HistoriasMay 18, 2004 1:50 am

Una vez trabé amistad con un árbol. Un simple plátano de los miles que planta el ayuntamiento en los huecos para árboles que hay en las calles. Residía en una vía peatonal, cerca del mercado de Sant Andreu, y yo colocaba cada día a su lado mi paradita ilegal de pijamas. Como solía cansarme enseguida de estar allí firme, apenas lo dejaba todo listo me sentaba en el filo de su hueco y metía los pies adentro, tocando sus raíces.

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IrasMay 13, 2004 6:30 pm

Ayer noche sucedió una cosa en Crónicas Marcianas que por lo visto ha humillado, ofendido y sacado de sus casillas al "colectivo de discapacitados" de este país en pleno; como si no existieran motivos verdaderamente sangrantes para que uno se sienta molesto en esta vida, ahora resulta que tenemos que desviar la atención hacia las idioteces que pasan en la tele.

Por lo que parece, la exconcursante de Gran Hermano, Aida Nízar, en uno de sus habituales arranques de divismo, se acercó ayer al público durante el programa para recibir los silbidos y abucheos de una parte de la grada, y las muestras (pocas) de veneración hacia su persona por parte de la otra. El caso es que haciendo el paseíllo triunfal por el plató, Aida llegó hasta un chico que iba en silla de ruedas y éste, lejos de lo que ella podía imaginar en ese momento, no quiso besarla.

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Sin remedioMay 11, 2004 6:14 pm

Little Somerford (UK) - © Stefano Vandelli

Quisiera formar parte activa de esta escena alguna vez.
Ser una de esas pequeñas flores azules, el sutil espíritu que las anima. Y que viniera el señor que compuso esta foto y retratara mi vuelo, mi memoria a corto plazo, mis 400 años de vida y mi debilidad por las lágrimas.

Sin remedioMay 6, 2004 11:28 pm

Me gustan los cuentos para niños. Me gustan las ilustraciones. Me gustan las personas que escriben, dibujan y arman después un libro con todo ello.

Sin remedioMay 2, 2004 9:23 pm

Siempre me sentí pequeña en relación al mundo. No sólo por ser físicamente poca cosa y hablar mucho cuando nadie me pregunta. Me he sentido y me siento pequeña en una gran variedad de circunstancias y razones que se dan a diario. Las voy a enumerar y quizá después me sienta grande por ser capaz de atesorar tantas cosas que me reducen. Veamos.

Me siento un ser diminuto en el sentido de la imposición de ideas, en el sentido de la originalidad, en el de hacer bien las cosas, en el del buen gusto, en el de la elegancia, en el de la armonía (no concretamente en el de la armonía musical, sino en el de la armonía en general). En el de las relaciones familiares, en el de la cultura, en el del lenguaje, en el de los cuidados de la casa, en el de la paciencia, en el de la comprensión a mis mayores, en el de las discusiones idiotas, en el de la antropología, en el de la arquitectura. También en el sentido genérico de "estar en el mundo". En fin. No acabaría nunca porque el planeta es cercano a lo infinito y yo muy aficionada a coleccionarlo todo, casi como una infección vírica.

Sin embargo hay acciones y circunstancias que me hacen crecer, como por ejemplo regar mis plantas. Oler las rosas recién nacidas, ver como las fresas se vuelven cada vez más rojas y brillantes, tocar la lavanda con las yemas de los dedos, cuidar con mucho mimo de una pequeña esparraguera que compré el año pasado, proteger al acebo del sol. Respirar hondo. Comentar en blogs ajenos y esperar turno en la cola del supermercado.

Me doy cuenta de que mi reducción de tamaño tiene que ver casi siempre con todas aquellas cosas que no arrojan un resultado inmediato o que no están en vías de desarrollo práctico. Quizá me siento insegura y huérfana ante las rotundidades, las perfecciones o el artificio. En cualquier caso, ahí estoy analizándolo todo y anotándolo en este blog que, dicho sea de paso, me pone en una estatura media de más o menos una persona de diez años y para tratarse de mí, no está del todo mal.