No te alejes mucho si ves que va a haber tormenta
Doña Ele nunca hubiera imaginado que iba a morir como lo hizo, sentada en el sillón de su casa frente al televisor, tan tranquila, con el mando a distancia en la mano. Pero así es la vida, o mejor dicho, la muerte: caprichosa a veces, inoportuna siempre.
Y es que Doña Ele, mucho más que otros vecinos del barrio, ya le conocía el talante a la parca, pues en sus tiempos fue madre de cuatro hijos a los que dio a luz completamente en vano. Cuatro hijos que echó al mundo con sus cuatro embarazos, sus cuatro partos y sus interminables tandas de dolores cada uno, que lo único que depositaron en las manos de la comadrona fueron cuatro tristezas profundas y muchos años de luto.
Porque Doña Elefantina paría a los hijos muertos. Y no los paría al principio de la gestación, que de haber sido así, la cosa hubiera acabado en simple aborto espontáneo. No, los paría a los nueve meses justos como todas las preñadas, con la única diferencia de que los suyos venían al mundo ya cadáveres, cansados de no se sabe qué cosa, en silencio y con el corazón detenido.
De modo que resulta fácil comprender que Doña Ele tuviera el carácter un tanto ajado desde mediados de los setenta, y que el que había sido su marido durante cuatro décadas prefiriese salir por las tardes a echar una partidita de mus con los amigos que frecuentar la Calle Mayor del brazo de su mujer que, a decir verdad, siempre fue muy guapa de cara a pesar del rictus torcido.
Pero esa tarde Don Frasquito ni siquiera se encontraba jugando a las cartas. Se había ido con el sobrino a pasarle la revisión al coche, la ITV que llaman, y Doña Elefantina se quedó sola en la casa, dueña y señora del control remoto, que vendría a ser como decir reina por un día, igual que en el programa aquél de la Primera Cadena que tanto le gustaba cuando era joven.
Y Doña Ele recuerda ahora, convertida en fantasma, que en el rellano no hacían más que llamar y llamar. A la puerta, a éste lado y al otro. Venga portazos, venga nombres de vecinos, venga gritos y cosas. Venga a molestar, como de costumbre. Así que ella ni caso, ella a lo suyo, a su serial de la tarde y a su tecito con miel para el resfriado.
Si hubiese sobrevivido y la policía hubiera creído conveniente tomarle declaración, lo más seguro es que Doña Ele hubiese culpado de todo al borracho del primero segunda, que siempre iba como iba. Pero no, la mala fortuna quiso que muriera en el acto y no tuviera la más mínima oportunidad de acusar a nadie. Lástima.
Los periódicos, al día siguiente, informaron de la tragedia con notas tipo: "La mujer fallecida en el siniestro, de sesenta y ocho años de edad, había permanecido en su domicilio sin que nadie lo advirtiera, mientras el edificio era evacuado por las fuerzas de seguridad ante la amenaza de explosión. El presunto suicida fue rescatado en situación grave a causa de los efectos nocivos del gas, pero según el último parte médico, evoluciona favorablemente".
Don Frasquito no podía creer lo ocurrido cuando llegó a lo que era la desembocadura de su propia calle y vio los camiones de bomberos, los coches de policía y las ambulancias. Menos lo pudo creer cuando vio el edificio ennegrecido, empapado y en ruinas. Menos aún, cuando en el hospital le comunicaron que Doña Ele había muerto, segundos antes de la terrible explosión, a causa de una embolia pulmonar. Los médicos le aseguraban, una y otra vez, que su esposa no había sufrido, que su muerte ocurrió de manera fulminante y que lo más probable es que hubiera fallecido igual de no haberse producido el siniestro.
Como si eso constituyera algún tipo de consuelo, Don Frasquito asintió y ya no quiso escuchar más explicaciones. Al cabo de mucho rato, se marchó a caminar y se sentó a la vera del río. Pensó en la vida en común que había tenido con la que, hasta hacía apenas unas horas, había sido su mujer; pero sobre todo, pensó en los hijos que no nacieron y que sólo crecieron en el vientre de Doña Elefantina, como si el planeta en toda su extensión hubiera sido ese útero, y a los que no pudo dar una bienvenida ni una despedida nunca.
Y le pareció que ahora estaba ocurriendo lo mismo, que el mundo al completo era ella y se desvanecía, y no quedaba una foto, un pañuelo, una sábana lisa ni un tenue olor que dijera que alguna vez existió y que la amó en cualquier circunstancia.
Pensó en muchas cosas Don Frasquito esa noche, pero sólo se animó a decir, tratando de conservar su tono neutro y apacible de siempre: "Hasta pronto, Ele. No te alejes mucho si ves que va a haber tormenta". Y casi se alegró de encontrarse solo a partir de ese momento, no teniendo a donde regresar.

Puf! Que cosita Barbie, como me has dejado! Te quiero mucho.
Comment by Laura — December 18, 2005 @ 9:59 pm
Que historia Barbarita, que tristeza todo, y lo absurdo de la muerte, que te pilla así nomás… Un abrazo.
Comment by Sil — December 18, 2005 @ 11:31 pm
¡Quiero leer ese libro!
Un beso grande.
Comment by La Romu — December 18, 2005 @ 11:52 pm
Gracias, Laura. Yo también a tí :)
No es tan triste, Sil, es la vida…
Ay Romu, dilo bajito que así parece un conjuro y me da cosa.
Besos a las tres.
Comment by Barbarita — December 19, 2005 @ 4:37 pm
Lindo Barbarita. Es un cuentito justo como los que me gustan a mí.
Comment by José Joaquín — December 19, 2005 @ 7:05 pm
No se si es que pusieron pegamento o algo en mi silla, pero después de leer no me pude levantar por un buen rato.
Yo tambien quiero ese libro.
Comment by ElTeta — December 19, 2005 @ 7:07 pm
Muchas gracias, J.J. y ElTeta :)
Comment by Barbarita — December 19, 2005 @ 7:59 pm
No puedo esperar hasta que salga el libro, quiero más cuentitos de estos en el cuadernito. Me encantó.
Comment by Ginger — December 19, 2005 @ 9:22 pm
Gracias, Ginger. Lo intentaré :)
Comment by Barbarita — December 19, 2005 @ 11:41 pm
Bien ahí, Barbarita.
Me gustó, quiero mas.
Comment by El Angel gris — December 20, 2005 @ 3:20 am
¡Gracias, Angel!
Comment by Barbarita — December 20, 2005 @ 7:40 pm
Habrá que pedirle a Doña Ele que no se aleje tanto. Que lo siga cuidando a Don Frasquito, aunque ahora… vaya uno a saber. No creo que le quede tiempo, hay que pensar que tiene cuatro bebés.
Besos y encuentros.
Comment by DudaDesnuda — December 20, 2005 @ 7:46 pm
Muy bueno :) y cuanto odio te tengo (el odio tiene mucho de envidia) por escribir tan bien. Yo lo intento pero no lo consigo.
Comment by dvd — December 21, 2005 @ 10:36 am
Si, un libro estaría bueno.
Pero así de a poco y espaciado, también está bueno.
Comment by Anony mouse — December 21, 2005 @ 5:25 pm
Sí, Duda, ahora Doña Ele está muy ocupada!
Gracias, dvd :)
Gracias, Anony :)
Comment by Barbarita — December 21, 2005 @ 10:31 pm