Así es. No considero que sea mala suerte ni nada, es sólo que me doy cuenta de que este tipo de cosas, si tienen que pasar, nunca le pasan a otro.

Bueno, cuento el caso de ayer y ya me dirán si lo mío no da para el análisis.

Estábamos con Xavi y una pareja de amigos cenando en un restaurante horrible de comida horrible. No entramos allí por gusto sino porque no nos quedó otro remedio, pero eso es otra historia. Viene una chica a tomar nota de lo que queríamos para beber y le pido una Coronita. Me dice entonces que no tiene Coronita, que es Sol, y yo le digo que vale, que no hay problema.

Al rato aparece un pequeño ser con delantal verde llevando una bandeja redonda en la mano. Le sirve a Xavi un agua, a mis amigos unas Pepsis y a mí me pone una cerveza que no era Sol, ni parecida.

Le digo, con mi mejor sonrisa:

—Disculpa, pero era una Sol lo que quería.

—Ajá —responde, también muy sonriente, señalando la botella con el dedo índice de la mano derecha, como indicándome (tonta del culo), que ahí está.

Me quedo observando el envase unos segundos, tratando de averiguar por qué si es una Sol la botella es de color ambar y tiene una etiqueta que pone A.K. Damm.

—Perdón, pero… esto no es una Sol —insisto, antes de que me la sirva y sea demasiado tarde.

Acto seguido, el tipo me mira con esa cara mega bonceada por la que autosupone tiene el poder de hacerme creer cualquier cosa que diga, y responde de nuevo:

—Ajá, es Sol —y me la vacía dentro del vaso me guste o no, sacándose toda responsabilidad de encima y desapareciendo de mi vista por teletransportación instantánea.