Ayer fui a que me hicieran una mamografía y tuve suerte. Generalmente tardan cuatro días en dar el resultado, pero como la mujer que manejaba la máquina de los rayos equis era compasiva, me dijo que hablaría con el doctor para ver si le venía bien mirar lo mío ya, y así podría llevarme las placas y el informe, y no tendría que regresar a buscarlos más adelante.

Al cabo de unos pocos minutos, aparece el radiólogo en el pasillo, me llama por mi nombre y me hace entrar en la consulta. Yo creí que sería para solventar algún tema burocrático o similar… pero no, me dice que me saque el suéter, me embadurna la teta izquierda con un gel transparente que estaba bastante frío, me aplica un aparato de esos como los que usan cuando estás preñada y te hacen una ecografía, y dice:

—Ajá, aquí está el quiste.

Gracias a Dios, normalmente estoy sentada y no me caigo al suelo del susto, por más feo que pueda resultar el panorama; pero igualmente, me quedé un poquito rígida de espalda y pensé algunas cosas, así, a borbotones:

1 - ¿Es que no se puede vivir tranquila ni una semana en esta vida?
2- ¿Y ahora qué, qué voy a tener que hacer, adónde me van a estar mandando ésta gente?
3- ¿Es que cada vez que voy al médico tienen que estar encontrándome algo, no va a haber una sola ocasión en la que me miren y me digan: es usted una enferma imaginaria?

Pues no, parece que no.

A todo esto, el doctor seguía toqueteando mi pecho através de la maquinita, y me pregunta, como lo más normal del mundo:

—¿Quieres que te lo saque ahora o lo dejamos?

—¿Cómo que si quiero que me lo saque o que me lo deje ahí? ¡Usted sabrá, haga lo que sea mejor!

Y entonces se puso a observar con atención la placa de mi pobre teta izquierda que, efectivamente, aparecía con una mancha blanca bien redonda en la foto. Acto seguido, se acercó al estante, agarró una aguja calibre piercing de ombligo con su respectiva jeringa, y me advirtió:

—No tengas miedo, que no es nada.

A mí sólo me salió decir:

—No se preocupe, que este mes ya he ido al dentista tres veces y he sobrevivido. Adelante, pinche y libéreme del alien cuanto antes.

Así que el tipo pinchó, hizo todo lo que tenía que hacer, y yo me porté mejor que nunca: ni grité, ni lloré, ni pataleé, ni nada.