Conversación entre la becaria y yo, este mediodía yendo a comer:
Ella (con acento alemán, porque es alemana): Y bueno, Barbarita, ¿cómo se va a llamar el próximo disco?
Yo: No lo sé.
Ella (asombrada): ¿No?
Yo (parando y poniéndome la capucha porque caía una lluvia fina): No.
Ella (esperando paciente a que yo terminara): ¿Cómo es que no, si trabajas aquí?
Yo: Pues porque no ando preguntando cómo se va a llamar el disco.
Ella (no dando crédito): Pero… deberías saberlo.
Yo (intentando poner las cuatro patas en sitio seguro para no acabar desparramada de mala manera): ¿Sí? No sé… ¿qué importancia tiene?
Ella: Mmmm… creía que lo sabrían todos, el nombre del nuevo disco.
Yo: Bueno, quizá los otros lo sepan. Puedes preguntar.
Ella (confusa): Ajá, preguntaré.
Más tarde, ya a mitad del almuerzo:
Ella: ¿Y tú, Barbarita, como es que llegaste a trabajar aquí?
Yo (partiendo una croqueta con el tenedor): Muy fácil, soy amiga del guitarrista.
Ella (después de un sorbito de coca-cola light y una sonrisa que quería parecer cómplice): Oh… entiendo.
Yo: Una suerte, sí.
Ella (no muy convencida con mi comentario): ¿Pero qué estudios tienes para que te dieran a tí el trabajo?
Yo: Ninguno. No tengo ni la menor idea, no contabilicé nada anteriormente.
Ella (con acento super alemán): Oh, Barbarita, pero de alguna manera tuviste que aprender a utilizar los programas.
Yo: ¡No, pero si no sé usarlos! El baterista tiene una amiga que sí es contable de verdad, entonces cada vez que hay que hacer algo complicado, la llamo por teléfono, ella confecciona una plantilla en excel, me la envía por correo y yo la voy llenando con los datos que se requieren. Luego mandamos eso a la gestoría y ya está.
Ella (con los ojos agrandados como discos de vinilo): Pero debe ser muy dificil trabajar así.
Yo: No, qué va. Lo dificil es cuando llegan facturas de 18.000 euros y hay que encontrar el dinero para pagarlas.
Cuando ya habíamos terminado y estábamos caminando de vuelta a la oficina:
Ella (con cara de preocupación): Barbarita… no supe qué decirle antes al mensajero de MRW cuando llegó a buscar la cartelería y nadie le hizo caso.
Yo: ¿Cuándo?
Ella: Antes, cuando estábais todos ahí metidos en un despacho oyendo la canción nueva. El chico llevaba rato esperando en la otra sala.
Yo (sorprendida): Ahh, no me dí cuenta que hubiera entrado alguien. Igual, es normal que nadie se levante ni atienda absolutamente nada mientras se escucha por primera vez la grabación definitiva de un tema. No sé qué estudios estás cursando en la universidad, pero por si acaso ahí no te lo explican, yo te digo que lo primordial para hacerlo bien en cualquier parte, no es saber el título de las obras antes de que salgan al mercado, ni manejar todos los programas informáticos que se se precisan en una oficina, sino saber prestar atención y tener máximo respeto al estreno íntimo de todas aquellas cosas que se están creando. Algunos estuvieron meses y meses trabajando para conseguirlo, así que contribuír a que se paralice el mundo durante tres minutos alrededor de eso, es lo mínimo que debemos hacer.
