Cuando tenía diecisiete años gané un concurso. El único concurso que he ganado en mi vida.
Se trataba de un pequeño certamen literario de cartas de amor organizado por una revista para mujeres modernas. Una revista de esas en las que te enseñan trucos para vestirte, peinarte, maquillarte y elegir una profesión con futuro (sí, aunque parezca raro, a los diecisiete años yo tenía cierto interés en ese tipo de cosas).
El premio del concurso en cuestión era un anillo de oro con un diamante, así que le dije a mi exmarido, que en aquél entonces aún no era "ex":
—Mira esto, ¿por qué no te presentas?
Me echó una ojeada rápida a mí y luego al papel que le mostraba.
—Preséntate tú —respondió, y siguió leyendo la sección económica de El Periódico.
—No, yo no puedo presentarme. Es un concurso para maridos o novios, aquí lo pone claro.
Pero a mi pareja no le interesaba escribirme una carta de amor. No se le ocurría nada romántico que decirme de forma espontánea, menos iba a gastar media hora en darle vueltas a los sentimientos para ganarme un anillo.
Me acuerdo que me fui a dormir esa noche y en vez de dormir me puse a pensar. Y al rato de ponerme a pensar, me levanté de la cama, cogí un bolígrafo y un cuaderno y empecé a escribir la carta de amor que me hubiese gustado recibir de un marido enamorado.
Al día siguiente la pasé a máquina y se la entregué.
—Aquí está la carta —dije.
—¿Qué carta? —preguntó él con el ceño fruncido.
—La carta. La carta para el concurso. Sólo tienes que firmarla… si quieres.
Le lancé una sonrisita inocente y supongo que me puse toda colorada. Estaba casi segura de que me iba a mandar a tomar viento y no me equivoqué.
—No seas ridícula, por favor —me aconsejó—. Cualquiera se daría cuenta de que eso no lo ha escrito un hombre.
Habló como si en algún momento se hubiera molestado en leer, ni que hubiese sido por encima, el texto. Pero no lo había hecho.
—Bueno —dije en un murmullo—, como quieras.
Sin embargo, guardé los folios en un cajón y esperé. En cuanto se marchó, tomé una pluma y empecé a hacer garabatos sobre un cartón, imitando su autógrafo. Cuando conseguí una réplica aceptable, la estampé sobre la carta, introduje ésta en un sobre y la envié a la redacción de la revista.
Como en aquella época yo era una persona extradimensionada en lo que a conciencia se refiere, no pude pasar más de dos noches sin confesar mi horrible crimen al inocente que me roncaba al lado, y me cayó un rapapolvo monumental por atrevida, pero sobre todo por descerebrada. Aunque después de ponerse hecho una furia se calmó más o menos rápido. En su imaginación todo lo que llegó a vaticinar y dar por bueno fue que la famosa y falsa carta de amor de él hacia mí, a esas horas seguramente ya reposaría en el fondo de una papelera.
El asunto es que cuatro meses más tarde abrí nuestra casilla de correo y hallé una nota remitida por aquella publicación a nombre de mi exmarido, en cuyo interior podía leerse más o menos lo siguiente (no lo recuerdo con exactitud, porque de esto hace 21 años):
Apreciado Sr. Tal:
Nos complace enormemente comunicarle que el texto que nos hizo llegar con motivo del Concurso Anual de Cartas de Amor convocado por nuestra revista, ha obtenido el primer premio del certamen por unanimidad del jurado.
Puede pasar a recoger el obsequio, que esperamos sea del agrado de la destinataria de tan bellas palabras y sentimientos, a partir de esta misma semana por nuestras oficinas en Barcelona (Calle Equis, número I, cuarta planta).
Sin otro particular, reciba nuestras más sinceras felicitaciones.
Atentamente,
La Redacción
Desde luego, a mi exmarido no le quedó otro remedio que ir a buscar el premio una tarde —llevándome con él del brazo, para más inri—, pues en cuanto tuve el aviso en mis manos me dediqué a saltar de alegría y a contarle a todo el mundo lo maravilloso que había sido encontrarme con semejante sorpresa; y tanto familia, como amigos y conocidos, quisieron leer la misiva ganadora y felicitar al escritor involuntario (que ellos suponían literato en ciernes), por tan admirable muestra de pericia y afecto.
