Lo bueno de tener un blog es que si una noche estás sufriendo de insomnio por culpa de un calor desesperante puedes abandonar la cama, ponerte a escribir y despotricar sobre lo primero que se te ocurra, darle al botón de publicar y regalarte un desahogo sin tener que molestar a nadie. Yo empecé a escribir un blog más o menos por este tipo de ventajas.

Ahora mismo, sin ir más lejos, me está ocurriendo lo mencionado más arriba. He tenido que levantarme porque en Barcelona estamos disfrutando de una temperatura asesina que no me deja dormir ni de un lado ni de otro. Y la experiencia me dice que si continúo estirada una hora más sin pegar ojo, voy a empezar a pensar en cosas raras, es decir, en cosas feas, en cosas de muy mala onda que van a terminar en tristeza, en miedo, en llanto o similar.

El tema es que al principio del insomio todo va bien. Te despiertas por el calor, porque te duele un hombro o porque la vecina se está peleando con el marido, pero no es nada, te pones a pensar en cosas normales. Cosas inofensivas como por ejemplo el trabajo o la pared del comedor que hace un mes que está a medio pintar. Pero poco a poco y sin saber por qué las ideas se van yendo para otro lado y nunca es para un lado feliz. No sé si esto tendrá una base científica o no, pero que es así, puedo asegurarlo. Prueben a pasar dos horas tirados en una cama a oscuras con los ojos como platos, y en cuanto empiece la tercera hora de vigilia involuntaria, la habitación se les va a llenar de monstruos lo quieran o no. Esto es así. Y es así en la actualidad y desde el principio de los tiempos.

Luego está el hambre. El insomnio provoca un hambre muy desagradable… porque a las tantas de la madrugada, cansada, con el mal humor de no poder dormir ni un poco, con esa onda mental destructiva que se genera y demás, todavía tienes que ponerte a ver qué comes para que no se te haga una úlcera. Lo usual en mi caso es que acabe tomando leche con galletas como ahora mismo estoy haciendo, sólo para calmar los rugidos de un estómago que trabaja inútilmente.

Y lo peor es que en situaciones normales, para la gente normal que tiene un blog donde poder descargar la bilis cuando falla ese sueño reparador tan necesario, a estas alturas del análisis la cosa ya estaría medio resuelta. Pero para la gente como yo, que se pasa el 90% del día sentada y sufre un dolor de trasero constante, tener que permanecer aquí escribiendo esto en vez de poder seguir estirada y roncando con el culo en pompa para que me circule la sangre y se me regeneren los tejidos maltrechos, es una tortura.

¡Y podría seguir así horas y horas quejándome de todo, pero ya no digo más porque estoy muy enfadada!