Carta de Julio Cortázar a Samuel Pickwick
«Querido señor Pickwick:
¿Qué hubiera pensado usted de lo que acabo de escribir? ¿Su proverbial cultura y su gran cortesía no se hubieran opuesto a recibir estas páginas de mi mano, como tantas veces y en tantas posadas o salones recibió manuscritos que luego leyó a la luz de un candil después de haberse puesto su camisón y su gorro de dormir? Incluso le diría, para facilitarle la tarea en caso necesario, que su generosidad en esa materia no siempre se vio recompensada con una buena lectura, pues los relatos intercalados en los distintos momentos de sus viajes están casi siempre por debajo de todo lo que usted y sus amigos me han dado a lo largo de sus admirables aventuras (con la excepción del Manuscrito de un loco, que debió influir nada menos que en Edgar Allan Poe). Por eso, si el sueño le llega antes de la última palabra, ni usted ni yo nos preocuparemos demasiado; sabido es que la buena literatura no le está dada a todo el mundo.
Quiero creer, con un optimismo que muchos amigos me reprochan, que algunas de las cosas que he dicho merecerán su aprobación. Usted es todavía más optimista que yo, al punto que también sus amigos han debido reprochárselo, y pienso que en el fondo lo que buscan decirnos es que somos tontos. Pero a mí no me pareció nunca una tontería que usted dicidiera servir a los altos intereses culturales del club Pickwick lanzándose a los perceptibles riesgos que entrañaban los coches (y sus cocheros), las posadas (donde nunca estaba excluída la horrible posibilidad de meterse por error en la habitación de una señora sola), y el encuentro con personas que, como tantas veces ocurre, eran truhanes bajo la apariencia de caballeros o abogados. Su perfecta autodefinición, la de observador de la naturaleza humana, no solamente le valió al club Pickwick uno de los más ricos archivos en la materia, sino que millones de seres humanos de todos los países del mundo han mirado junto con usted y gracias a usted esa comedia humana cómica que sigue bullendo infatigable en nuestra memoria.
Como todos los personajes de los grandes libros, usted tiene el don milagroso de atravesar el tiempo y estar presente entre nosotros; lo que cada lector piensa de usted, traduce de alguna manera lo que usted hubiera pensado de él. Quienes lo encuentran absurdo e inconsistente se desnudan ante usted como carentes por completo de humor y de generosidad vital; los que lo estudian lupa en mano para ahondar en sus circunstancias históricas o sociológicas, hubieran sido inmediatamente designados miembros correspondientes del club Pickwick. Por mi parte yo lo veo como un alto ejemplo de humanidad, en el sentido de quien reduce lo más posible su natural egoísmo para entregarse a la contemplación multiforme y generosa de sus semejantes; y si muchos de los más grandes autores literarios son grandes precisamente por esa capacidad de abrazar una realidad en toda su riqueza, pocos de sus personajes lo son. En ese plano, en cambio, no hay ninguna diferencia entre Dickens y usted, y se diría que al lanzarlo al gran escenario de la letra impresa su autor estaba ya proclamando lo que después daría la infinita riqueza de sus novelas mayores; usted anuncia David Copperfield y Oliver Twist, muestra alegre e inocentemente el camino de Grandes esperanzas y de Dombey e hijo.
Por cosas así quisiera decirle que usted ha sido uno de mis mejores maestros imaginarios, y que en esa época en que las normas sociales buscaban hacer de mí un ente satisfactoriamente racional y utilitario para mayor provecho del orden estatuído y los principios vigentes, usted entró en la gran sala de clase de mi vida tropezándose contra una pared, equivocándose de puerta, tomando gato por liebre y ocasionando las peores confusiones para usted mismo, diversas señoras, y la gran mayoría de sus amigos y admiradores. Sin esperar más salí en su seguimiento y no he cesado de hacerlo desde entonces, porque usted, para quien la poesía no parece existir, me la mostró con su conducta; usted, la seriedad personificada, me introdujo para siempre en el mundo del humor; usted, que nada tiene de soñador puesto que es una mente científica capaz de descubrir misteriosas piedras con jeroglíficos y otros enigmas científicos, me mostró el camino de la luna y el encanto de ir de un lugar a otro sin la menor finalidad razonable. Por todo eso, querido señor Pickwick, le estoy dando hoy las gracias. »

Nena, no sabés a cuántos corazones tocás poniendo un texto del gran Julio aquí, allá o en cualquier parte.
Comment by Bernardo — July 8, 2006 @ 4:51 am
:)
Comment by Barbarita — July 8, 2006 @ 11:44 am
Barbarita, no hace mucho que visito tu casa, pero ya leí (con fascinación y enorme curiosidad) todos tus posts. Si leerte ya es habitualmente un placer, más aún si me encuentro con Julio de repente en tus letras. Me has alegrado un sábado raro.
PD: Permíteme que ponga un enlace en mi casita!
Comment by Malenita — July 8, 2006 @ 3:52 pm
Gracias por venir a leer, Malenita. Me hace mucha ilusión que la gente que llega nueva lea para atrás (del cuadernito) y además se quede. ¡Bienvenida!
Comment by Barbarita — July 8, 2006 @ 5:10 pm
Barbarita, acá te dejo un regalo vestido para la ocasión. Dickens es uno de esos amigos inmortales que siempre recuerdo. Julio es un amigote que no tengo que recordar porque siempre está conmigo.
…sólo a fuerza de quejarme y exigir con furia la justicia que nunca consigo logro conservar el juicio. Quizá me diga que me excito demasiado. No hay para mí término medio entre eso y el estado de imbecilidad. Si alguna vez se me calmasen estos arrebatos, me convertiría en un imbécil. (Mr. Gridley personaje de La casa desolada; C. Dickens)
Besos y textos.
Comment by DudaDesnuda — July 10, 2006 @ 3:33 pm
¡Gracias, Dudi!
Qué belleza de libro “Casa desolada”.
Comment by Barbarita — July 10, 2006 @ 6:34 pm
¿Alguna peste asola la blogocosa catalana?
Besito
Comment by El Angel Gris — July 18, 2006 @ 12:14 pm
¡No! Seguimos vivos, Angelito… vivos pero vagos (por lo menos en mi caso) ;-)
Beso.
Comment by Barbarita — July 18, 2006 @ 1:06 pm
Esta oleada de pereza parece ser una constante… es sosísimo llegar al trabajo, dar una vuelta por los blogs y encontrarlos todos así, medio agonizantes. Bue, en septiembre nos vemos.
http://tormentasparadigmaticas.blogspot.com/2006/07/no-lo-abandones-l-no-lo-hara.html
Comment by Malenita — July 19, 2006 @ 7:48 am