Autobús casi lleno, niña gordita de nueve años a su madre, mientras Xavi me está situando en el lugar marcado con el simbolito azul y blanco:
—¡Mira, mami!
Mamá de niña gordita de nueve años, con sonrisa modelo “qué maravillosos somos”, respondiendo a todo volumen:
—Sí, ya veo. Como en el hospital, ¿verdad, cariño?
Yo, mirándolas perpleja. Niña de nuevo, felicísima:
—¡¡Sí!!
Madre de niña, acercándose a mí con la aceleración propia de la vida moderna:
—¡Ay, perdona! Es que la nena pasó un tiempo hospitalizada y en el pabellón donde la ingresaron había mucha gente en silla de ruedas, y ahora, cuando ve a alguien así, se acuerda y le hace una ilusión tremenda.
Yo, medio embobada por la novedad del caso e intentando poner una sonrisa (¡qué iba a hacer!):
—No, si está bien. A los niños a veces se les hace felices con tan poco…