En cuanto al anillo, resultó ser lo nunca visto: viajaba en el centro de una fastuosa caja de metacrilato de 12 x 12 centímetros cúbicos. Lo terrible del caso es que cuando me lo fui a poner en el dedo, me sobraba la mitad, me bailaba de un lado a otro y se me deslizaba constantemente en dirección al suelo. Al cabo de seis o siete años lo perdí. Incluso habiéndolo llevado mi abuela a la joyería para que me lo hicieran más chico.

Ah, sí: si no tenés al lado alguien considerado que te lustre la manzana, te la lustrás sola y sanseacabó. ¡Mirá si te vas a poner a esperar que un tipo entienda de sentimientos!
Yo en una época en que me daban poca pelota, se me dio por mandarme flores para cualquier fecha. Y le hacía escribir al florista una tarjetita que decía “Feliz aniversario”. ¡No sabés cómo se ponía el otro! (en esa época yo tampoco tenía un ex).
Ahora, no te voy a decir más que quiero leer ese libro. Te voy a decir que no quiero leerlo, a ver si por la cosa esa de la sicología en reversa te hago entender ¡que quiero leer ese libro!
Además, fijáte: le hiciste creer al de la revista esa de que sos capaz de escribir como un tipo sensible ¡cómo no vas a publicar!
Un beso grande.
Comment by La Romu — March 23, 2006 @ 2:47 am
Estoy totalmente de acuerdo con la Romu en lo que al libro se refiere. Sería la primer compradora.
Yo también gané un concurso a los 17, pero lo mío fue mucho más prosaico: representaba a mi colegio en una muestra de murales. No entiendo porqué me lo dieron a mi, ya que había pinturas muchísimo mejores y por supuesto más originales. Hice un gran zapallo abierto por la mitad con un reloj adentro, supuestamente como representación de mi pueblo, un horror. Y el premio fue una lapicera 303 (los argentinos saben de qué hablo) y un minidiccionario.
Comment by Ginger — March 23, 2006 @ 11:19 am
Yo conocí a una chica que, hace aproximadamente dos años, se presentó en un concurso en el que no había más premio que un montón de cariño que iba a la deriva.
Ella decía que estaba “en pruebas” y, aunque de movida nomás uno se daba cuenta de que no hacían falta evaluaciones para considerarla superada, ella se esforzaba por hacerlo cada vez mejor.
Los premios llegaron como una consecuencia lógica a la belleza con que decoraba su lugar para acompañar un montón de textos que se movían entre profundidades, broncas, rebeldías y anécdotas graciosas.
Lo bueno de esos concursos es que nunca terminan y siempre aparecen premios nuevos, tan importantes como intangibles.
Siempre recuerdo con mucho cariño a esa muchacha a la que pude ver en compañía de unos pocos desde sus inicios.
Su nombre es Ani.
Un beso, Barbarita.
Comment by Faivel — March 23, 2006 @ 1:37 pm
Romu, me parece que yo sólo quería el anillo. O no sé… tal vez quería también la carta. Pero al final tuve lo mejor: la cara que ponía él cada vez que salía a colación el tema, ja ja ja. Y bueno, el tipo era (supongo que aún lo es) interventor de banco, ¿qué se puede esperar de alguien cuya habilidad más notable es contar billetes a la velocidad del sonido?
Ginger: si un día existiera un libro mío, no tendrías que comparlo, yo te lo regalaría. Y no creas, yo tampoco entendí mucho como es que me dieron el premio a mí. Realmente mandé el escrito porque no costaba nada probar, no porque pensara que fuese a ganar algo.
¡Faivel, continuamos siendo unos pocos! La diferencia es que ahora algunos ya nos hemos visto las caras, y nos hemos hecho amigos más allá de las letras en la pantalla. Y es verdad que poder escribir cosas y que alguien quiera venir a leer ya es todo un premio. Mucho mejor que el del anillo, sin duda.
¡Gracias a los tres por los comentarios!
