—¿La silla también viaja? —me pregunta un taxista este mediodía cuando termino de subirme a su coche.
—¿A usted qué le parece? —le digo—, ¿cree que va a obrarse algún milagro durante el trayecto?
Mi madre tuvo, durante un montón de años, un amante que era agente del CESID. El típico personaje que dice tener una mujer enferma mental recluida en un sanatorio y que por eso no puede casarse de nuevo.
Era un tipo que venía todos los domingos a almorzar a mi casa y charlaba conmigo, pero sólo conmigo, en la sobremesa. Uno que me revisaba las libretas del colegio para ver si tenía los deberes hechos y si era así, me regalaba un billete de cien pesetas nuevito, recién salido de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
[Leer más]
Todo lo complicado mejora con Tesla
Es increíble lo que acabo de hacer: ¡acabo de fregar el suelo de la habitación donde tengo el ordenador!
He salido de la ducha y mientras me secaba el pelo he puesto el último disco de Tesla, "Into The Now", que es justo el que uso siempre cuando me pongo a escribir (vayan a buscar cualquier post, el que más les haya gustado de todos, y sepan que al fondo siempre estuvo sonando el último álbum de esta adorable banda de la ciudad de Sacramento). Bueno, a lo que iba: entonces he visto el cubo de fregar con su agua y su jabón en la puerta del baño, y como hace un siglo que quería que Xavi me fregara ese cuarto y nunca lo hace porque siempre está ocupado (el cuarto, él no), se me ha ocurrido que podría intentar fregarlo yo, aprovechando que no había nadie y que el cubo estaba ahí como esperándome…
¡Y sí, lo he hecho! ¡Yo solita!
¡Y además he conseguido sacar las manchas de café que ya formaban parte de la decoración del terrazo!
Ahora estoy escribiendo esto un poco lenta porque se me agotaron las pilas, pero estoy tan contenta que no podía dejar de anotarlo en el cuadernito.
Así que ya saben, para tareas realmente difíciles: "Into The Now" – Tesla (2004)
Siempre las cosas más raras me pasan a mí
Así es. No considero que sea mala suerte ni nada, es sólo que me doy cuenta de que este tipo de cosas, si tienen que pasar, nunca le pasan a otro.
Bueno, cuento el caso de ayer y ya me dirán si lo mío no da para el análisis.
Estábamos con Xavi y una pareja de amigos cenando en un restaurante horrible de comida horrible. No entramos allí por gusto sino porque no nos quedó otro remedio, pero eso es otra historia. Viene una chica a tomar nota de lo que queríamos para beber y le pido una Coronita. Me dice entonces que no tiene Coronita, que es Sol, y yo le digo que vale, que no hay problema.
[Leer más]
No agradezco en presencia de extraños
Bernardo vino a buscarme al trabajo un mediodía. Bueno, en realidad vino más de un mediodía, pero ahora sólo voy a contar lo que voy a contar.
Subió y le enseñé mi despachito. Con mi compañera Celi se puso a charlar y acabaron cantando juntos el estribillo de una canción. Me regaló un cuentito que había dibujado él, y un tebeo que había dibujado otro señor, y no le di las gracias porque no me gusta agradecer con el corazón en presencia de extraños.
[Leer más]
¿Nunca les pasó querer describir algo y que por más que ponían palabras, una detrás de la otra, no conseguían explicar nada?
A mí sí. Ahora mismo me está pasando.
Es como sufrir una especie de parálisis del intelecto, como constituir un punto de partida que no es tal porque no llegas a comenzar ningún viaje. Es como quedarte en el quicio de una puerta eternamente, sabiendo que la tristeza va a empezar a empaparte los pies de un momento a otro. Querer explicar por qué sientes el corazón aumentado de tamaño y no hallar el mecanismo adecuado para hacer partícipe al resto del mundo.
Pero las mejores despedidas siempre fueron así, silencios que se prolongan de forma indefinida, que te dejan diciendo adiós con la manita en una calle cualquiera sin otorgarte un territorio de certeza, sólo días y horas felices agazapados entre la boca del estómago y la memoria.
