IrasMay 5, 2008 12:04 pm

El sábado pasado vino a mi casa este hombre de aquí que es conocido de Xavi y a su vez amigo de esta mujer de aquí y que desde que ocurrió lo que ocurrió se empeñó en ir a visitarla cada semana a la cárcel.

A pesar de no ser amigo mío directamente, este chico, desde hace años, tiene la costumbre de llamar para contarme cómo le va, y ya en su momento me explicó que planeaba interesarse activamente por la vida de la parricida «ya que la sociedad da la espalda a estas personas».

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HistoriasApril 30, 2008 8:45 pm

Hace unas semanas estuvimos en un concierto de rock y a mi lado, entre el público, había un borracho.

Yo no sabía que estaba borracho. Yo sólo vi a un tipo que de pronto usaba una de las ruedas de mi silla como apoyo para sentarse en el suelo, muy cerca de mí. Tan cerca como si me hubiera agarrado del abrigo sin mirarme, sin mediar palabra, y se hubiera deslizado a lo largo de todo mi cuerpo y se hubiera colocado en el suelo pegado a mis piernas.

Ante esto sentí varias cosas, ninguna agradable, pero no dije nada.

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Sin remedioApril 27, 2008 9:45 am

Tengo un grave problema epistolar: no respondo los emails de la gente que me escribe. Lo siento. Quisiera responder, pero no lo hago porque no sé qué decir a lo que me cuentan… lo que no significa que no me interese, ya que muchas veces soy yo misma la que pide que me expliquen cosas.

Me gustaría que nadie se enfadara por ésto. Ya sé que es una práctica un tanto extraña, lo que pasa es que me siento incapaz de funcionar de otra manera. Fulano, ¿qué tal te fue ayer en tu primera clase de cocina?, pregunto, y cuando fulano me escribe y me responde con todo tipo de detalles, yo simplemente no vuelvo a referirme al asunto. Supongo, entonces, que fulano se cuestiona si es que no me llegó su respuesta, o si es que soy imbécil.

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Sin remedioApril 25, 2008 11:24 am

Mi casa es el más hermoso lugar del mundo. El lugar donde la luz del día entra a raudales por las ventanas, donde suena la música que más me gusta, donde conviven en armonía mis geranios, mi gato y mis muñecas, donde nadie viene a molestar a ninguna hora, donde los vendedores de líneas adsl son despachados con insultos poco graves y se convierten en la máxima anécdota de la semana.

Mi casa es el paraíso donde poder volverse niño o chiflado o las dos cosas al mismo tiempo, y nadie va a reconvenirte ni a decirte que haces mal. En mi casa se puede llorar por las noches con la mayor libertad y la menor culpa, porque ninguno de sus habitantes va a asustarse ya de las lágrimas ni del dolor ni de la desesperación.

A mi casa la separan muchos metros del suelo de la calle.

Mi casa es un castillo de cristal, una jaula blanca para aves exóticas en el último confín de un espeso bosque, al que nadie se asoma a mirar. Mi casa es el lugar donde envejezco sin ningún alboroto y donde el calendario que cuelga de la pared sigue siendo el de 2005, simplemente porque es bonito.

No le debo horas al tiempo, ni obediencia al orden ni sonrisas a la vida.

Me gusta mi casa. Me gusta de la misma forma incondicional con la que se ama a los padres cuando se tienen cuatro años y el mundo es nada.

HistoriasMarch 28, 2008 7:20 pm

Mañana me despertaré sin reloj y me levantaré sin pereza, como de costumbre. Llamaré a los niños después de haberles preparado el desayuno y les dejaré la ropa a un lado de la cama. Armando se vestirá solo con su cara de sueño, los ojos entrecerrados, y María me pedirá auxilio haciéndose la pequeña. Pero es que es pequeña.

A las nueve menos veinte subiremos al autobús y el conductor nos dirá cualquier frase amable mientras pasamos la tarjeta por la canceladora. Cuando ya estemos ocupando la última fila de asientos, Armando sacará el álbum de cromos y yo le haré prometer que no lo volverá a mirar hasta la hora del recreo. Me dirá que sí y continuará pasando hojas y señalando algunas estampas con el dedo. María, de pronto, se quejará por algo, por un picor en la pantorrilla izquierda o porque le tira la goma de las coletas. Ambas sabremos que con un mimo se le irá.

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Sin remedioMarch 20, 2008 7:55 pm

Odio los bailes de salón. Me da igual que quien los practique lo haga bien: es un estilo horrible. La música que los acompaña es igualmente horrorosa y hasta el vestuario que usan los bailarines es absolutamente vomitivo.

Los bailes de salón son algo aún más feo que el patinaje artístico, que en pequeñas dosis hasta puede resultar maravilloso ya sea por el sonido de las cuchillas sobre la pista de hielo o por cómo vuelan las falditas de las patinadoras a causa de la velocidad. Pero a los bailes de salón no hay por dónde cogerlos.

En cambio, adoro los cuentos de Raymond Carver. Y si ahora viniera algún desaprensivo a decirme que en sus ratos libres Raymond Carver era aficionado a los bailes de salón, no sólo no podría creerlo y me reiría con gusto en su cara, sino que me daría un colapso nervioso.

No hay nada en el mundo más diametralmente opuesto a la escritura de Raymond Carver que los bailes de salón. Y eso no hacía falta que yo lo dijera porque salta a la vista, pero lo digo porque no es bonito que los bailes de salón tengan un millón de veces más seguidores que los libritos de Raymond Carver.

HistoriasMarch 14, 2008 8:49 pm

Mi amiga Priscila tiene un hermano un poquito loco, creo que eso ya lo he comentado alguna vez. Pero no es un loco del que valga mucho la pena hablar. Es decir, es un loco etiquetado esquizofrénico, pero locuras, lo que comunmente se entiende por locuras, hace bastante pocas. Su hermana, sin embargo, se preocupa mucho por él y quisiera que Luis (o Lewis, como su madre de forma aristocrática lo llama) accediera a sacarse el carnet de minusválido o, dicho como se debe, el Certificado de Discapacidad.

Pero Luis dice que no, que él está perfectamente bien y que no necesita para nada que lo acrediten como discapacitado. Si le sirviera para que le diesen la tarjeta de aparcamiento, bueno, pero para desgravar a Hacienda, nada, porque no piensa hacer la declaración de la renta en su vida, si puede evitarlo. Así que Priscila, como se pone muy nerviosa con todo este asunto del hermano esquizofrénico que va por libre, algunas tardes sube a casa a contarme lo mal que percibe el panorama. Porque es que además, a la madre la acaban de jubilar y ahora la tiene todo el día metida en el piso dándole directrices respecto a los niños y al marido.

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