar la chala que me estoy fumando. Hoy fue un día de puta madre. Almorcé a la vera del río. Antes de la siesta terminé de releer “tres rosas amarillas”. Y ahora, mientras disfruto haciendo mi trabajo, acabo de descubrir esta página. Es demasiado. Un día realmente perfecto. Hay veces que pienso que tal vez me haya muerto y nadie me avisó. Y ahora estoy en el paraíso. Me gusta pensar eso, pero también me da un poquito de cosa. Un beso y felicitaciones.
Comment by Ivan Tchakoff — March 5, 2007 @ 1:55 am
me senti madre
Comment by Alfonsina — September 27, 2007 @ 3:39 am