Era una mañana de 1988 y mi hijo y yo nos encontrábamos en un café de Madrid. Un café chiquito, un sitio agradable, una cajita con escaleras hacia arriba, revestimiento marrón intermedio y olorcito a chocolate fundido. Café Gades.
Marc tenía cuatro años y bebía su vaso de leche columpiando las piernecitas al aire. Yo tomaba lo mío en taza grande, como casi nunca, y afuera empezaba a hacer acto de presencia el calor de Agosto a pleno. En el techo giraba un ventilador de esos con aspas enormes.
Estábamos en una conversación que no recuerdo, cuando, de entre la distracción y el tintineo de la vajilla, emergieron unos compases, una percusión y unas flautas:
Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.
Me agaché un poquito, aproximé unos centímetros mi cabeza a la de mi hijo, como si de un secreto se tratara, y empecé a susurrar la letra que Serrat cantaba a lo lejos, en el hilo musical.
Yo, que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras,
tu alma es profunda y oscura.
—Te la saps, mami!
Le dije que sí con un gesto y continué para mí sola. El niño sumergía galletas en la leche y las rescataba con la cucharilla.
A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino…
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
tengo alma de marinero…
Qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo…
Nací en el Mediterráneo…
No creo que él recuerde este episodio de su infancia, ese café. Fueron las vacaciones más lindas que pasamos. Las únicas de él y yo solos. Pero sí sé que se acuerda bien de los polos "Mua-Mua" que mi amigo José le compraba para combatir la temperatura árida de la meseta, y los chupachups "Drácula" de la Plaza Chamberí. Y de que los padres de los otros niños creían que era hijo de mi amigo y él no hacía más que aclarar: "Noooo, mi padre está en Barcelona".
Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
Eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.
Mi amigo José contaba 21 años ese verano, le quedaban apenas nueve en la vida. Era primo de un compañero mío de clase y por ahí nos conocimos. Un tipo blanco nórdico, nadie sabe cómo. Tenía dos hermanos, uno mayor y otro menor que él, y cuando su madre nos veía a los cuatro juntos, decía que ya nos tenía a todos en casa.
Ay… si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo…
Me decían "la niña" en esa familia. A mi hijo lo querían mucho y la que más, la perra. El padre venía borracho cada noche y armaba escándalos. Por eso Marc y yo dormíamos en la pensión sobre el Café Gades, cerca de allí. Por el día sí había tranquilidad y lo pasábamos en la casa sin problemas.
En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista…
Cerca del mar. Porque yo
nací en el Mediterráneo…
Nací en el Mediterráneo…
Fue un verano especial. De las veces que me sentí más acompañada en mi vida. Ir al mercado con alguien a la que sentía como a una madre. Aprender recetas de cocina, que me dejaran saber historias descarnadas, sin velos. Mirar cuadros. Charlar con José mientras mi hijo dormía. Escuchar Mediterráneo en el lugar más inesperado y guardar intacta la inocencia.

Despues de ver lo hermosa que escribiste esta historia, no me salen las palabras. Que bellos recuerdos tienes. Que bonito que los compartas con nosotros.
Un beso, preciosa.
Comment by _NaGoRE_ — December 10, 2004 @ 8:51 pm
Gracias Nagore.
Sí que es uno de los recuerdos más bonitos que tengo. Qué bien que te haya gustado.
Un besazo.
Comment by Barbarita — December 11, 2004 @ 12:04 am
Yo cuando tuve a la sobri casi recién nacida en brazos, para hacerla dormir por primera vez, busqué en mi memoria una canción.
Tenía que ser una canción especial, que cuando ella fuera grande, yo pudiera enseñarle la letra y decirle “Esta es la primera canción que la tita Romu te cantó para dormirte ¿Te la querés aprender?”
Y desde el fondo oculto de algún baúl me trepó a los labios Amigo mío, de Joan Manuel Serrat, el primer hombre del que me enamoré.
Y hoy, algunos años después, de a poquito se la voy enseñando.
Un beso grande.
Comment by La Romu — December 11, 2004 @ 3:13 am
Recuerdo una vez que vi a una mamá muy guapa caminando con su bebé en brazos. Iba cantando una canción a los oídos del niño. Sólo ella y él existían en su mundo, y no creo que ninguno de los dos necesitara más compañía.
Comment by José Joaquín — December 11, 2004 @ 7:30 am
Es increíble la manera como Serrat es capaz de ser inseparable de los momentos mas trascendentes de la vida. Yo me enamoré (pero de verdad, con todo), con “No hago otra cosa que pensar en ti” de fondo. Y cuando estaba embarazada de mi hijo me ponía auriculares en la panza con la música de “Esos locos bajitos”.
Que linda tu historia Barbi, como siempre un placer leerte.
