El 4 de Junio de 2005, mientras Xavi y yo nos encontrábamos en Caldes de Malavella festejando la boda de unos amigos, en Barcelona ocurría otra cosa de la que nos enteraríamos al día siguiente por medio de una llamada telefónica.

Un suceso que conmocionó a muchos por aquellos días y que nos hizo juntarnos a todos los amigos para verificar que aún seguíamos siendo los mismos. Una historia que el taxista con el que fui al trabajo el lunes posterior, no quiso creerme.

Ahora, durante toda esta semana, se está celebrando el juicio.

“CREÍ QUE LOS LIBERABA”

La Vanguardia - 24/05/2006

M. R. M. A., la acusada de ahogar a sus dos hijos en la bañera, reconoció ayer en el juicio que los mató porque eran su responsabilidad y no quería dejarlos solos después de su suicidio, con el que pretendía acabar con los “miedos inexplicables” que sufría desde hacía meses.

La procesada, que intentó suicidarse por primera vez a los 17 años, explicó que hacía tiempo que se sentía angustiada, pero que el día del doble crimen, que coincidió con su cumpleaños, volvió a sentir los miedos: de no saber utilizar el MP3 que le había regalado su pareja, de comprar el pastel, de la fiesta, de ir al trabajo, incluso de no tener claro qué comprar en la carnicería.

“Otra vez venía la idea de la muerte a la cabeza, como si una piedra enorme me impidiera levantarme. Y pensé: cómo me voy a morir si tengo dos hijos a mi cargo, cómo los voy a dejar solos. Y ahí aparece la idea de llevarlos conmigo”, relató. Aseguró que sentía que sus hijos eran “su responsabilidad”, por lo que “la única salida era irnos los tres”. Así confesó que se siente “un monstruo” y que se arrepiente de haberlos matado, pero que entonces pensó “que así los liberaba”.

Su primera idea fue cortarse las venas, pero como no quería esa muerte para sus niños, se vistió para ir en busca de un puente desde el que arrojarse con los pequeños, “abrazados”. Al recordar que las revistas de pediatría advierten del peligro de las bañeras, decidió matarlos en ella. Ahogó primero al pequeño y después al mayor.

Entonces llamó a la policía para explicar lo sucedido. El agente que la atendió declaró en el juicio que dudó de la credibilidad de la llamada dada su frialdad y su falta de emoción. En la cinta que recoge el diálogo se pudo oír cómo el agente se ponía más nervioso que la propia mujer al denunciar “un asesinato” y que había ahogado a sus hijos.

M. R. M. A. reconoció que actuó con “precisión y coraje”, ya que incluso trató de impedir que pudieran culpar al padre de los niños. Así lo llamó al móvil para que guardara los comprobantes del peaje de la autopista. Antes de intentar suicidarse bajó a casa de sus padres y conversó con ellos de temas banales.

A los dos los conocemos.

Ella es una amiga de la adolescencia de Xavi y él un guitarrista con el que compartí grupo, risas y proyectos durante dos años.

No fui capaz de contar esta historia en su momento porque no hay palabras con las que describir las horas ni los hechos de un padre que tiene los féretros de sus bebés en la habitación contigua. Un padre que te abraza y sólo sabe decir gracias… gracias… gracias por venir, y que va con la cajita de estampas en la mano y el alma afuera del cuerpo, y que se te acerca para darte una de esas tarjetas mientras te avisa —tímidamente, como es propio de su carácter— que es un recuerdo de sus niños. Y que te entrega ese trozo de cartón como si fuera un tesoro, el tesoro más valioso del mundo. Y que te lo da sabiendo que al confiarte sus nombres y sus fechas y comprobar que te los llevas contigo, está haciendo lo último y lo único que aún puede hacer por ellos.