Comment by Barbarita — March 23, 2006 @ 8:11 pm
¡Me encantó tu historia! Para mí quedó comprobado que el jurado de ese concurso estaba formado por mujeres, y que todas leyeron en tu carta la carta ideal que ellas esperaron toda su vida (y que jamás saldrá de una pluma masculina). Y en cuanto al anillo… no estaba predestinada a ser tuya para siempre, como tampoco ese marido :-)
Cariños
Comment by Verónica Sukaczer — March 23, 2006 @ 8:44 pm
¡Es verdad, Vero! ¿Un tipo escribiendo lo que una mujer desea escuchar? ¿Adónde se ha visto?
Un beso grande.
Comment by La Romu — March 23, 2006 @ 9:18 pm
¡Plop!
Tantos años preguntándome cómo pudo ser que mi falsa carta de amor ganara la dichosa sortija y ahora, Verónica, acabas de darme la respuesta más lógica que pudiera existir. Y lo que es mejor: ese jurado femenino al completo debió envidiarme hasta los tuétanos la suerte de haber pescado a semejante alma sensible!!
Comment by Barbarita — March 23, 2006 @ 9:21 pm
Barbie, lo que daría por leer esa carta!!!Yo la única vez que gané un concurso, fue con una letra de una canción y la presenté creyendo que era un buen ejercicio y nada más…Las mejores chances de triunfo, siempre aparecen cuando uno desplaza el eje de atención…me parece.
Comment by Laura — March 23, 2006 @ 10:17 pm
Uy Laura, esa carta se perdió hace años. Duró bastante más que el anillo, pero acabó diluyéndose junto a casi todo lo que compartí con el contador de billetes. Las cosas de nuestro matrimonio fueron desmaterializándose por este orden: el anillo, la carta falsa, los libros -incluyendo novelas, ensayos, diccionarios enciclopédicos y cómics-, y casi todos los enseres más preciados por ambas partes. Finalmente desapareció el domicilio conyugal, y posterior -y dolorosamente- el hijo. Creo que debería dedicar más posts a la atribulada vida de mi exmarido y sus capacidades supranormales, como por ejemplo la de ser de Asterix y Tintin al mismo tiempo. Lo que se dice un desequilibrado en toda regla.
Eso sí, un día le quemaron el coche y aún sigue pensando que fui yo en alguno de mis momentos Carrie. Pobre.
Comment by Barbarita — March 23, 2006 @ 11:03 pm
Barbie, en cualquier momento te armamos piquete con la Romu exigiendo el libro!!! Ese personaje merece desarrollo sin duda!
Comment by Laura — March 24, 2006 @ 7:33 pm
:)
Comment by Barbarita — March 25, 2006 @ 2:24 pm
Que lindo ganar concursos que se puedan confesar, a pesar de la trampa.
Yo solo he ganado inconfesables concursos en la adolescencia.
Comment by El Angel Gris — March 25, 2006 @ 5:30 pm
¿Así ó más lindo tu post?
Comment by Ixchel Ornelas. — March 27, 2006 @ 6:00 am
Lástima que perdieras el anillo y, felicitaciones por haber perdido a tu ex.
Besos y diamantes.
Comment by DudaDesnuda — March 27, 2006 @ 4:28 pm
Barbarita haciendo trampa?
…
Me parece que tomé y fumé demasiado en mis vacaciones.
HOLA!
Comment by Anony mouse — March 27, 2006 @ 4:53 pm
Angelgris: no será para tanto, ¿no? jeje.
Duda: a mi ex no lo perdí, me lo saqué de encima a propósito.
Anony: Hola!
(No digas trampa que suena feo… ;-) )
Comment by Barbarita — March 27, 2006 @ 8:10 pm
No entiendo que tu ex no quisiera participar en un concurso literario promovido por una revista para mujeres modernas ¡Pero si es nuestra afición preferida después del futbol y de la fórmula 1! ;)
Comment by Bart — March 28, 2006 @ 6:24 am
Sabés de qué me di cuenta?
Que sos mejor elegiendo ex-maridos que maridos!
Comment by Anony mouse — March 28, 2006 @ 4:38 pm