Bienvenida a casa, pequeña máquina incomprendida
Nadie se imagina lo necesaria e insustituíble que puede llegar a ser una máquina de imprimir, hasta el momento en que uno pasa seis meses sin ella.
Desde que tuve mi primer ordenador pude disfrutar de una impresora de inyección de tinta que era descomunalmente grande, hacía un ruido espantoso y vaciaba mi bolsillo cada vez que tenía que cambiarle el cartucho agotado. Pero qué quieren que les diga, para mí era tan importante como tener un reproductor de cd, una lavadora o una nevera. Es decir, imprescindible para mi vida diaria.
De repente un día, muchos años después, mi ordenador —actualmente con una maquinita Epson a color pequeña y silenciosa— decidió lanzar un mensaje similar al que sigue, cada vez que intentaba imprimir algo: "El programa ha efectuado una operación no válida y se cerrará". Y ya no se pudo reproducir más una factura. De súbito un documento ya sólo tenía vida dentro del pc. Una carta en papel era cosa de otra época. Los carteles para los conciertos de la banda de mi novio no se hicieron más de forma casera. Ni los flyers. Y lo peor de todo: soy una bruja de la vieja escuela (léase de cuando internet era sólo un proyecto de la NASA o de cualquier otra organización con siglas) y el Libro de Sombras lo quise, lo quiero y lo querré en papel SIEMPRE.
No crean que no intenté reinstalar, averiguar y radiodiagnosticar a la máquina. Lo hice, pero no conseguí nada. Al final, ya me había resignado a formatear el disco duro el día que me sintiera con valor de sacar una copia sensata de toooooooodo lo que vive adentro, y he aquí que ayer en un momento de inspiración divina, en un último intento por salvarme de semejante odisea, logré que funcionara de nuevo. No me pregunten por qué esta vez sí ocurrió el milagro y las otras 115 veces en las que en teoría hice la misma cosa, no. Son los grandes misterios de la informática.
Aún no puedo creerlo. No he dejado de imprimir pequeñas estupideces desde ayer a la tarde para asegurarme de que aún va. Y sí, va perfectamente (esperen, pruebo de nuevo)… sí sí, todo bien, todo en orden.
Pero los ingratos de esta casa en la que vivo no son capaces de alegrarse de que uno de los mejores perifericos del hogar esté de vuelta. Sólo se lamentan de que su programa de grabación por pistas no funciona, y de que ese no soy capaz de arreglarlo.
Así son los hombres, así de básicos. Pero me da igual, yo feliz con mi pequeña Epson a la que tanto extrañé en los últimos 180 días, y ella feliz conmigo.

Barbarita, acabo de estar en tu casita de dibujos.
¡Dibujás precioso, corazón!
Un beso grande.
Comment by La Romu — September 18, 2004 @ 7:09 pm