Estoy insomne, y estar así cuando al día siguiente tienes que levantarte para ir a trabajar es una putada.

Estoy insomne por culpa del resfriado, que me obstruye las vías respiratorias y hace que me despierte una y otra vez, medio ahogada y sin paciencia. Y también estoy insomne por la última sonrisa de mi abuela, que se la pude ver el sábado mientras le decía cosas para hacerla reír una vez más, y no creo que vaya a volver a repetirse.

Ya estamos grandes para continuar siendo nietos, parece. Y mucho más grandes para tantos hábitos diarios que nos muestran débiles (leer tebeos, inventar historias, llorar). Pero aún y siendo grandes como somos, es muy dificil decir adiós a quien te apretó fuerte contra su pecho cuando alguna vez sentiste miedo.

Porque eso, por más años que pasemos a este lado de la vida, nunca vamos a aprenderlo.