Si hace 10 ó 12 años alguien me hubiera obligado a permanecer en casa las horas que paso actualmente aquí metida, hubiese preferido hacerme vagabunda o directamente insecto.
Un día normal del año 90 no paraba más de una hora en casa a mediodía, y tres a la noche antes de ir a la cama, siendo generosa. Dos años depués aún era peor, salía a las 6:45 y hasta tocadas las 21:00 no volvía a pisar suelo alquilado.
Todo ese derroche de calle incluía llevar al nene al cole por la mañana (lo dejaba en un servicio de guardería que teníamos contratado los padres con horario incompatible, hasta que comenzaban las clases). Ir a trabajar, salir de trabajar 8 horas después, improvisar mi comida en cualquier parte, volver a recoger al nene, llevarlo al parque, tirarme en un banco si alguna mamá se ofrecía a vigilar los juegos, y recuperarme. A las 19:30 más o menos volvíamos para el barrio y nos llegábamos hasta lo de mi madre, que vivía muy cerca de nosotros. Preparaba la cena para todos, nos la zampábamos y en poco rato ya nos íbamos para nuestro nidito, mi príncipe y yo. A las 21:30 descansábamos plácidamente acunados por Morfeo. Así era un día estándar de nuestra vida. A veces no tocaba tanto parque y sí más supermercado. Dependía de la situación en que se encontrara el frigorífico.
Ahora dibujo pájaros azules sobre ramitas de árboles sin hojas. Para sentir el viento más que nada. Ahora nadie tiene una tarde —sólo una— para perder conmigo en horario comercial y que pueda cambiar mi ropa vieja por otra nueva. Todo el mundo está muy ocupado en lo fundamental de la vida: el trabajo, los ensayos, mirar libros, traer cacharros de segunda mano para terminar con el poco espacio que queda… y bueno, lo normal para los que van a donde quieren cuando quieren y no tienen que contar con nadie para movilizarse.
Este detalle que cuento, más algunos otros, conforman ese pequeño conjunto de accidentes que marcan la diferencia entre ser dueño de tu propio medio o no. Y lo digo sin rencor ninguno, porque con el recorte de libertad llega también la paciencia a tu vida. Todo en el mismo paquete. Robusto, hermético y sin posibilidad de devolución.

Este es el tipo de post por el que vengo a tu casa. Tus reflexiones en voz alta siempre nos dejan algo. Buena onda.
Comment by José Joaquín — November 3, 2004 @ 2:56 pm
Gracias J.J. :)
Ahora estoy tomando notas en el tallercito ese que acontece en lo de Hernán, donde dice que tienes que ser gracioso, seductor y mentiroso para escribir bien.
Yo que sé, la Romu sólo tiene mal humor y lo hace muy bien también, habrá que no tomarlo al pie de la letra ;-)
Besos!
Comment by Barbarita — November 3, 2004 @ 8:54 pm
Quizás con tu sensibilidad y ternura alcance para escribir tan agradablemente como lo hacés…
Yo laburo todo el día con una computadora delante: por fin cuando llego a mi casa para descansar… trasnocho delante de una computadora :)
Beso, Ani.
Salú.
Comment by Faivel — November 4, 2004 @ 3:06 am
Yo soy el mocoso que nunca comenta en serio. Pero cuando escribís así Ani, cuando largás la tinta con el arte de un calamar, me dejás sin palabras. Pero con muchos conceptos.
Abrazo
Toro
PD: Qué aburrido me puse che! jeje
Comment by Toro — November 4, 2004 @ 1:23 pm
Y pensar que los que vivimos apurados nunca tenemos tiempo para los pájaros azules ni la paciencia, tan necesaria.
Te agradezco la reflexión.
Besos.
Comment by Guty — November 4, 2004 @ 4:30 pm
Faivel, a mí me pasa lo mismo, pero lo voy alternando: Trabajo un ratito, luego me pongo a vaguear por la red. Regreso al trabajo… luego otro ratito de diversión, y así. Yo lo tengo bien, porque no hay horario conmigo. Descanso cuando quiero o necesito. Pero al cabo del día… ufa, cuantas horas delante de la pantalla!
Torito: tus comentarios son la alegría de este blog, nene. Así que comenta en serio, comenta en broma o comenta como quieras, pero comenta!
Guty: cada uno tiene su papel en la vida. ¿Te imaginas a mi novio haciendo acopio de paciencia y dibujando pajaritos? Nooooo, la de hambre que íbamos a pasar! Ciertas situaciones implican unas acciones X, y otras situaciones, otras. Lo importante es formar un equipo y poder tirar adelante.
Besos a los tres.
Comment by Barbarita — November 4, 2004 @ 8:19 pm
Yo soy una privilegiada. Tengo una ramita tuya en mi casa en la que estoy a tu lado mirando la vida desde otro ángulo. Y es ese ángulo el que me recuerda lo importante de perder una tarde para cambiar la ropa de una amiga.
Comment by Ginger — November 5, 2004 @ 12:36 pm
Ginger, ¿ves? lo bueno de los dibujos es que puedes hacerte aparecer junto a quien desees, en el lugar que desees y haciendo lo que te venga en gana!
Beso!
Comment by Barbarita — November 5, 2004 @ 3:28 pm
Yo, como Toro, también soy una mocosa que jamás habla en serio (son cosas de la adolescencia) y ahora, no va a ser la excepción.
Lástima que vivamos tan lejos, Barbarita. No es que me sobre el tiempo pero alguna que otra tarde para mirar vidrieras y entrar a revolverles el negocio a las vendedoras obsesivamente prolijas, cómo no me haría para acompañarte!
Comment by Sonia — November 5, 2004 @ 3:40 pm
Gracias Diabli ;-)
Aquí lo que haría falta es el martillo de las milanesas de la Romu. De hecho, sólo tengo dos maneras de hacer notar que estas cosas son importantes. Una, negarme a actualizar las páginas de todos los desalmados que pasan por esta bendita casa, hasta que alguien no se brinde gentilmente a acompañarme. Dos: administrarles una charla en la que acaben pensando que son unos egoístas de mierda. Pero eso sólo ocurre cuando llego al límite de mi paciencia, o cuando la ropa ya está agujereada por tres sitios.
Qué cosa!
Comment by Barbarita — November 5, 2004 @ 4:40 pm
Barbarita:
Insisto, es una lástima que vivamos tan lejos!
Besotes.
Comment by Sonia — November 8, 2004 @ 10:49 pm