Noto que voy perdiendo identidad a medida que me alejo de lo que fueron mis años más llenos. Es un proceso que lo vivo lento y en muchas ocasiones está fuera de mi atención… pero de repente me viene un instante de aquellos en que parecía que la vida viajaba por su carril a velocidad constante y segura, y me gana la sensación de haber abierto una puerta que me abocó a un mundo plagado de trampas. Y lo más desconcertante es que estoy obligada aceptar una nueva versión de mi vida, paralela a la que se sucede en la habitación contigua.
Me dispongo a oír ecos y arreglos básicos de mi existencia o, en su defecto, a subsanar el error despertando. Pero no es tan fácil, sencillamente porque no duermo.
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