Noto que voy perdiendo identidad a medida que me alejo de lo que fueron mis años más llenos. Es un proceso que lo vivo lento y en muchas ocasiones está fuera de mi atención… pero de repente me viene un instante de aquellos en que parecía que la vida viajaba por su carril a velocidad constante y segura, y me gana la sensación de haber abierto una puerta que me abocó a un mundo plagado de trampas. Y lo más desconcertante es que estoy obligada aceptar una nueva versión de mi vida, paralela a la que se sucede en la habitación contigua.
Me dispongo a oír ecos y arreglos básicos de mi existencia o, en su defecto, a subsanar el error despertando. Pero no es tan fácil, sencillamente porque no duermo.
En la habitación de al lado estoy en ese guión que se fue escribiendo con calma desde mi adolescencia, donde mi hijo va a la universidad y sé de qué universidad se trata, y conozco qué carrera estudia. Donde yo voy a trabajar y me quejo porque tengo una ocupación de mierda, plancho o reparto muestras de detergente por las casas. O peor aún, continúo subsistiendo en los mercados a puras risas y muy, muy poco dinero. Pero estoy entera. Con el cuerpo, la cabeza y el corazón en un mismo bloque y soy quien siempre pensé que finalmente sería.
De repente ya no. Y ya hace tiempo que no, pero no me convenzo. Hay momentos en que no me basta la realidad para verme, para aceptar los cambios, para llenar los afectos heridos con manifestaciones nuevas. Para saber que el tiempo pasa distinto, que la gravedad es un imán gigantesco, que un abrazo en la noche puede asfixiarme. Quisiera, a veces, salir de este cuarto en el que me encuentro ahora. Darme la vuelta y abrir esa puerta que tengo detrás de mí, y llegar al corredor donde todo se decidió tan rápido y tan por su cuenta. Y hacer algo que me devuelva la brújula, o al menos, me otorgue la posibilidad de entrar consciente y armada al campo sembrado de minas.

Se perfecto a que te referías en este post, menos porque te conozca y medio conozca tu historia, sino más bien porque la vida nos pierde la pista, y hace lo que quiere con nosotros… describes un sentimiento conocido, y como siempre, muy bien.
A este post llegué por casualidad y me pregunto que opinas tu de él hoy por hoy… un beso Barbie.
Comment by pal — June 10, 2007 @ 7:05 pm
Sigo pensando lo mismo, Pal. Pero por suerte, esa sensación la tengo cada vez menos seguido. El día que escribí este texto estaba muy muy triste. Era una tristeza serena, profunda y breve, como ese minuto de silencio que se dedica a los muertos ajenos cuando hay un atentado o un accidente múltiple.
Comment by Barbarita — June 10, 2007 @ 7:47 pm