Comment by Ginger — December 11, 2004 @ 2:19 pm
Esos son los momentos en los que no necesitamos de una foto para volver a vivirlos. Te lo digo como hijo, claro.
Comment by mentecato — December 13, 2004 @ 1:45 am
Romu, lindo lo de la primera canción para dormir a la sobri. ¿De veras Serrat es el primer hombre del que te enamoraste? ¡Qué tierna!
Sí, Ginger eso pasa con Serrat. Y como debe tener 500 canciones o más, se puede encontrar una para cada cosa ;-)
Mente, ojalá a mi hijo también le pase.
Besos!
Comment by Barbarita — December 13, 2004 @ 1:55 pm
Cuando me anudás la garganta despacito y con pulcritud exacta, te sale un nudo marinero delicioso.
Me salen canciones que me han cantado, y me salen las que le canto a mi sobrino, pero leo este post más allá de ese verano y lo veo retenido en el tiempo, como flotando en la línea temporal. Como si cada día pudieses sumergirte en ese instante cuado te sientes sola, triste o feliz.
Y eso, es sanamente hermoso.
Abrazo
Toro
Comment by Toro — December 13, 2004 @ 2:01 pm
Precioso, muy dulce…
Un saludo!
Comment by Susana — December 13, 2004 @ 2:33 pm
Gracias Toro. Cierto que el episodio de ese verano anda como flotando, lo agarro muchas veces y me quedo ahí un ratito porque me hace sentir muy bien ;-)
Gracias, Susana!
Comment by Barbarita — December 13, 2004 @ 2:56 pm
Lindo el post, Barbi.
Te mando un calido abrazo.
Comment by Mercedes — December 13, 2004 @ 5:51 pm
Lo que sigue lo escribió Beatriz Martinelli. Espero les guste:
NO ME RECONOCISTE
cuando en la orilla
de tu enagua me cantabas
era una niña de tu misma edad creo
y seguiste diciéndome cosas al oído
me hablaste de un pueblo blanco
y lo pinté en mis pupilas
conocí al cabo
al sacristán y al cura
y los vi morir a los tres
y fuimos creciendo
haciéndonos grandes
arrastrando cada uno su propio carro
y criando nuestros locos bajitos
que -cargaban con nuestros dioses y nuestro idioma
nuestros rencores y nuestro porvenir-
cuando estuvimos en la misma calle
de la misma ciudad
no me reconociste
había mucha gente
y las luces de los focos te enceguecían
pero allí estaba yo
dándome cuenta
de cuánto tiempo habíamos pasado
claro
no me reconociste
había mucha gente
pero me encontré a los veinte
a los treinta
a los cuarenta
te encontré cuando salía corriendo
con las carpetas bajo el brazo
y vos seguías cantando
-por cierto al techo no le iría nada mal
una mano de pintura-
y claro que sí
crecimos y nos volvimos casi viejos
juntos
no me reconociste
pero es que había mucha gente
Beatriz Martinelli
Comment by DudaDesnuda — December 13, 2004 @ 7:01 pm
Gracias, Mercedes. Un abrazo también para ti.
Sí, Duda. A montones de personas nos ha pasado eso que escribió esa mujer. Y a más de una generación. Yo tenía 16 años la primera vez que fuí a un concierto de Serrat. Fue en la Plaza de Toros de Barcelona y me quedé prendada cuando oí delante de mí canciones que eran como la banda sonora de mi infancia (ya ves tú, me sentía grande ese día jajaja).
Comment by Barbarita — December 13, 2004 @ 7:17 pm
Al terminar de leer me queda una mezcla de nostalgia y alegría.
Como dicen, fuimos varios los que crecimos con Serrat, sus canciones nos fueron mostrando los caminos.
Con su música recordamos etapas de nuestra vida.
Saluditos.
PD: Dudita, muy lindo el texto de Beatriz Martinelli. Besos.
Comment by Alejandra — December 13, 2004 @ 8:10 pm
Sos tan tierna que imagino que el día en que te haga una caricia te atravesaré con los dedos.
Un beso grande Barbi.
Salú.
Comment by Faivel — December 14, 2004 @ 2:50 am
Que lindo post, Barbarita. Espero tener lindos recuerdos junto a mi hijo para contar mas adelante (ya tengo varios).
Comment by Guty — December 16, 2004 @ 12:12 pm
Nostalgia es la palabra que acompaña este escrito. Felicitaciones.
Salutes
Comment by juanba — June 6, 2006 @ 9:35 pm
De casualidad encontré esta página y qué emociòn ver que comentan un poema mío escrito para y por Serrat. No creo conocer a nadie de las que escribe pero en verdad me encantó encontrarlas.
Un cariño enorme de esta argentina Beatriz
Comment by Beatriz Martinelli — October 22, 2008 @ 2:22 am