Autobús casi lleno, niña gordita de nueve años a su madre, mientras Xavi me está situando en el lugar marcado con el simbolito azul y blanco:
—¡Mira, mami!
Mamá de niña gordita de nueve años, con sonrisa modelo “qué maravillosos somos”, respondiendo a todo volumen:
—Sí, ya veo. Como en el hospital, ¿verdad, cariño?
Yo, mirándolas perpleja. Niña de nuevo, felicísima:
—¡¡Sí!!
Madre de niña, acercándose a mí con la aceleración propia de la vida moderna:
—¡Ay, perdona! Es que la nena pasó un tiempo hospitalizada y en el pabellón donde la ingresaron había mucha gente en silla de ruedas, y ahora, cuando ve a alguien así, se acuerda y le hace una ilusión tremenda.
Yo, medio embobada por la novedad del caso e intentando poner una sonrisa (¡qué iba a hacer!):
—No, si está bien. A los niños a veces se les hace felices con tan poco…
Análisis del insomnio en situación de insomnio
Lo bueno de tener un blog es que si una noche estás sufriendo de insomnio por culpa de un calor desesperante, puedes abandonar la cama, ponerte a escribir cagándote en todo lo que se menea, darle al botón de publicar y regalarte un desahogo sin tener que molestar a nadie. Yo empecé a escribir un blog más o menos por este tipo de ventajas.
Ahora mismo, sin ir más lejos, me está ocurriendo lo mencionado más arriba. He tenido que levantarme porque en Barcelona estamos disfrutando de una temperatura asesina que no me deja dormir ni de un lado ni de otro. Y la experiencia me dice que si continúo estirada una hora más sin pegar ojo, voy a empezar a pensar en cosas raras, es decir, en cosas feas, en cosas de muy mala onda que van a terminar en tristeza, en miedo, en llanto o similar.
[Leer más]
