AfectosNovember 11, 2004 2:55 pm
Esta mañana he ido a desayunar, como de costumbre, a un barcito que hay muy cerca de mi casa. Los dueños del establecimiento son una familia encantadora que cada día me guardan el croissant más rechoncho que hace el pastelero (también vecino). Sirven el café con leche con más mimo de todo el barrio, y ahí están siempre cuando una los necesita.
Entre nosotros tenemos costumbres. Con la hija intercambio gráficos de punto de cruz, recetas de cocina, libros y películas. Con la madre: plantitas, semillas, cualquier cosa que tenga que ver con el jardín, y sobre todo muchas historias de cuando ella era joven y vivía en su pueblo.
Hoy he llegado al bar y he visto sobre el mostrador el calendario que les enseño en la imagen. Cada año compro un calendario que incluya las fases lunares (imprescindible) y algunas otras informaciones estacionales. No siempre elijo el mismo porque me gusta variar. El caso es que esta mañana cuando he visto el librito sobre el mostrador he abierto los ojos grandes, y he dicho algo parecido a:
—¡Carmen, ¿dónde has comprado esto, en el barrio?!
Y ella (la hija):
—Sí, en "La Papeli".
("La Papeli" es la papelería que tenemos más cerca).
Y yo:
—Uhhhh, ahora mismo voy a por uno.
Y ella:
—Es de mi madre, cada año quiere este mismo. Los tiene guardados todos desde hace la tira de tiempo. Le gustan mucho estas cosas.
—A mí también —le digo, y a la Carmen se le asoma una risilla incrédula—. Sí, nena, es que soy muy antigua.
A los tres segundos viene la Sra. Francisca y me planta el librito en las manos:
—Para tí, Barbarita. Te lo regalo. Mañana la Carmen me compra otro.
Lo mejor de que alguien a quien aprecias te regale un calendario, es que cada vez que lo consultas sientes el cariño que compartes con esa persona.