AfectosApril 26, 2004 3:11 am

Nunca he visto a mi madre abrazar a nadie, nunca. Ni siquiera a mí. Jamás. De cuando era niña, lo máximo que llego a recordar en este sentido es subirme a su falda y echar unas risas con ella el día que cumplí siete años. «Siete años como siete soles», dijo en ese momento. Y supongo que fue de las pocas frases cariñosas que me ha dedicado en la vida, porque no recuerdo ninguna otra.

No es que mi madre no me quiera. Es, simplemente, que se hizo de poco en poco una persona dificil. Dificil de tratar, dificil de entender, dificil de explicar. Por eso cuando siendo adolescente me quedé embarazada, lo único que quería en el mundo era que mi hijo naciese de una vez y abrazarlo.

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Sin remedioApril 20, 2004 8:23 pm

Soy literal. Los dobles sentidos no se hicieron para mí. De hecho, ni siquiera sé lo que es un doble sentido si no es en referencia estricta y no figurada al de una calle en el código de circulación. Pero eso no me avergüenza. Soy así y convivo conmigo misma sin conflictos.

Intento mejorar. Yo sé que me pasan desapercibidos muchos detalles inteligentes e importantes en esta vida por no captar los dobles significados de las cosas ni de las frases hechas ni de los refranes, que según mi abuela siempre trabajan. Pero esta es mi genética y mi cultura. Simple, lisa, sencilla, sin más cera que la que arde ni artificio ni pliegue.

No es que me guste ser así, pero por más que hago, a mi alrededor siempre hay algo de lo que no me he dado cuenta y la mayor parte de las veces cuando lo comprendo ya es tarde. Pienso que de haber sido más astuta y relativa, seguramente mi lugar en el mundo hubiera sido otro. No digo más relevante, destacado o mejor. Digo, simple y llanamente, otro.

IrasApril 13, 2004 7:23 pm

Entro esta mañana en el bar al que voy a desayunar cada díay me encuentro con que el único taburete libre que hay está lejos del mostrador. Parsimoniosamente llego hasta él y empiezo a arrastrarlo con una mano mientras que con la otra agarro mis dos muletas y, haciendo malabares, me apoyo sobre una de ellas para poder avanzar de alguna forma.

Cuando esto sucede, siempre aparece el alma caritativa que viéndome en pelea con los trastos, coge el taburete y en un plis me lo traslada hasta la barra, evitándome el trabajo.

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AfectosApril 6, 2004 9:35 pm

A veces la memoria me parece un prodigio. Y muchas otras veces, me gustaría que tal prodigio llevara incorporado un sistema de control sobre sus propios efectos.

Puedo recordar el tacto de la mano de mi hijo cuando tenía seis años como si fuera ahora mismo. Era una manita pequeña y suave por las mañanas. Recién lavada, la apretaba fuerte entre la mía y nos dirigíamos al autobús casi corriendo, camino del cole. Otros días nos levantábamos un poco más temprano y entonces la caminata diaria hasta la parada era más tranquila y hacíamos crujir las hojas secas bajo nuestros pies. Y su manita era suave también en esas mañanas, pero entonces yo se la tomaba muy suelta, incluso se la dejaba de vez en cuando para que él saltara aquí y allá y pisara más hojarasca amontonada mientras subíamos. Puedo recordar esa manita y sentirla, y así vuelvo a tenerla junto a mi y eso me parece un prodigio.

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